opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Belmonte

Si algo queda del espíritu olímpico, que se encarne en esos medallistas a los que jamás pararán en la calle; en esos que para alcanzar la excelencia necesitan seis horas de ejercicio diario. Remeros, gimnastas, nadadores... Si hubiera que buscar el espíritu olímpico en los comentaristas de televisión, tampoco se hallaría entre los que cubren los deportes más populares. Vaya por delante el notable general para el equipo de TVE, aunque los máximos honores son para Paloma del Río. Explica, instruye y elogia las cualidades de los gimnastas sin mirar banderas.

Si hay de por medio sangre española, se nos calienta la boca. En el tenis, Arseni Pérez y Tomás Carbonell forman un dobles consistente. Carbonell tiene un punto sabiondo, pero hay que rendirse ante él pues explica por qué sucede lo que sucede.

La combinación de deporte de lucha y España resulta fatal para el narrador, sea en waterpolo, balonmano, baloncesto o fútbol, aunque nunca se cae tan bajo como en esta disciplina. Sergio Sauca y Gerard López alcanzaron la bajura de la selección. No acertaron ni una. El gran reto del comentarista, como el del atleta, no es el triunfo o la derrota, sino cómo administrarlos. Sauca ya tiene unas cuantas frases para la historia y en Londres ha añadido más: “Esta panorámica invita al optimismo” (imagen de los jugadores escuchando el himno). La suficiencia del equipo y su seleccionador no era superior a los del micrófono. “Cuanto antes gane España el partido, mejor” (Sauca), pese a que los japoneses estaban sembrando el pánico. A su lado, Gerard López practicaba el seguidismo, algo frecuente entre los invitados. “Ha tirado una vez Honduras y la ha metido”, se lamentaba un Sauca incapaz de apreciar que, España, ni una. Cualquier espectador veía más que los comentaristas, que jamás elogiaron al ajeno —“Japón es un equipo inferior”— ni criticaron a los nuestros. “En el gol, la defensa ha estado un pelín pasiva”, se atrevió a insinuar López en pleno descalabro.

Es difícil identificar el espíritu olímpico con Marcelo, Djokovic o el mismo Bolt, también con Nadal o Gasol, al margen de sus proezas. El espíritu olímpico es para periodistas como Paloma del Río, ecuánime y entendida, o para Mireia Belmonte, que después de luchar y luchar, tras mil batallas perdidas, finalmente, lo ha conseguido. Le doy la enhorabuena y me voy con mi hija a comprar la depiladora que anuncia. Resistente, tiene que ser.

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