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"Cada vez que nos cae encima una campaña electoral, se genera la eterna discusión entre propaganda electoral e información real"

Cada vez que nos cae encima una campaña electoral, y los optimistas sostienen que ahora nos espera ¡un año libre!, se genera la eterna discusión entre propaganda electoral e información real. Javier Arenas, por ejemplo, cometió el mayor error de su campaña al rechazar la invitación de Canal Sur para acudir al debate con sus contrincantes. De esta manera escenificaba el desprecio por los medios de control público, pero la falta de coherencia con las comunidades vecinas donde gobiernan le jugó una mala pasada. Infravaloró un detalle mayor: muchos ciudadanos perciben que en tiempo de cita electoral, las televisiones públicas, al estar sometidas a los controles y rigores de la Junta Electoral, ofrecen una aritmética objetividad.

Esa forzada correspondencia entre los tiempos de aparición en pantalla y la representación en votos de los partidos, provoca la protesta incómoda de los periodistas, que se sienten utilizados en campaña, con el disfraz de la información nos cuelan su propaganda. El ejemplo francés alcanza cotas surrealistas, muchísimo más controladas que las nuestras. El Consejo del Audiovisual vigila, por pequeña o marginal que sea, toda emisora de radio y las más de 400 cadenas de televisión, para defender la equidad del tiempo dedicado a cada candidato. Y en las cuatro últimas semanas de campaña obliga a que cada presidenciable en liza reciba idéntico espacio.

Las reglas provocan la indignación de los periodistas también allí, porque son obligados a cambiar parrillas y tiempos en función hasta de invitados no dedicados a la política, pero que han expresado opiniones electorales en antena. En el caso de Sarkozy, los vigilantes discriminan lo que es discurso oficial de presidente y el discurso del candidato político. Imagínense lo que resultaría de Fox News si los norteamericanos tuvieran un mecanismo de balance así. Porque en tiempos de medios radicalizados, con opciones políticas no ya recomendadas, sino inoculadas por vía televisiva a los ciudadanos, Francia reivindica la intervención y el riguroso control. La polémica, de más profundidad que la que afecta a la difusión de encuestas durante el día de votación, continuará en la segunda manga que empieza hoy, pero mientras los medios no ganen la confianza de los ciudadanos, en esta pelea estarán solos contra los mecanismos de control que cada parlamento disponga.

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