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arte / proyectos

El modelo e-flux

E-flux es un proyecto multiforme y mutante, uno de los acontecimientos más relevantes del arte contemporáneo de la última década. Hablamos con sus creadores

Julieta Aranda y Anton Vidokle, creadores de e-flux.
Julieta Aranda y Anton Vidokle, creadores de e-flux.

Es difícil definir de manera sucinta qué es e-flux. Lo confiesa hasta el propio creador, el artista Anton Vidokle, que en 1998 puso en marcha una plataforma de comunicación que pronto se convirtió en un referente absoluto en el mundo del arte. El proyecto es conocido como un servidor de distribución de información de las novedades expositivas a escala planetaria. Sí, un canal de publicidad y un juego con el mercado: hay que pagar para anunciarse, pero no para recibir ese anuncio. Algo que se combina con una serie de proyectos paralelos entre los que destacan la revista online e-flux journal. Todo nació de una exposición de varios artistas y de sólo 12 horas, The Best Surprise is not Surprise, en el Holiday Inn de Chinatown de Manhattan, y de un envío por e-mail. Y a partir de ahí, todo se lió: “Al principio –explica Vidokle- era básicamente una lista de correo enviada de manera circunstancial: quería invitar a la gente a aquella pequeña muestra que hice con algunos amigos en la habitación de un hotel en Nueva York. No teníamos presupuesto, así que empecé a utilizar el correo electrónico, que era la manera más simple de distribuir el programa. Nunca esperé que este sencillo gesto se convirtiera en este proyecto tan complejo y multidireccional”.

Hoy cuesta imaginarse el arte sin e-flux. La suya parece una forma indisciplinada de conocimiento que pone en cuestión constantemente qué es el arte contemporáneo. Empezó como una simple lista de correo electrónico, pero con los años se han ido sumando variantes, ideas y formatos: una revista, un proyecto de arte, una empresa, un espacio de exposiciones, un enfoque educativo... Su singularidad pasa por cambiar de forma, ubicación y naturaleza al instante, a medida que fluyen sus intereses. No hay patrones, ni reglas, ni coleccionistas asociados, ni agentes institucionales, añade Vidokle, y el grado de libertad es total. En su primer año, e-flux fue invitado a presentar un proyecto en Arco y ArtBasel. En cinco años la expansión fue tal que abrió su primer espacio público en el Lower East Side al tiempo que se incorporaba al proyecto otra artista, Julieta Aranda, para seguir indagando en el lado más experimental del programa.

Ambos viven entre Berlín y Nueva York, y entre ambas ciudades tiene lugar esta conversación. “Realmente no es fácil definir lo que hacemos —explica Aranda—. Me doy cuenta de la compleja naturaleza de e-flux cuando intento explicársela a personas como mi madre o los funcionarios de las aduanas, por ejemplo. Por extraño que parezca, no tener una línea de definición de e-flux es lo que nos define y lo que nos permite crecer y cambiar la forma del proyecto a medida que avanzamos. Y eso va en función de nuestras necesidades y nuestro tiempo. Uno de los aspectos centrales de e-flux es que siempre han sido determinantes los artistas. Aunque ahora implique a muchas gente, sigue siendo una propuesta experimental en la distribución de la información, sin un modelo de negocio fijo”.

Hagan balance. ¿Cómo ha cambiado e-flux en estos casi 20 años? ¿Cómo ha sido esa evolución?

ANTON VIDOKLE. Ha cambiado en muchos sentidos. Pronto se ramificó en varias direcciones que soy muy importantes para nosotros, por ejemplo las publicaciones. Tenemos varias series de libros en curso, sobre arte y teoría, que recogen textos muy diversos también, desde los más contemporáneos hasta ensayos históricos e incluso literatura de ficción. Ha habido un gran número programas, actividades y proyectos, incluso con el tiempo también nació e-flux journal, una revista mensual en formato PDF colgada en nuestra web. Y en septiembre estamos planeando abrir un bar en Brooklyn. Aunque, pese a esa deriva, e-flux siempre se ha mantenido fiel a una misma línea: sigue siendo algo intuitivo e improvisado. No es una institución y definitivamente no es un negocio. No tenemos un mandato, ni plan de planificación u objetivos concretos, ni en términos de ingresos ni de lectores o popularidad. Por ejemplo, publicaríamos la revista aunque sólo fuera leída por algunas personas. Organizaríamos conferencias y simposios aunque sólo vinieran diez.

