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La ‘Chanson’ en diez clásicos

Una antología recupera lo mejor de la canción francesa, que se movió entre la balada romántica y el himno pacifista. Recorremos sus piezas más memorables

La cantante francesa Françoise Hardy, en 1968
La cantante francesa Françoise Hardy, en 1968

Bajo el genérico de Chanson se funde una canción que aúna el acento lírico y la solidez interpretativa sin renunciar a su proyección popular. Una Chanson que, bebiendo en las fuentes de la tradición, ha recorrido desde las orillas más intelectuales hasta los ritmos más contemporáneos y mestizos. Esta antología de la Chanson transita por los últimos 60 años de la música francesa a través de algunos de los creadores que han forjado esa edad de oro de la melodía tricolor. Apuntemos algunos: Georges Brassens, Jacques Brel, Léo Ferré, Serge Gainsbourg, Boris Vian o el heterogéneo Henri Salvador. Junto a ellos, los intérpretes de aquella nueva ola juvenil, Françoise Hardy, Jacques Dutronc, entre otros, que sin proponérselo escribieron su continuación bajo la bandera del rock y el pop. La antología avanza hasta la actualidad, Jane Birkin, Alain Bashung, recogiendo sus últimos herederos, Benjamin Biolay, Vanessa Paradis, Calogero, Zazie, que han reescrito cada uno a su manera esa canción “con cara y ojos” que hace más de 80 años ponía en pie un cantante y compositor llamado Charles Trenet aquí no incluido. Este es un repaso a diez de sus clásicos.

La Chanson de Prévert. (Serge Gainsbourg, 1961)

Creador sin límites, Serge Gainsbourg acabaría ensanchando las fronteras de la Chanson a los más diversos géneros y expresiones. Tomando un clásico como Las hojas muertas de Jacques Prévert y Joseph Kosma, Gainsbourg reflexiona sobre el amor y la huella del tiempo, y de paso, sobre la propia magia de la canción para guardar la memoria de los sentimientos.

Le deserteur. (Boris Vian, 1956)

Balada antibelicista que el escritor –y cantante puntual– Boris Vian escribe como denuncia de la guerra colonial que el ejército francés realiza en el sudeste asiático. Censurada, prohibida su radiofusion, la canción continuará su camino y acabará convertida en uno de los grandes himnos pacifistas de la música popular del siglo XX como proclama insumisa contra todas las guerras y sus ejércitos.

Tous les garçons et les filles. (Françoise Hardy, Roger Samyn, 1962)

Con ecos de la canción Un jour tu verras de Mouloudji, Françoise Hardy abanderaba melódicamente la generación juvenil de los sesenta. Los jóvenes tomaban la calle cogidos de la mano, la revolución biológica se ponía en marcha y Françoise Hardy instauraba un nuevo modelo de cantante juvenil, donde se fundían la naturalidad y la sofisticación con un aire de eterna melancolía.

Dis, quan reviendras-tu? (Barbara, 1962)

Las referencias a Edith Piaf y Juliette Gréco la acompañaran en sus inicios aunque el tiempo acabará desvelando el secreto: Barbara había llegado al mundo para no parecerse a nadie. Bella y misteriosa en su largo vestido negro. Durante cerca de medio siglo –hasta su desaparición en 1997– los espectadores se dejan seducir por “la magia Barbara” esa voz extraña y persuasiva que parece cantar al oído de cada uno ellos. Cuando el espectáculo ha finalizado y las luces del teatro se han encendido, un público puesto en pié sigue cantando: Dis, quan reviendras, tu?.

La Chanson des vieux amants. (Jacques Brel, 1967)

Aunque Brel había dejado grabado la mayoría de sus principales masterworks en ese momento de su carrera musical, el compositor belga volvía a dar en la diana para contarnos la historia de los viejos amantes –Serrat tomará buena nota– que a fuerza de ternura y complicidad van reemplazando la primera pasión amorosa. Brel, maestro en transformar la canción en cuadros melódicos, nos dejaba este retrato lleno de ternura de esos seres que al final de sus vidas se siguen amando y perdonando las debilidades del otro.

La plus belle pour aller danser. (Charles Aznavour, Georges Garvarentz, 1964). Sylvie Vartan.

La Chanson, gracias al trabajo de marquetería melódica –y literaria– de la pareja Aznavour-Garvarentz, se fundía con la nueva ola ye-yé de la canción francesa. Sylvie Vartan recibía uno de los mejores regalos de su carrera musical: ser la protagonista de ese momento en la vida donde se funden por primera vez los sueños de amor de los adolescentes sobre la pista de baile.

Les cornichons. (Nino Ferrer, 1966)

La figura de Nino Ferrer se vio a menudo desenfocada por el éxito de sus canciones más “descerebradas” para un autor capaz de crear melodías tan sublimes como Un año de amor o Le sud. Les cornichons pertenece a su obra más desenfadada, esa mirada satírica de la vida moderna que el cantante era capaz de dibujar como si se tratara de una viñeta de cómic a ritmo de soul o rock para contarnos, como aquí, una frustrada jornada de pícnic.

Paname. (Léo Ferré, 1961)

Si hay una ciudad celebrada por la música y las canciones esta sin duda es Paris. La Chanson, casi como un subgénero, ha confeccionado un extenso y variado repertorio a la gloria y las miserias de la ciudad del Sena. Léo Ferré se encuentra entre sus autores de cabecera, aunque solo sea por un titulo como Paris canaille o este Paname donde el cantante creador volvía a rendir tributo amoroso a la ciudad que le había consagrado finalmente como artista.

Et moi et moi et moi. (Jacques Lanzmann, Jacques Dutronc, 1967)

La combinación de un escritor como Jacques Lanzmann y de un intérprete como Jacques Dutronc acabó produciendo una de las sociedades más estimulantes de la canción francesa en la década de los sesenta. Dutronc le inyectaba dosis de inteligencia y sarcasmo a la canción juvenil con su porte de dandi insolente y centrifugaba con humor la moda ye-yé.

Votre fille a 20 ans. (Georges Moustaki, 1967). Serge Reggiani

Una primera carrera como actor que acabará desembocando en la canción siguiendo el camino de otros intérpretes. Serge Reggiani, como antes Yves Montand o la misma Juliette Gréco ejemplifica el modelo de cantante-intérprete que encontrará en las melodías y textos de la Chanson un excelente campo expresivo y cuya herencia llega entre nosotros con el recordado Ovidi Montllor. Gracias a Moustaki, Serge Reggiani dispone de titulos como Ma liberté, Sarah o esta balada nostálgica de una madre viendo como se escapa el tiempo en el cuerpo de su hija…

 La Chanson. Universal Music