Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Los Rockcampers de ‘¡Boom!’ o cómo hacer historia en la televisión

Los ganadores del mayor premio dado por un concurso televisivo en España ya piensan en su vuelta al trabajo

Ganadores de Boom
Los Rockcampers, en el momento en que ganaron el bote de '¡Boom!'.

“¿Qué filósofo de la antigüedad es conocido por sus Diálogos, protagonizados por Sócrates?” A la segunda y cuando restaba algo de tiempo, los Rockcampers dijeron la última respuesta de la bomba final de ¡Boom! Era Platón. Con él, los cuatro miembros del equipo se convirtieron el miércoles en los ganadores del mayor premio que jamás ha entregado una cadena televisiva en España. Lo dio el programa que presenta cada tarde Juanra Bonet en Antena 3 en su entrega más vista desde que arrancase hace casi dos años. La victoria de Rockcampers fue seguida por 2.022.000 espectadores (un 20,3% de cuota de pantalla).

Los cuatro componentes del equipo (Javier Miralles, Héctor Miguel Paramio, Rubén Calvo y Alfredo Mayo) mantienen los pies en la tierra, pese a haber ganado 2.300.000 euros. Ya han echado cuentas y, tras restar lo que se quedará Hacienda, tocarán a algo más de 300.000 euros por cabeza, precisa Miralles. “No se ganan todos los días, no está nada mal”, añade.

Destinarán el dinero a “coche y casa”, algún viaje y, en el caso de Mayo, “cumplir el sueño de cualquier veinteañero o treintañero: independizarme”. “Esto no nos retira. De hecho, Héctor y yo ya estamos pensando en el trabajo de mañana”, prosigue Miralles. Se refiere al campamento de rock para niños que unió a los cuatro, da nombre al grupo y, dentro de pocos días, volverá a abrir sus puertas en Soria.

Los Rockcampers de ‘¡Boom!’ o cómo hacer historia en la televisión

Estos amigos de Valladolid y Soria llevaban 67 programas en ¡Boom! cuando ganaron, pero desde el 56º, Paramio ya se había dado cuenta de que, de vencer, se llevarían el mayor premio de la historia de la televisión española. “A partir de ahí, ya no nos quedamos a una pregunta tantas veces; empezamos a hacerlo peor. Quizá era la tensión”, reconocen a EL PAÍS. Pero ganaron, y les pilló por sorpresa. “Grabamos varios programas cada día, y siempre pensamos que, si ganábamos, sería en alguno de los que se graban por la mañana. Pero fue uno de última hora de la tarde”, recuerda Javier. “Ese día llevábamos ropa de transición”, ríe Rubén. “Otros días, yo llevaba un polo y ese iba con una camiseta que ya me había puesto más veces”, apostilla. “Yo llevaba una camiseta que me dieron para que me pusiera y me estaba grande, y ahora ha quedado para la posteridad”, tercia Héctor.

Las palabras de unos se montan sobre las de los otros y completan las frases de los demás demostrando el conocimiento mutuo. Esa ha sido, creen, la clave para triunfar en un concurso de equipo: “Estar muy compenetrados; cuanto más amigo se sea de los otros, mejor. Y, en general en los concursos, hay que ir a disfrutar y pasártelo bien, porque no deja de ser un entretenimiento”, sostiene Alfredo. Habla desde la experiencia: era el único de los cuatro que ya había participado en otros concursos, como Alta tensión, La lista y Ahora caigo.

Pero además del “buen rollo”, hacen falta conocimientos. “Nuestra base cultural es muy parecida; somos de una misma generación [Alfredo tiene 30 años, Javier 34 y Héctor y Rubén, 38]. Somos muy curiosos y cada uno refuerza un palo”, dice Miralles, que estudió Historia del Arte; Mayo cursó Magisterio y sus dos compañeros, Química.

No olvidarán una de las preguntas que no supieron responder en una de las eliminatorias: el nombre de la mujer del tiempo de Antena 3, Himar González. “Veíamos su cara, pero no veíamos el cartel con el nombre por ninguna parte”, bromea Rubén.

Ahora tienen que lidiar con la popularidad que da salir en televisión tanto tiempo. Al cabo, llevaban en el programa desde febrero. “El otro día, en donde las empanadas del Mercadona me acorralaron. Y por megafonía llamaron para pedir que vinieran las trabajadoras a ayudar, que también me reconocieron”, dice Alfredo. Javier fue requerido por asistentes al concierto que Paul McCartney ofreció el pasado jueves en Madrid para hacerse fotos. “Había gente que se ponía nerviosa; a una chica le temblaban las piernas”, dice sorprendido. Aunque reconocen que en esos momentos siempre hay alguna persona que no sabe quiénes son: “Para unos somos muy conocidos y para otros, nada de nada”.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >

Más información