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Barra libre al entretenimiento, pero de casa y vigilado

Telenovelas, concursos y variedades reinan en el país asiático, pero el Gobierno limita los formatos importados

Anuncio del programa 'Running Man ' de China.
Anuncio del programa 'Running Man ' de China.

El entretenimiento es la base de la parrilla televisiva china. Los centenares de canales del país nutren su programación de telenovelas, concursos de talentos y cada vez más telerrealidad, para la delicia de sus decenas de millones de espectadores. Los chinos son seguidores acérrimos de culebrones y los jóvenes abrazan con entusiasmo nuevos formatos procedentes de otros países, por lo que las autoridades han limitando el número de estos espacios, al entender que son una puerta de entrada de valores occidentales en China.

Este supuesto caballo de Troya procede principalmente de Corea del Sur, el gran exportador cultural de la región. Uno de los mayores éxitos del año es la versión doméstica de Running Man, en la cual siete celebridades chinas tienen que superar varios retos de forma individual y conjunta. El programa atrae a la audiencia más joven porque les permite ver a sus ídolos cantando, bailando o haciendo pruebas físicas. La edición es esencial, con efectos de sonido e imagen y rótulos de infinitas formas y colores. Los doce episodios de la temporada acumulan 1.600 millones de visitas en las plataformas en línea del país y son un fenómeno en redes sociales.

Otros formatos como el concurso musical La Voz o telenovelas como Tú, que viniste de las estrellas (producción surcoreana que se basa en el amor entre un extraterrestre y una temperamental actriz) se han convertido en éxitos. El culebrón acumula más de 3.000 millones de visitas —más de dos veces la población de China— gracias a la receta perfecta de una historia de amor imposible.

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A raíz de estos éxitos, China decidió recientemente restringir la emisión de programas de televisión que repliquen los formatos de otros países para “fomentar la innovación y la programación con características culturales chinas” en los canales del país, según el regulador. Ahora, todos los espacios extranjeros deberán someterse a la aprobación oficial y su tiempo en el horario de máxima audiencia se verá mermado de forma significativa.

Mientras los jóvenes consumen estos nuevos formatos, los más veteranos siguen enganchados a lo que siempre ha funcionado: los culebrones hechos en casa. Los chinos ven una media de 52 minutos de telenovelas. Los entresijos de los emperadores (y especialmente los de sus concubinas para ganar poder) dentro de los muros de la Ciudad Prohibida tienen encandilada a gran parte de la población femenina, mientras que los hombres se inclinan por las series históricas sobre las conquistas de grandes guerreros o las que se desarrollan durante la guerra contra los japoneses o contra el Kuomintang. Son producciones de fuerte carga política que ensalzan el papel del Partido Comunista como salvador de la patria.

Algunos programas traspasan esta fuerte dualidad de la audiencia y atrapan tanto a jóvenes como a mayores. Super Brain, que pone a prueba la memoria y capacidad de cálculo, o Weirdos Say, un programa de debate con personalidades extravagantes que discuten desde lo estrambótico (¿podrían los humanos enamorarse de los robots?) a temas candentes en la sociedad (¿debería permitirse la eutanasia?) son algunos ejemplos. Los programas de cocina, los que enseñan a identificar productos frescos y de buena calidad —en China los escándalos alimentarios están a la orden del día— o los que examinan las relaciones familiares son también populares. Uno de los últimos éxitos, por ejemplo, aconseja a nueras y a suegras sobre cómo lidiar una con la otra.

Los niños, fuera de las pantallas

Baba qu nar?, en español ¡Papá! ¿dónde vamos?, fue cancelado de forma fulminante el pasado abril a pesar de haberse convertido en uno de los programas de mayor audiencia del país en los últimos años. El espacio, basado también en un formato surcoreano, juntaba a varios famosos chinos con sus hijos pequeños y los llevaba a distintas partes del país, donde debían superar retos de forma conjunta.

El espacio tuvo éxito por la espontaneidad de los niños y porque permitía a la audiencia ver a sus ídolos en situaciones mundanas. El tono era divertido, pero no faltaban los llantos ni las confesiones a cámara de los padres, muchos lamentándose por no poder dedicar más tiempo a sus vástagos debido a sus compromisos profesionales.

El programa fue suspendido cuando las autoridades anunciaron la prohibición de que menores de edad, especialmente familiares de famosos, aparezcan en programas de telerrealidad. "Se trata de evitar que la infancia sea víctima de la fama instantánea", justificó el ente regulador de la televisión.

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