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EN POCAS PALABRAS

Laila Ripoll: “Le hubiera dado el Nobel a Valle-Inclán en vez de a Echegaray”

La dramaturga, ganadora del Premio Nacional de Literatura Dramática, ha llevado 'La judía de Toledo' de Lope a los principales festivales de teatro del verano

Laila Ripoll
Laila Ripoll

Laila Ripoll (Madrid, 1964) es una de las dramaturgas más destacadas del teatro español contemporáneo. Premio Nacional de Literatura Dramática en 2015, es también especialista en teatro clásico. Su puesta en escena de La judía de Toledo, de Lope de Vega, se ha podido ver en los principales festivales del verano.

¿Qué o quién le hizo querer dedicarse al teatro?

Las muchas, tempranas y apasionadas lecturas de Shakespeare, Oscar Wilde, Valle-Inclán y Bernard Shaw, y también muchas tardes viendo los ensayos de los Estudio 1 que hacían mis padres [la actriz Concha Cuetos y el realizador Manuel Ripoll.

¿Qué libro tiene en su mesilla de noche?

Suelo tener varios. En este momento alterno Tú no eres como otras madres, de Angelika Schrobsdorff, con El arte de volar, de Antonio Altarriba y Kim, y Los internados del miedo, de Montse Armengou y Ricard Belis.

¿Cuál es la última obra de teatro que le ha gustado?

La adaptación que hicieron Ángel Solo y Adolfo Fernández de En la orilla, de Rafael Chirbes.

¿Se ha salido alguna vez de una función?

Salir durante la representación nunca, por respeto al público y a los actores, pero no volver a entrar después del entreacto sí, varias veces.

¿Qué obra ajena le habría gustado escribir?

Muchas, muchísimas. Luces de bohemia, de Valle-Inclán, Roberto Zucco, de Koltès, La tierra, de José Ramón Fernández, Apres moi, le déluge, de Cunillé...

¿Hay que retocar mucho los clásicos para llegar al público del siglo XXI?

Depende del texto, pero en general creo que no. Hay que acortarl y sustituir palabras en desuso, pero no veo necesario retocar nada más para poder llegar al público contemporáneo.

Ganó el Premio Nacional de Literatura Dramática en 2015. ¿Ha cambiado algo su vida o su trabajo desde entonces?

La verdad es que no. Me dio mucha alegría y mucha moral, pero no ha supuesto más ni mejor trabajo ni ningún cambio en mi vida.

¿Qué canción escogería como autorretrato?

Qué difícil... Imagino que va por días y por épocas. He tenido temporadas en las que me he sentido muy identificada con el aria Mache dich, mein Herze, rein, de la Pasión según San Mateo de Bach, incluso escribí La ciudad sitiada a partir de esta pieza. Otras veces me identifico más con cualquier tema del disco Pearl de Janis Joplin o con el solo de batería de Moby Dick de Led Zeppelin.

Si no fuera dramaturga, ¿qué le gustaría ser?

Posiblemente médico.

¿Cuál es su película favorita?

No tengo una única favorita, aunque le tengo un especial cariño a Dies Irae, de Dreyer.

¿Qué está socialmente sobrevalorado?

La sinceridad, que la mayor parte de las veces solo esconde una arrogante y absoluta falta de respeto, empatía y educación.

¿Qué encargo no aceptaría jamás?

Me resulta muy arriesgado decir “de esta agua no beberé” de una manera tajante, pero a día de hoy, en mis circunstancias actuales, no aceptaría encargos que fueran en contra de las cosas en las que creo.

¿A qué dramaturgo le daría el premio Nobel de Literatura?

No es que sea un premio al que le tenga mucho respeto, pero se lo hubiera dado a Valle-Inclán en vez de Echegaray sin ninguna duda. Y a Samuel Beckett, Harold Pinter y Dario Fo se lo hubiese dado otra vez y las que hubiera hecho falta.