Premio Fronteras del Conocimiento para tres ecólogos por “ampliar el concepto de biodiversidad”

Sandra Díaz, Sandra Lavorel y Mark Westoby han creado una base de datos con los rasgos de 200.000 especies de plantas y sus funciones en los ecosistemas

De izquierda a derecha, Sandra Díaz, Mark Westoby y Sandra Lavorel, premio Fronteras del Conocimiento.
De izquierda a derecha, Sandra Díaz, Mark Westoby y Sandra Lavorel, premio Fronteras del Conocimiento.

Los ecólogos Sandra Díaz, Sandra Lavorel y Mark Westoby han ganado el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Ecología y Biología de la Conservación por “ampliar el concepto de biodiversidad” a través de “su trabajo pionero para descubrir, describir y coordinar la medición de las características funcionales de las plantas”. Sus descubrimientos en el ámbito de la ecología funcional han llevado a crear la base de datos TRY (intentar, en inglés), que reúne rasgos de 200.000 especies de plantas y detalla sus funciones en los ecosistemas para identificar las vulnerables al cambio climático y protegerlas.

Según el jurado, esta base de datos permitirá “realizar mediciones estandarizadas y comunes de las funciones de las plantas en todos los ecosistemas de la Tierra”. Estas mediciones tienen una aplicación inmediata, ya que “están mejorando el diseño y la eficacia tanto de los esfuerzos de conservación de la biodiversidad como de los modelos predictivos de ecosistemas”.

Los ecosistemas comportan múltiples beneficios para el ser humano. Sin embargo, su correcto funcionamiento depende de los distintos papeles que les corresponden a las plantas que habitan en él. Cuando una especie deja de existir, con ella desaparecen mecanismos vitales que sustentan ese espacio natural. Ahora, con la contribución de los ganadores, los investigadores de todo el mundo podrán estudiar mejor las ventajas de la biodiversidad funcional de las plantas y, así, realizar mayores esfuerzos para la conservación de los ecosistemas. Ya en el año 2016, los ahora galardonados abordaron por primera vez una clasificación de la biodiversidad funcional atendiendo a los rasgos físicos de las plantas, con un artículo en la revista Nature (The global spectrum of plant form and Function).

Sandra Díaz, de la Universidad de Córdoba (Argentina), señala que el tipo de conocimiento que aporta el enfoque funcional se aplica ya al diseño de modelos para mejorar la adaptación de los ecosistemas al cambio climático. Para Mark Westoby, que investiga en la universidad australiana de Macquarie, estos hábitats son máquinas que funcionan gracias a sus componentes o las especies. El conocimiento de estas permitirá entender las consecuencias de los cambios en el medio ambiente y de la actividad humana. Díaz también llama la atención sobre el hecho de que los rasgos funcionales de las plantas pueden hacerlas más vulnerable que a otras. “Las especies no están desapareciendo de manera aleatoria. Nuestro trabajo ayuda a identificar cuáles son, y lo que perdemos cuando estas especies desaparecen, en términos de propiedades del ecosistema y beneficios para las personas”, remata.

¿Cuáles son las consecuencias para el ser humano? Sandra Lavorel, que trabaja en el Laboratorio francés de Ecología Alpina en Grenoble y en el neozelandés Landcare Research, explica que la polinización es un vínculo entre los rasgos funcionales de las plantas y la producción de alimentos. “Una gran cantidad de los cultivos del planeta dependen de la polinización de insectos y las características de las plantas determinan qué insectos les podrán polinizar, lo que influye sobre la producción de estos cultivos”, apunta.

Cada función de las plantas está ligada a factores como la altura, el tipo de hojas, el tamaño de las semillas y la llamada economía de las hojas. Al estar familiarizado con estas funciones, uno puede estimar la eficiencia de las plantas al realizar ciertas tareas. Westoby explica que existen hojas que capturan la luz “de forma muy ‘barata’, es decir, que capturan mucha luz con respecto a la inversión de recursos, pero la hoja no vive durante mucho tiempo; y también hay hojas relativamente ‘caras’, con un bajo nivel de rendimiento con respecto a su inversión, pero que sobreviven durante mucho más tiempo”. Por su parte, Lavorel destaca que las plantas de crecimiento más lento son más resistentes a la sequía, un fenómeno que en regiones como la mediterránea aumentará con el calentamiento global, pero capturan menos carbono. Por este motivo, ambas variables deberán ser tenidas en cuenta en los futuros planes de adaptación.

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La pérdida de biodiversidad es un hecho ante el cual hay que actuar de forma urgente. Para Westoby, las especies son un legado que nuestro planeta debe preservar: “De media, una especie tiene un millón de años de historia; durante todo ese tiempo cada especie ha estado resolviendo problemas de maneras diversas, así que cuando pierdes especies, es como quemar bibliotecas, o como arrasar monumentos históricos con una apisonadora”. Por su parte, Lavorel señala que la biodiversidad se ve seriamente amenazada: “Todos sabemos hoy que es extremadamente urgente revertir la tendencia actual si queremos evitar el hundimiento de nuestro actual Arca de Noé”.

La Fundación BBVA concede estos premios desde el año 2008. Los jurados internacionales evalúan las candidaturas de las principales instituciones académicas, científicas y culturales del mundo promover el valor del conocimiento como un bien público sin fronteras.

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