Biblioteca de Marta Rosler en Stills Gallery.
Biblioteca de Marta Rosler en Stills Gallery.

JULIETA ARANDA. e-flux ha crecido respondiendo a nuestra propia curiosidad, especialmente pensando en la edición y la idea de exposición, y también como respuesta al propio clima del arte contemporáneo. Hemos pasado de distribuir información de otros a crear la nuestra, y eso ha sido un proceso orgánico. Como señala Anton, no tenemos un plan de negocios ni un objetivo con los números, ya que probablemente se antepondría a lo que realmente nos importa. No somos muy estratégicos en ese sentido, algo que a la larga ha sido bueno, ya que nos da mucha libertad en ese campo que hemos elegido: la comunicación por internet. Es curioso, porque a veces la gente asume que hace 18 años ya sabíamos en qué se convertiría e-flux y, afortunadamente, no ha sido así. Si hubiéramos intentado vislumbrar el alcance de las actividades de e-flux cuando empezamos estaríamos paralizados por la magnitud del proyecto.

e-flux es un modelo editorial híbrido que reformula completamente la idea de distribución de la información. ¿Cómo es el método de trabajo? ¿Y la estructura interna? ¿Cómo deciden los contenidos?

A. V. La mayor reformulación ha sido el cambio de impresión a Internet, y el hecho de que puedes hacer que las ideas estén disponibles para cualquiera de manera simultánea en todo el planeta. En el campo del arte, antes había unos cuantos nodos a través de los cuales circulaba la información: principalmente, revistas impresas. Ahí es donde nos enterábamos de los últimos acontecimientos del arte. El problema era que estas publicaciones filtraban la información en función de una política editorial e ideológica local, atendiendo de manera especial lo que tenían cerca por encima de lo que pasaba en otros lugares. Puesto que esas revistas estaban en Nueva York, Londres u otros grandes centros, se creó una percepción muy distorsionada de lo que ocurría, y eran las mismas instituciones las que recibían toda la atención. En ese sentido, una de las cosas más importantes del éxito del modelo e-flux es que ofrecimos información directamente a los lectores de todo el mundo en un momento en que el mundo del arte se estaba expandiendo de manera radical, global, más allá de lo que las publicaciones podían cubrir.

J. A. La idea de nivelar el campo de juego siempre ha sido muy importante para nosotros. Tanto Anton como yo venimos de lugares bastante periféricos, él nació en Moscú y yo en México, por lo que en el inicio de e-flux estuvo poner a disposición esas otras voces y eventos artísticos que de otro modo quedarían en los márgenes. Con el tiempo, pasó otra cosa importante: la mayoría de revistas que se imprimían en papel emigraron a plataformas digitales. En e-flux, al ser una plataforma online desde el origen, hemos podido hacer cambios rápidos en tiempos cortos, y disfrutar de la inmediatez y la circulación que ofrece la red. La toma de decisiones interna, ahora con Brian Kuan Wood en el equipo, es también algo orgánico y sensible a la opinión de los escritores y pensadores con los que trabajamos, y con los que hemos desarrollado lazos muy estrechos.

¿Cómo separan e-flux como plataforma publicitaria de e-flux journal como plataforma de pensamiento? ¿No hay conflicto de intereses?

A. V. No hay mucho de coincidencia. e-flux journal no reseña exposiciones y la mayor parte de los contenidos son más una herramienta de ‘inspiración’ para los artistas que una reflexión crítica del arte actual. No es una publicación de historia del arte, ni está centrada en la crítica de arte. Hace diez años nos dimos cuenta que los relatos en las artes han cambiado mucho debido a la dispersión interdisciplinaria y geográfica, y los artistas hoy piensan y hablan de otras cosas. Así que lo que tratamos de hacer fue crear un foro para estas nuevas narraciones donde conectar muchas disciplinas, como la política y la filosofía, la planificación urbana y la teoría del cine, la antropología y la informática. En su conjunto, estos discursos reflejan el tipo de intereses que se están sucediendo en el campo del arte actualmente.

