Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
COLUMNA

Serenidad

El activismo contra la violencia de género es necesario, pero el protagonismo cedido en los platós, inflama y atrinchera

Juana Rivas.
Juana Rivas. EFE

La intransigencia de una víctima de la violencia machista, María Salmerón, en el caso de Juana Rivas, la madre que huyó de Italia con sus dos hijos después de denunciar nuevos malos tratos de su marido, sentenciado en 2009 por violencia de género, es entendible porque su vida conyugal fue un infierno. Hace un año se libró de la cárcel gracias a un indulto del Gobierno. Había sido condenada en cuatro ocasiones por incumplir el régimen de visitas.

Menos disculpable es la decisión de Antena 3 de convocarla como una suerte de portavoz en el choque judicial y mediático que enfrenta a Rivas con el italiano Francesco Arcuri, su ex pareja y padre de los dos hijos en común. El calvario padecido por Salmerón interfiere en la construcción de un juicio sereno sobre una disputa que exige serenidad porque es compleja y, fundamentalmente, porque aboca a dos niños de tres y once años a un conflicto de lealtades.

“Yo ni siquiera voy a hablar con él. Me parece muy fuerte que se le de cobertura a estos individuos. Si Antena 3, Telecinco y todas las cadenas están haciendo una campaña contra la violencia machista, no entiendo cómo lo podéis sacar ahí”, dijo la sevillana en Espejo público. El individuo sobre cuyas declaraciones se le pedía opinión se había manifestado contra la estigmatización del italiano “porque este proceso lo hemos vivido muchos en primera persona. Antes de hablar nos hemos asesorado y hemos visto documentación”.

María Salmerón afirmó también que en los puntos de encuentro con los hijos, los trabajadores sociales y psicólogos “están absolutamente preparados para favorecer el contacto con el progenitor, con los maltratadores y abusadores". Tras su separación, denunció hasta en veinte ocasiones a su ex marido, siempre absuelto hasta su condena por maltrato psicológico.

El activismo contra la violencia de género es necesario, pero el protagonismo cedido en los platós a la ofuscación más que ayudar, inflama y atrinchera.