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EN POCAS PALABRAS

“El primer blues es el llanto del recién nacido”

El guitarrista de blues Javier Vargas es sinónimo de la incombustibilidad. Acaba de publicar 'Hard Time Blues'

Javier Vargas, en el Chesterfield Café.
Javier Vargas, en el Chesterfield Café.

Madrileño de 1958, el guitarrista de blues Javier Vargas es sinónimo de la incombustibilidad. Acaba de publicar Hard Time Blues, que hace el título número ¡25! en su discografía.

—¿Cómo conservar la pasión tras dos docenas de álbumes?

—Plasmando vivencias siempre personales y sintiéndome un artesano. Ni tengo conciencia del pasado ni me planteo específicamente grabar discos: solo voy coleccionando ideas y riffs en el teléfono y me pongo a ordenar y seleccionar cuando dispongo de un volumen suficiente.

—No parece un método muy sofisticado…

—Nunca lo he sido. A mediados de los setenta, cuando vivía en Nashville y Los Ángeles, me apañaba con dos grabadoras de casete: en una grababa el ritmo; en la otra, la guitarra, voz y solos.

—¿Qué habría pasado si llega a quedarse en Estados Unidos?

—Habría hecho una carrera grandiosa, pero Los Ángeles es una ciudad aburridísima de lunes a jueves. Salías los fines de semana y el resto del tiempo era todo un muermo. Madrid resultaba, en cambio, un estímulo continuo, un meneo creativo.

—¿Le incomoda que le consideren un veterano?

—Empecé a tocar en 1968, así que no soy un principiante. Vivo el presente, pero me formé en la generación de Woodstock: me tengo por hijo de los Doors, Free, Deep Purple, Led Zeppelin y los Fleetwood Mac de Peter Green. Y, sí, ¡soy un tío vintage!

—¿Cómo explicaría a unos jovencitos qué rayos es el blues?

—Es un grito desgarrador que transforma lo malo en bueno, igual que le sucede a los bebés. El primer blues de la historia es el llanto del recién nacido al salir del vientre de su madre.

—¿Hay muchos motivos para llorar en este Blues de los malos tiempos?

—Cada vez que escuchas el telediario los encuentras. Las cosas insoportables que estamos viendo en Grecia, por ejemplo, me hacen sentir infeliz como integrante de esta raza humana. Solo nos queda la esperanza de la cultura y del arte; ni la política ni las promesas son motivos para creer.

—¿Es el tema Welcome to the World ese punto esperanzado?

—Nunca soy muy consciente de lo que he hecho hasta algún tiempo después, pero tiene sentimiento, bebe del rhythm & blues y de Van Morrison y, sí, puede que sirva como catarsis. En realidad, no hago música para aliviar, la hago para mí. No intento contentar a muchos, sino satisfacerme.

—Hay que llegar a fin de mes…

—Sí, pero paso de machacarle el cerebro a nadie con músicas pegadizas. Grabo discos desde 1991 por necesidad vital y me siento músico de las grandes minorías.

—¿Cómo a un hombre de blues le dio por escribir una canción titulada Ibiza Moon?

—Asocio la isla con Bob Marley, no con David Guetta. Tengo casa allí y me he cruzado con Ron Wood o Bo Diddley. Me parecen muy dignos los DJ y respeto el house, pero me aburre. Prefiero los músicos reales.