J. A. Los anuncios y la revista tienen modos diferentes de circulación, por lo que a pesar de que en última instancia están llegando al mismo número de lectores no hay confusión entre ellos. Con e-flux journal, una de las cosas más importantes es generar pensamiento crítico. Aunque no estemos formados académicamente para ello, hemos creado condiciones donde poder tener un impacto en el discurso actual. Y esto es importante porque cambia nuestra posición como consumidores de teoría a productores de ésta.

Hilemos más fino y cuéntennos qué es lo que singulariza a e-flux journal.

J. A. e-flux journal no es una revista de arte en el sentido tradicional, sino que está centrada en el campo filosófico y de investigación que rodea al arte. Siempre hemos evitado que el acceso de este tipo de textos sea de pago, algo que ocurre en publicaciones académicas, con precios prohibitivos para el lector habitual. Nuestro compromiso es el de proporcionar acceso gratuito a este tipo de discurso, algo que hace que hace que e-flux journal se diferencie de otras publicaciones.

El modelo e-flux

¿Es e-flux paradigma de un mundo globalizado e hiperconectado?

A. V. Sí. Por supuesto, somos muy conscientes de las críticas a la globalización y la hiperconectividad. Sin embargo, no me gustaría caer en la situación de que para tener éxito un artista debía ser alemán, francés o español y preferiblemente hombre. Y considerando el auge del nacionalismo, el localismo y el populismo que estamos viviendo socialmente hoy, espero sinceramente que la comunidad artística no caiga en esos mitos.

J. A. Aunque empezó a finales del siglo XX, e-flux es un proyecto del siglo XXI. Creo que optamos por promulgar los aspectos positivos de la conexión y las comunicaciones globales, mucho más en un sentido de internacionalización que de globalización. En este punto no es posible retirarse a sueños aislados. Para bien o para mal estamos todos juntos en esto... y es importante comprender esta conexión en positivo, ya que hace que todas nuestras acciones tengan efectos y no queden en el vacío.

¿Qué importancia tiene la creación artística en todo el proyecto?

A. V. El lado artístico es vital y es lo que distingue a e-flux de la mayoría de plataformas artísticas. En cierto modo, hubo cierta confusión sobre si e-flux era un proyecto artístico o no, y mucha gente nos trasladó ese tipo de preguntas. Lo importante es que desarrollamos e-flux utilizando la metodología artística, que es algo muy diferente al enfoque más institucional o emprendedor. Eso nos ha permitido dar muchos pasos. El pensamiento artístico es un proceso no lineal que a veces permite reconocer respuestas incluso antes de que las preguntas sean articuladas y actuar sobre ellas. De este modo, nuestro trabajo en e-flux no es muy diferente de todo lo que hacemos como artistas. Por otro lado, en e-flux pensamos en la idea de producción de otro modo, no en la habitual. Es como una piedra preciosa en su propio entorno: no requiere de marco institucional, de un contexto galerístico o de un contexto teórico o crítico que la sustente, ya que lo produce todo por sí misma. En otras palabras: elimina los canales tradicional de difusión y llega directamente al público artístico. Y eso es algo inusual en el actual sistema del arte.

J. A. Anton y yo somos artistas, así que siempre ha habido un enfoque muy intuitivo, y a veces casi lúdico de nuestras actividades. E-flux no es una obra de arte, sino un lugar en el que nuestras posiciones artísticas entran y salen según sea necesario. Hemos ampliado el número de personas que trabajan en e-flux y hay otros artistas con nosotros, un tipo de visión que es una de nuestras principales herramientas en la toma de decisiones.

¿Y qué valor le dan a la crítica? ¿Dónde está actualmente?

