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La tiranía de los ‘spoilers’

El auge de las series y la conversación sobre ellas aviva el debate sobre los 'spoilers'

Una imagen de la undécima temporada de 'Anatomía de Grey'.
Una imagen de la undécima temporada de 'Anatomía de Grey'.

El jueves 23 de abril, los seguidores estadounidenses de Anatomía de Grey descubrieron el nuevo sorprendente giro de guion de la serie y elevaron a trending topic una ficción que ya lleva once temporadas en antena. Pero hubo seguidores que conocieron la sorpresa por adelantado. Algunos ejemplares de la revista estadounidense Entertainment Weekly llegaron un día antes a sus suscriptores, desvelando el secreto. La publicación tuvo que disculparse con sus lectores por ello. La noticia se difundió rápidamente por Internet y seguidores de todo el mundo tuvieron complicado huir de un spoiler que se extendió como un virus. No es la primera vez, ni será la última, que el debate seriéfilo pone el foco en el descubrimiento por anticipado de tramas.

El spoiler, o destripe, como recomienda la Fundéu para evitar el anglicismo, acecha en cualquier parte. Y no es exclusivo del mundo televisivo. El cine y la literatura también sufren las consecuencias de esos adelantos indeseados de información sobre la trama que estropean (de ahí la palabra inglesa) la experiencia del receptor. Pero con el boom de las series y las peculiaridades del formato televisivo, se ha extendido el uso del término en ese ámbito. Más todavía en una era en la que las noticias se expanden por todo el mundo al instante y en la que el debate sobre series en las redes sociales, blogs y webs hace que sea casi imposible huir de ciertas revelaciones. Entonces, ¿hay forma de escapar de los spoilers hoy en día? ¿Hasta cuándo algo sigue considerándose un destripe?

Vídeo de Portlandia sobre el mundo de los spoilers (son spoilers).

“Todo se complica cuando entra en juego el factor internacional. La democratización de la cultura y de la información con Internet permite que se globalice la conversación sobre las series, pero el contenido aún no lo está. No con la inmediatez que requieren las redes sociales”, comenta Adriana Izquierdo, analista de guiones de series y bloguera en Vaya tele.

La subjetividad es algo consustancial al spoiler. “Cada persona tiene distintos niveles de aguante. A mí no me gustaba ni siquiera conocer las canciones que se iban a interpretar en Glee, algo que no puede considerarse un spoiler en absoluto”, explica Susana Alosete, autora del blog sobre series Chica de la tele. El diferente ritmo de visionado también complica el debate. ¿Cuándo se podía comentar en público la última temporada de House of Cards, que Netflix —y Canal + y Yomvi en España— lanzó completa a la vez?

Michael Kelly, de House of Cards, habla sobre los spoilers.

El problema a la hora de debatir sobre series se traslada al mundo informativo. “Una cosa es información sobre la producción, los actores, renovaciones… y otra, sobre la parte estrictamente de ficción. Creo que aquí es donde encontramos una línea roja fácil de definir”, mantiene Alosete. Para Laura Rodríguez, coordinadora del blog Series de bolsillo, “en estos últimos años hemos vivido una combinación entre la gran oferta de contenido que tenemos los seriéfilos y la obsesión de ser los primeros en contar algo. En mi caso, cuando ya sé que un actor va a abandonar una serie estoy angustiada durante todos los capítulos que quedan esperando que muera”, añade. “La radicalización con este tema nos ha llevado a tener la impresión de que no hay distinción entre el spoiler malintencionado y aquello que es necesario para mantener una conversación fluida. Ya no se permite nada”, dice Adriana Izquierdo.

La obsesión por evitar los destripes se acentúa cuando se acerca el final de una serie y cuanto más popular es. Nadie quiere saber antes de tiempo cuál es el siguiente personaje en morir en Juego de tronos o cuál es el destino final de Don Draper en Mad Men. Muchas personas se quejaron cuando la cadena CBS publicó en redes sociales la foto de la madre de los hijos de Ted Mosby al terminar en Estados Unidos el capítulo de Cómo conocí a vuestra madre que revelaba su identidad.

Ted Mosby y la misteriosa madre de sus hijos en 'Cómo conocí a vuestra madre'.
Ted Mosby y la misteriosa madre de sus hijos en 'Cómo conocí a vuestra madre'.

En ocasiones, los avances de las series desvelan elementos fundamentales de la trama. Un spoiler motivó un artículo de la defensora del lector de The New York Times para explicar los motivos por los que se publicó una información que revelaba el final de la serie documental The Jinx cuando el capítulo aún no se había emitido ni siquiera en algunas zonas de Estados Unidos.

Esa carrera contra los spoilers ha llevado incluso al desarrollo de aplicaciones y herramientas para ayudar a esquivarlos en la Red. Google acaba de patentar una herramienta que permite filtrar las búsquedas para evitar destripes. Twitter y Tumblr disponen de filtros antidestripes. Y, aun así, la mayoría de seriéfilos ya tienen asumido que es imposible huir totalmente de los spoilers. Solo queda aprender a vivir con ellos y disfrutrar del camino.

Una tipología nueva

La tiranía de los ‘spoilers’

Toni García

Años sesenta. Una larga cola rodea un cine de Barcelona en el que se proyecta Psicosis. A lo lejos un tipo se aproxima en una motocicleta. Cuando está cerca de los futuros espectadores de la película aminora la marcha y grita “el asesino es el protagonista vestido como su madre”. Luego acelera y se va. Es seguramente uno de los spoilers más celebrados y perversos de la historia de nuestro país.

Spoiler, algo así como revelación indeseada, es una palabra que ha tomado fuerza en ciertos colectivos de la misma manera que hace años uno no era nadie si no decía fistro pecador con cierta asiduidad. Lo que en principio era algo residual se ha convertido en una especie de obsesión. Nadie quiere saber nada de su serie favorita hasta que la haya visto. Huyen de las redes sociales, bajan las persianas de su casa y prohíben a sus amigos mencionar el asunto. La nueva peste son los spoilers y los nuevos apestados, los que viven obsesionados con ellos.

Decía el cardenal Richelieu que “la traición es una mera cuestión de fechas”. Lo mismo sucede con el spoiler: para el que sigue las series con la cadencia semanal estadounidense no hay spoiler que valga porque no hay tiempo de divulgarlo. Sin embargo, los mortales que deciden esperar, o no pueden permitirse pasarse nueve horas al día mirando la televisión, o simplemente prefieren dedicar su tiempo a otra cosa, son víctimas potenciales del spoiler.

Algunos/as (pocos/as) no pueden soportar la idea de que alguien les diga “x ha muerto” o “no me esperaba que el padre de x fuera x”, y construyen auténticas corazas para evitarlos. Los menos se vuelven seres introvertidos y desquiciados, que prefieren no saber cómo acaba Romeo y Julieta y que consideran que el spoiler no tiene fecha de caducidad. Cualquier cosa, en cualquier momento, puede ser un spoiler. Como Gollum y su anillo del poder, los creyentes del spoiler harían cualquier cosa por mantener su tesoro intacto. No importa perder amigos, pareja o trabajo. Sólo importa una cosa: vivir sin spoilers. Alguien debería habérselo dicho al tipo de la moto.

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