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puro teatro

T de Teatre: bodas de plata

La compañía de actrices estrena 'E.V.A'., una espléndida comedia dramática entre Robert Lepage y Neil Simon: éxito en ciernes

Carme Pla y Albert Ribalta, en una escena de 'E.V.A.'.
Carme Pla y Albert Ribalta, en una escena de 'E.V.A.'.

Se cumplen los 25 años de T de Teatre, una compañía de actrices que ha creado 10 espectáculos y representado 2.500 funciones, vistas por más de un millón de espectadores. Tras la línea brillante y sarcástica de sus primeros éxitos podían haberse dormido en los laureles y explotado la fórmula, pero optaron por arriesgarse a cambiar de tonalidades, autores y géneros: buscaron a Daulte para hacer Com pot ser que t’estimi tant, a Sanzol para Delicades y Aventura!, a Pau Miró para Dones com jo y a Ciro Zorzoli para Premis i càstigs. Su nueva entrega, E.V.A., acaba de llegar al Romea barcelonés bajo el marchamo del Festival Grec, y la firman Cristina Genebat, Marc Artigau y Julio Manrique, que también dirige la puesta, su tercer montaje de una temporada pletórica tras La treva, de Donald Margulies, y L’ànec salvatge, de Ibsen.

E.V.A. es una comedia con muy buen equilibrio entre humor y drama, compleja bajo su aparente sencillez; con diálogos ágiles, incisivos, atrapados con buen ojo y mejor oído, y en su centro, un misterio envuelto en silencio y una fuga fantástica. Si tuviera que resumir en una frase su tonalidad, diría que me recuerda un cruce entre Robert Lepage y Neil Simon (o Cesc Gay). También hay evidentes puntos de contacto con piezas anteriores del equipo, a caballo entre lo cotidiano y lo mágico, como Llum de guàrdia, que escribieron Julio Manrique y Sergi Pompermayer, o Santa Nit, de Cristina Genebat, dirigidas ambas por Manrique.

La función cuenta la historia de cuatro mujeres que estudiaron en el mismo colegio. Una de ellas fue víctima, por acción u omisión, de las demás. En el presente, y resumiendo mucho, digamos que Àgata (Àgata Roca) es una actriz que en vísperas del 25º aniversario de su compañía sufre un bloqueo que le impide cantar y recibe la noticia de que su madre ha escapado del geriátrico. Paloma (Marta Pérez) es una anestesista que viaja a Estocolmo, donde recibirá una sorprendente declaración y descubrirá una profunda verdad sobre sí misma. Clara (Carme Pla), profesora de historia en excedencia, angustiada por la inminente partida de su hija, quiere poner orden en su vida. Lola (Rosa Gàmiz), vendedora de pisos, madre de gemelos, anhela cambiar literalmente de piel y vive en continua agitación porque ha dejado escapar sus ilusiones. Y Eva (Carolina Morro), hija de Clara, es el futuro, contemplado sin cinismos ni tópicos. El título, obviamente, alude a ella, pero también es el acrónimo de Escala Visual Analógica, el sistema utilizado en medicina para medir el grado de dolor que puede experimentar un paciente.

Es una comedia con muy buen equilibrio entre humor y drama, compleja bajo su aparente sencillez, con diálogos ágiles e incisivos

Los personajes masculinos, contemplados con notable afecto, cumplen el rol de insólitos guías: Jordi Rico interpreta a Pius, empleado del geriátrico y ornitólogo aficionado, y a Adam, traductor e intérprete. Albert Ribalta es Àngel, un coach, y Yoshiro, un especialista en reorganización existencial. Ambos actores los sirven con muy fino humor y riqueza de matices.

La comedia no ha de ser fácil de armar, con sus continuos cambios de tono y de escenarios, pero la dirección es imaginativa y tiene muy buen ritmo, apoyada en la escenografía de Alejandro Andújar, una caja de madera clara que alberga todos los lugares, muy bien iluminados por Jaume Ventura, con una elegante banda sonora de Marco Mezquida.

Àgata Roca borda una criatura sobrepasada, frágil y próxima al estallido, pero sin rozar nunca la farsa o el exceso de aceleración y cuajando faenas redondas (mi favorita: el diálogo sobre canciones y pájaros con Jordi Rico). Rosa Gàmiz da muy bien la energía neurótica de Lola y consigue con humor hacer próximo a un bicho considerable: Neil Simon, a quien citaba al principio, hubiera aplaudido sus diálogos. Están admirablemente montadas las dos cenas paralelas, con claves y ritmos distintos, entre Lola y Àngel en Barcelona (comedia y tensión) y Paloma y Adam en Estocolmo (crescendo de subtextos). Marta Pérez es la pura contención y ha de lidiar con que la peripecia de Paloma roce un tanto lo inverosímil. Carme Pla defiende con poderío a Clara, el personaje más espinoso, culminando su dibujo con otro pasaje memorable: la llamada telefónica a su hija. Clara y el misterioso Yoshiro protagonizan la “parte Murakami”, uno de los episodios más sugestivos, que desemboca en una fiesta que quizás requiera ajustes: el vídeo de Francesc Isern, cámara en mano, dificulta un poco la percepción de lo que sucede, importante argumentalmente. Eva, encarnada con delicada naturalidad por Carolina Morro, no tiene sombras, pero es un reactivo que detona los conflictos de Clara y Lola. Un aplauso también para la breve aparición filmada de Mamen Duch, “socia fundadora” de la compañía, y la veteranísima Carme Fortuny, a quien me gustaría ver más en nuestros escenarios. E.V.A. puede funcionar de maravilla.

‘E.V.A.’, de Marc Artigau, Cristina Genebat y Julio Manrique. Dirección: Julio Manrique. Intérpretes: Rosa Gàmiz, Carolina Morro, Marta Pérez, Carme Pla, Albert Ribalta, Jordi Rico, Àgata Roca. Teatro Romea (Barcelona). Hasta el 6 de agosto.