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La Fundación de Estudios Taurinos, un compromiso cultural con los toros

Fátima Halcón preside una tribuna de reflexiones sobre el rico universo de la tauromaquia

Fátima Halcón, en los tendidos de la plaza de la Real Maestranza.
Fátima Halcón, en los tendidos de la plaza de la Real Maestranza.

La trayectoria vital de la sevillana Fátima Halcón está estrechamente unida a la Real Maestranza de Sevilla: a la plaza y a la noble corporación propietaria del coso. Su padre era caballero maestrante, y de él heredó su porte y su acendrada afición a los toros. Siguió la tradición de la época, y en la capilla de la docta casa contrajo matrimonio y en sus señoriales salones celebró el convite.

Se licenció en Historia del Arte, se especializó en el Barroco, y al patrimonio artístico de la distinguida institución sevillana dedicó su tesina de fin de carrera; no satisfecha con ello, años más tarde presentó su tesis doctoral sobre la historia de la plaza de toros.

No es extraño, por tanto, que actualmente ostente la presidencia de la Fundación de Estudios Taurinos, que patrocina, cómo no, la Real Maestranza.

Rodeada de libros, en el local cedido a la fundación por el patrocinador, colindante con los tendidos, Fátima Halcón habla con pasión de enamorada de la Maestranza —“la plaza más bella y emblemática de la historia del toreo”—, de su afición —“me gusta el toreo de arte, pero también el toro-toro, el bravo y encastado, capaz de emocionarme”—, del momento de la fiesta —“ha vivido situaciones difíciles a lo largo de su historia a causa de decisiones de los poderes públicos, pero ahora es la sociedad la que la pone en entredicho”—, y de la labor que lleva a cabo la institución que preside.

“Muchos estamos comprometidos con la fiesta, pero cada vez somos más mayores”

“En el año 1989, un grupo de 25 personas, aficionadas todas y relacionadas con la universidad, el derecho, la medicina, la literatura y la política —entonces, había políticos a los que no les importaba definirse como taurinos— creó la fundación con el objeto de investigar y divulgar la fiesta de los toros de un ámbito cultural e intelectual”.

La presidenta es profesora titular de Historia del Arte en la Universidad de Sevilla y confiesa que aprovecha la materia para hablar de toros cuando la ocasión es propicia.

— “Es verdad que existe poco interés por los toros en el mundo universitario, y cuando ofrezco a los alumnos una línea de investigación sobre arte y tauromaquia, siempre hay alguien que se sonríe; pero yo hablo de toros cuando la asignatura se refiere a las fiestas desde la perspectiva del arte, y propongo que así lo investiguen en los trabajos de fin de grado o de máster”.

Puerta del Príncipe de la plaza de la Real Maestranza.
Puerta del Príncipe de la plaza de la Real Maestranza.

— ¿Y tiene usted éxito?

— Solo dos alumnos han aceptado el reto en los dos últimos años, lo que no está mal, y ahora dirijo una tesis doctoral titulada Estudio de la tauromaquia como una perfomance del arte contemporáneo, un tema realmente difícil.

No obstante, Fátima Halcón muestra su satisfacción por que “el equipo rectoral actual ampara el mundo de los toros, lo que no siempre ha sido así”; pero la frialdad que encuentra entre sus alumnos la suple con su labor en la Fundación de Estudios Taurinos.

“La Maestranza es la plaza por antonomasia, la más bella y la más emblemática”

“En 1993 nació la Revista de Estudios Taurinos, que se publica con carácter bianual, —se ha editado ya el número 41—, y aborda el estudio de la Tauromaquia desde la arqueología, la antropología, la ética, el derecho, la literatura, la música, la sociología, la historia, la filosofía, el arte, la genética y la zoología. Es una tribuna abierta de reflexiones sobre el rico universo de los toros”.

“Tres años más tarde —continúa la presidenta— vio la luz el primer volumen de la colección Tauromaquias, (dos libros por año hasta 2013, fecha desde la que solo se edita uno), otra iniciativa de la Fundación, dedicada a la publicación de textos antiguos o agotados y estudios de investigación o tesis doctorales que aborden algún aspecto sobresaliente de la tauromaquia”.

— Y todo se lleva a cabo con la ayuda de la Real Maestranza…

— Todo. Si la corporación suspende el patrocinio, desaparecemos.

Once personas componen el Patronato de la Fundación, pero son más de 40 las que forman el plantel de colaboradores habituales.

“Somos muchos los que estamos comprometidos con la tauromaquia, pero cada vez más mayores”, reconoce Fátima Halcón. “Todos estamos por encima de los 35/40 años, y no es fácil encontrar aficionados entre los jóvenes”. “Existe, además, un gran complejo en muchos sectores a la hora de reconocer públicamente la afición a los toros, especialmente entre los políticos, lo que me llama mucho la atención; en los años ochenta, destacados dirigentes de izquierda no tenían empacho en declararse taurinos, y ahora resulta que todos los aficionados somos gente de derechas, lo que no deja de resultar increíble”.

— ¿Cree usted que la fiesta está en peligro?

— Ha estado en peligro en distintas ocasiones a lo largo de su historia, pero el problema actual es que la sociedad se resiste a admitir la violencia en el ruedo. Educamos a los niños en que el animal es bueno por naturaleza y merece un tratamiento como ser humano; en consecuencia, la sociedad manifiesta un creciente rechazo hacia este espectáculo. Y eso puede ser mucho más grave que una prohibición política.

Fátima Halcón se ha especializado, también, en el estudio de las plazas de toros: la Maestranza, la de Ronda, la de Acho (Lima), la mexicana de Zacatecas…

“Pero la de Sevilla es el modelo, la más bella de todas, la más emblemática; la Maestranza es la plaza por antonomasia. Como edificio no tiene parangón. Está situada en el centro de la ciudad, pero en la periferia de la antigua muralla, como los anfiteatros romanos. Y tiene la singularidad de que no es completamente redonda porque durante su larga historia constructiva por falta de fondos (desde el año 1740 hasta 1881) se vio obligada a acomodarse a las viviendas de su entorno”.

— Y cada Domingo de Resurrección, con la ayuda inestimable de la corporación maestrante, —que se esmera en su cuidado y rehabilitación— se viste de largo y se muestra a los visitantes más joven y guapa…

— ¿Joven y guapa? La más lozana y la más guapa de todas, sin duda…

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