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REPASO AL 2016: TEATRO

Mis diez favoritos

De 'La respiración', de Alfredo Sanzol, a 'La cocina', de Arnold Wesker. El año 2016 deja una excelente y variada cosecha teatral

Israel Elejalde, en la versión que Miguel del Arco ha hecho de Hamlet.
Israel Elejalde, en la versión que Miguel del Arco ha hecho de Hamlet.

Apunté lo que más me había gustado del año que termina y sumaba (no exagero) 45 espectáculos. Imposible, no me caben, me quedaría una lista de nombres. Así que vuelvo a lo clásico: mis 10 favoritos. Meto los 45 en un sombrero, agito, y esto es lo que ha salido. Por orden de aparición…

La respiración (Teatro de La Abadía, Madrid).

Una comedia tocada por la gracia sobre el abandono, la pérdida y la resurrección. Estructura levísima y a la vez férrea, más sofisticada de lo que parece: Alfredo Sanzol en estado puro. La espléndida Nuria Mencía es Nagore, esa “náufraga en su propia cama”, a la que secundan de maravilla Gloria Muñoz (y Verónica Forqué, en gira), Camila Viyuela, Pietro Olivera, Pau Durà y Martiño Rivas.

Hamlet (Teatro de la Comedia, Madrid).

Buen año para Miguel del Arco; cine (Las furias); la explosiva Noche de las tríbadas ahora, en el Pavón, y la pasada primavera, Hamlet, en la CNTC. Un carrusel de sombras de gran potencia onírica, con un descomunal Israel Elejalde, un príncipe ingenioso, atormentado, psicópata y burlón, como está mandado. Y una amarga Gertrudis (Ana Wagener), una sensual Ofelia (Ángela Cremonte) y un encanallado Polonio (José Luis Martínez).

Dansa d’agost (Teatre de la Biblioteca de Catalunya).

Aquí están de nuevo, eternos como en una foto. Verano de 1936, en Ballybeg. El niño Michael (Albert Triola), la alegre tía Maggie (Marta Marco), la matriarcal tía Kate (Mónica López), la enamorada tía Chris (Carlota Olcina), el seductor Gerry Evans (Òscar Muñoz), la silenciosa tía Agnes (Nora Navas), la dulce tía Rose (Màrcia Cisteró) y el enigmático tío Jack (Ramon Vila). Dancing at Lughnasa, la obra maestra de Brian Friel, en una preciosa puesta de Ferran Utzet.

Tierra del fuego (Naves del Matadero, Madrid).

El dramaturgo argentino Mario Diament abordó el conflicto israelí-palestino y Claudio Tolcachir firmó un montaje que se seguía con tensión y un nudo en la garganta. Alicia Borrachero era Yael, la azafata que quiere conocer los motivos del terrorista Hassan (Abdelatif Hwidar) que atentó contra ella. Estupendo elenco, en el que también destacaban Ilán (Tristán Ulloa), el marido de Yael, y Gueula (impresionante Malena Gutiérrez), la madre de una de las víctimas.

El preu (Teatre Goya, Barcelona).

El último éxito de Arthur Miller y quizá su obra más chejoviana, equilibrada, profunda y conmovedora. La reunión de una familia al borde del derribo. Viejas heridas, abiertas de par en par. Ilusiones perdidas, existencias atrapadas. Gran montaje, con perfume de Broadway (y éxito del festival Grec). Sílvia Munt dirigió espléndidamente a cuatro ases: Pere Arquillué, Rosa Renom, Lluís Marco, Ramon Madaula. Alta precisión y verdad humana, palpitante.

Incendios (Teatro de La Abadía, Madrid).

Una saga, una indagación, una gran tragedia, con ecos de Shakespeare y Lepage. Una de las cumbres de ­Wajdi Mouawad y un montaje ejemplar de Mario Gas. Ramon Barea, pura humanidad. Carlota Olcina, Álex García, Laia Marull, Lucía Barrado: intensos conflictos. Y Alberto Iglesias, lidiando con seis roles. Y Edu Soto, joven amante y bestia infernal. Y Núria Espert: punto y aparte. Lo que hace en la escena del juicio es imposible de olvidar.

La quinta del biberó (Lliure, Barcelona).

Tras su programa doble de Eduardo de Filippo (A teatro con Eduardo), Lluís Pasqual ha evocado uno de los episodios más terribles de nuestra guerra: la leva de adolescentes enviados a morir en el frente del Ebro. Objetivo cumplido: devolverles la voz (y el terror, y el coraje, y el anhelo) a aquellos muertos. Trenzando historias reales, entre el documento y el homenaje, el espectáculo construye prodigiosamente. Seis jóvenes y poderosos actores: Eduardo Lloveras, Joan Solé, Quim Àvila, Enric Auquer, Joan Amargós, Lluís Marquès. Y bellísima música.

Historias de Usera (Kubik/Matadero, Madrid).

Auténtico teatro popular: un equipo de dramaturgos (Sanzol, Despeyroux, Padilla, Del Arco, entre otros) pusieron por escrito crónicas y leyendas del barrio madrileño de Usera, con la colaboración en escena de vecinos del lugar y actores profesionales, a las órdenes de Fernando Sánchez-Cabezudo. A destacar, entre muchos, los trabajos de Huichi Chiu, Pilar Gómez, ­Inma Cuevas y José Troncoso. Un viaje que va de las tertulias nocturnas a las aventuras vampíricas. Un logro colectivo: divertido, emotivo, épico.

El perro del hortelano (Teatro de la Comedia, Madrid).

Lope anticipando a Marivaux: elegancia formal, turbiedad de fondo. Una comedia con ritmo de musical, ambientada en el Nápoles dieciochesco, bajo la batuta de Helena Pimenta. Ritmo, donaire, complejidad. Tres grandes trabajos: la volcánica Marta Poveda (Diana), que hace vulnerable a un ave rapaz; Rafa Castejón (Teodoro), un orfebre disfrazado de artesano, y Joaquín Notario (Tristán), un pícaro oscuro y fabulador.

La cocina (Teatro Valle-Inclán, Madrid).

Una proeza: levantar de nuevo, en estos tiempos famélicos, el drama épico de Arnold Wesker, crónica de los afanes de los trabajadores de un restaurante que sirve 1.500 comidas al día. Sergio Peris-Mencheta y su equipo (26 formidables y entregadísimos intérpretes, y otros tantos técnicos) lo han conseguido. Todo es aquí apabullantemente perfecto: la modulación de tensiones y afectos, la gestualidad minuciosa, los crescendos. Y la escenografía, una máquina feroz, de Curt Allen Wilmer.