A. V. Personalmente, siento que la crítica de arte está en declive. Aunque tuvo un momento importante en el discurso artístico, ahora se ha vuelto bastante formulista y académica. Hay, claro, una especie de crítica de arte populista, un reseñismo, que no es nada interesante. Cuando empezamos e-flux journal esperábamos publicar ensayos críticos sobre el arte, pero para ser honestos, no pudimos encontrar uno de esos textos lo suficientemente interesante como para publicarlo, así que tomamos la otra dirección que explicaba antes. Es desconcertante. Espero que la crítica de arte pase avive y vuelva a ser relevante pronto. Aunque ahora mismo no parece que sea algo urgente.

e-flux es uno de los proyectos que más abandera el nuevo dominio .art, dedicado exclusivamente a las artes y la cultura. ¿Qué papel juega exactamente el nuevo dominio? ¿Qué supone el cambio?

A. V. Técnicamente hablando todavía no hemos cambiado nuestra dirección web, aunque hemos registrado e-flux.art y tenemos un contenido básico en la nueva dirección. La campaña está dirigida por una compañía británica llamada UKCI (UK Creative Ideas Limited), fundada por Ulvi Kasimov, que nosotros asesoramos dada nuestra experiencia en el campo online. Tener un dominio propio para el arte puede ser un avance muy positivo: artistas y organizaciones pueden obtener direcciones que reflejen claramente su afiliación artística y eso debería facilitar la conexión entre unos y otros. También supone un cierto reconocimiento de que el arte no es menos importante que .bix o .info o .net, y que puede funcionar como su propio identificador. Lo que hay que ver es si este nuevo identificador será popular entre la comunidad artística. El famoso comentario de Andy Warhol de “si parece arte, probablemente no lo es...’ es indicativo de un cierto deseo en el arte de escapar del arte, por lo que esto hay que tenerlo en cuenta...

Uno de los caminos por los que más han indagado es el educativo, con conferencias, seminarios, talleres, etc. ¿Cuál es su idea sobre educación artística?

A. V. Sí, una de las salidas más prolíficas de e-flux hasta ahora ha sido en forma de simposio de todo tipo, proyectos de escuelas experimentales, conferencias y el ensayo de otros formatos alternativos. Estamos en un momento en que pensamos mucho en eso dada la abrumadora alud de falsedad, información falsa y todo tipo de cebo engañoso que engulle el contexto cotidiano. Es muy importante para el campo del arte articular resistencia a eso. Los acontecimientos recientes nos han hecho pensar de nuevo sobre lo que significa comunicarse en un estilo claro y directo. Nos criaron para creer que lo más importante era ser abiertos y aprovechar todas las oportunidades para valorar cada acierto. En nuestra dinámica, los argumentos se convierten en notas, los diálogos en conversaciones y las lecturas en entrevistas. Ahora tenemos curiosidad por saber qué significa caminar en dirección opuesta, volver a un lugar donde quizás sea más fácil localizar cualquier problema. Cuestionar las convenciones con honestidad. Nos interesa descubrir los protocolos de la verdad del siglo XXI, suponiendo que todavía exista.

Hay muchos y diversos proyectos en e-flux, como el video rental, Martha Rosler Library, United Nations Plaza, Time/Bank, Agency for Unrealized Projects... ¿Qué debe tener un proyecto para que les interese?

J. A. Todos están conectados el mismo interés, comprender los mecanismos de producción y circulación del valor artístico y la forma en que eso funciona en el espacio público. Todos estos años han sido una progresión, desde la Biblioteca de Martha Rosler a la agencia de proyectos no realizados, donde ha habido momentos en que los proyectos han tenido que existir para poder dejar claro nuestro modo de pensar. Cada proyecto tiene un nivel de precisión alto que también nos ayuda a avanzar como plataforma más global. Nos involucramos mucho en ellos, son ejercicios colaborativos con una compleja lógica interna y también desgastan bastante, por lo que ahora estamos haciendo este tipo de colaboraciones cada dos años.

A. V. Por lo general, ocurre de manera muy informal. Por ejemplo, con la Biblioteca de Martha Rosler. Ocurrió que un día nos dijo que tenía tantos libros en su casa que le resultaba difícil moverse, así que le sugerimos que nos los prestara para hacer una biblioteca con ellos. Son 7.700 en total. Algo similar ha pasado con proyectos como e-flux video rental o la mayoría de proyectos: aparece algo que desencadena el deseo de hacerlo. En global, hay proyectos muy diversos, tanto formalmente como de contenido, pero algo que tienen en común es el interés por la circulación y distribución de ideas.