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Adiós a los aplausos del plató

‘La mañana de La 1’ suprime el ‘set’ del público para ahorrar

Su hueco será cubierto por una pequeña orquesta

La música en directo generará ingresos

Presentadores e invitados del programa de TVE La mañana de La 1.
Presentadores e invitados del programa de TVE La mañana de La 1.

En la televisión, el público forma parte del decorado. Jalea, murmura, aplaude, silba (motu propio o a las indicaciones del regidor) y es un elemento que a menudo aporta cercanía y complicidad con los presentadores o con los invitados. Pero Televisión Española ha decidido suprimir el público del plató de La mañana de La 1, el magacín matinal que presenta Mariló Montero. La política de recortes en la cadena estatal está detrás de esta medida. Dejar fuera a los figurantes supondrá un ahorro, aunque pequeño, en el presupuesto del programa.

A cambio, el espacio de La 1 incorporará una miniorquesta en el estudio de Prado del Rey desde donde se realiza el magacín. “Es una solución rentable para TVE. La música genera ingresos”, explica una portavoz de la cadena estatal. Así es como la televisión se ahorrará la factura que supone contar con una docena de personas cada día para que den ambiente al plató y, de paso, obtendrá recursos extra en un tiempo en el que la televisión se ve obligada a apretarse el cinturón.

Muchos de los espectadores que asisten de público son auténticos profesionales. Son figurantes que recorren los platós de todas las televisiones por una pequeña remuneración. En Las mañanas de La 1 cobran ocho euros, pero en algunos espacios de las cadenas privadas la tarifa puede subir hasta 20 euros.

No solo se trata de ahorrarse la factura a la agencia que facilita el público. TVE esgrime un cambio en el decorado provocado por el traslado de La mañana a un estudio más pequeño. De hecho, antes de esta reubicación los figurantes contaban con un espacio mucho más amplio.

El cambio de estudio obedece al cierre temporal de los grandes platós de Prado del Rey, afectados por aluminosis. Los elementos de La mañana —los decorados de las entrevistas, la tertulia, las clases de aerobic, la cocina— se han acomodado en un espacio más reducido. “En el set que ocupaba de público se ha optado por colocar un pequeño grupo de música. Es una fórmula para renovar el programa”, añade la misma portavoz. Estos cambios contribuyen a hacer más dinámico un espacio que dura cuatro horas diarias.

Tampoco será un mal negocio para TVE. Por la interpretación de un repertorio musical, los operadores pagan derechos a la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE). Parte de esos derechos revierte en las propias cadenas, explica un experto en propiedad intelectual. “Esa es la razón por la que las televisiones privadas inundan la parrilla de madrugada con formatos musicales: ganan dinero”, apunta.

Aunque el gran ahorro de La mañana vendrá de la no renovación del contrato con Overon (empresa vinculada a Mediapro) que realiza buena parte de las conexiones informativas a través del parque de pequeñas unidades móviles con antena parabólica. Estos trabajos que ahora desempeña Overon serán asumidos por TVE, con lo que la corporación economizará unos cuatro millones de euros.

Ocho euros por animar cuatro horas

EL PAÍS

La cita es a las 7.45 en la estación de tren en Aluche, al suroeste de Madrid. Alguien que nunca haya asistido de público a un programa se espera que un autobús con un cartel de TVE le esté esperando. Sin embargo, las 12 personas que asisten al programa La mañana de La 1, lo hacen en los coches particulares —alguno con más de 20 años de antigüedad— de los trabajadores —sin contrato, aseguran— de la agencia Nuevas Generaciones de Figuración, quien se encarga de llevar al público. Por llevar esta tarea y por indicar cuándo tienen que aplaudir, cada animador cobra unos 35 euros al día.

El viaje dura apenas 20 minutos, termina en una explanada frente a las instalaciones de RTVE. Hay que cruzar las vías del metro ligero y pasar los controles. Todavía faltan dos horas para que empiece el programa y la agencia, que no da bocadillo ni bebida a los asistentes, les invita a comprarse un tentempié en las máquinas expendedoras. Son casi las 8.30 de la mañana y el desayuno está aun reciente, pero el que lo deseé puede pagar un zumo, un bollo o un bocadillo. Será todo lo que coma hasta las 14.00, cuando acaba el programa.

Las 12 personas que harán de público esperan en una sala de unos 20 metros cuadrados con sillas; algunos aprovechan a leer un libro, una revista o jugar con el móvil. Queda más de una hora para que empiece el magacine de Mariló Montero. Su público es el mismo que el día anterior ocupó las banquetas de Uno para ganar, en Cuatro, o La ruleta de la fortuna, en Antena 3. También estuvieron en el concurso Pasapalabra, que “es de los que más pagan, 15 euros”, comenta uno de los asistentes. Uno de los más cotizados para asistir es, sin embargo, Espejo público, presentado por Susana Griso, (allí pagan más de 20 euros). Por aplaudir los mejores comentarios de Montero o como despedida a un entrevistado, recibirán ocho.

A las 10.00 comienza el traslado al plató. Mientras tanto, llegan los presentadores, las maquilladoras, los invitados… detrás de ellos, una docena de personas, algunos verdaderos profesionales del aplauso. La mayoría está en paro y considera que ocho euros por programa “es mejor que nada”. Así que se recorren los platós. “En algunos dan bocadillo y en otros no”, depende de la empresa, dice uno de los asistentes.

“Aquí nos conocemos todos.Somos siempre los mismos”, comenta otro, que lleva 16 años intercalando trabajos en la construcción y períodos de paro en los que hace de público. Los más jóvenes habían trabajado antes en figuración (series, programas o conciertos) que, según cuentan, está mejor pagado, “unos 30 o 40 euros al día”, explican mientras una vez fuera de las instalaciones de RTVE, junto a las vías del tren, los animadores sacan monedas de una bolsa de plástico que reparten de mano en mano antes de subir de nuevo a los coches, más de seis horas después, de regreso a Aluche.