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Y los sueños, objetos son

Dalí, Duchamp, Man Ray, Magritte y Miró, entre los autores de las 285 obras y objetos que CaixaForum expone para explicar la influencia del surrealismo en el diseño

Reproducción de 'Plaza de Italia metafísica', de De Chirico, ojo de Man Ray y 'Capitel', de Studio65.
Reproducción de 'Plaza de Italia metafísica', de De Chirico, ojo de Man Ray y 'Capitel', de Studio65.

“Estos objetos están basados en las fantasías y representaciones que pueden surgir cuando se realizan actos subconscientes. Tienen una función simbólica y no dejan lugar alguno para las preocupaciones formales. Dependen sólo de la amorosa imaginación de cada persona”, declaró Salvador Dalí en 1931. Se refería a los sorprendentes objetos cotidianos que perdían la función para la que habían sido creados adquiriendo un aspecto fantástico, onírico y emocional que creaban y exponían amigos suyos, surrealistas como él, entre los que estaban Hans Arp, Max Ernst, Man Ray, Paul Klee, René Magritte, Giorgio de Chirico y Joan Miró, entre otros. Como Regalo,la plancha con clavos de hierro en su base que Ray hizo en 1921, el teléfono con auricular de langosta de Dalí de 1936 y la quesera con un queso pintado al óleo de Magritte del mismo año. Unos sueños objetualizados creados como respuesta a los que negaban el poder del subconsciente y para poner en jaque la realidad y la razón.

Parecía que el surrealismo había muerto con la Segunda Guerra Mundial y la dispersión de sus creadores. Pero no. De cómo este movimiento artístico ha influido en el arte del siglo XXI y ha acabado impregnando el diseño hasta nuestros días de una forma sutil, pero evidente, en la moda, el cine, la fotografía y el diseño gráfico, trata Objetos de diseño. Surrealismo y diseño. 1924-2000. La exposición puede verse en Caixaforum (hasta el 7 de junio) que, junto al Vitra Design Museum, ha reunido 285 obras y objetos de estos artistas, pero también de Lee Miller, Le Corbusier, Antoni Gaudí, Frederic Kiesler, Gae Aulenti, Ray Eames, Achille Castiglioni, Meret Oppenheim y un largo etcétera, provenientes de colecciones y museos de todo el mundo.

Sofá-labios que diseñó Dalí en 1934 en la comercialización que hace Studio65 desde 1970.
Sofá-labios que diseñó Dalí en 1934 en la comercialización que hace Studio65 desde 1970.

De movimiento literario formado por el simbolismo y el dadaísmo, el surrealismo comenzó su historia de éxito a mitad de los años veinte cuando Bretón y sus colegas expandieron los principios surrealistas a la pintura y a los objetos. Comenzaba una relación que se convirtió en tendencia en los años cuarenta cuando tras la Segunda Guerra Mundial arquitectos y diseñadores encontraron en el surrealismo una estética inspiradora en cuestiones como la forma orgánica y lo irracional, en respuesta a los objetos cada vez más técnicos. Es lo que Bretón llamó “la belleza convulsa” y Dalí, “objetos de funcionamiento simbólico”.

Lo diría por obras suyas como Mujer con cabezas de rosas (reproducida en la exposición en tamaño XXL), de 1935, en la que, inspirado en muebles orgánicos de Gaudí, como la silla de 1900 de la Casa Calvet (en la muestra), pintó obras en las que aparecen sillas con brazos y manos y personas que tienen piernas como patas de muebles. También por su famoso sofá-labios que creó en 1934, comercializado por Carlo Mollino y que luego el propio Dalí copió para instalarlo en su museo de Figueres en El retrato de Mae West; paradigma de cómo el surrealismo ha influido en el diseño y viceversa. También por Busto de mujer devorado por las hormigas, la Gioconda del surrealismo, prestado por la Fundación Dalí para la muestra de Barcelona y Madrid, pero no para la de Sevilla o Zaragoza, donde también se verá la exposición. Para Mateo Kries, director del Vitra Design y comisario, "los surrealistas mostraron frente al racionalismo de la Bauhaus en la que la ‘forma sigue a la función’, que no se puede perder la conexión con las emociones, con el sentimiento humano, con los objetos tradicionales que incorporan muchos recuerdos y aspectos subconscientes”.

La lámpara, cuya base es un caballo a tamaño natural, del colectivo Front (2006), que recuerda al caballo disecado que Dalí regaló a Gala en 1971 por su cumpleaños.
La lámpara, cuya base es un caballo a tamaño natural, del colectivo Front (2006), que recuerda al caballo disecado que Dalí regaló a Gala en 1971 por su cumpleaños.

La consolidación del surrealismo vino con su conquista americana, con exposiciones como Fantastic Art, Dada, Surrealism, del MoMA en 1936 que convirtió el fenómeno en moda. Pero, sobre todo, tras la llegada a Estados Unidos de Dalí que hizo escaparates en 1939 para tiendas de la Quinta Avenida con maniquís que llevaban en la ropa copas con licor de menta y bañeras peludas y participó en 1945 en Recuerda, de Hitchcock, en la que diseñó una escena onírica con toda su iconografía, en la que no faltaban hormigas y ojos rasgados por tijeras.

Para ilustrar el sentido de la exposición, Kries parafrasea a Dalí, presente en casi toda la exposición con sus muchas creaciones surrealistas, diciendo: “Una silla puede tener muchas funciones, además de servir de asiento, como por ejemplo provocar, y este es precisamente el objetivo de la muestra, demostrar que la funcionalidad no es tan solo práctica”.

Aires oníricos

Mesa 'Tour' que Gae Aulenti creó con cuatro patas en forma de rueda de bicicleta en 1993.
Mesa 'Tour' que Gae Aulenti creó con cuatro patas en forma de rueda de bicicleta en 1993.

De bellos y simbólicos y, a veces, poco prácticos objetos está llena la muestra, como las enormes sillas en forma de mano, Hand Chair, de Pedro Friedeberg (1965); lámparas cuya base es un caballo de tamaño natural del colectivo Front (2006); carritos de té con forma de pipa de Magritte de Aldo Tura (1960); sombreros cuya copa está realizada con moldes de flan que creó Achille Castiglioni en 1980 o la mesa Tour, de Gae Aulenti, creada en 1993 con cuatro patas en forma de rueda de bicicleta, inspirada en Rueda de bicicleta, de Duchamp, de 1913.

Todo, en una exposición con museografía y aires oníricos que presenta una disposición en cuatro ambientes diferenciados con vivos colores, a los que se accede desde un hall de un intenso azul. Desde el primero, en el que están representados los primeros surrealistas, y el resto, en el que permite ver la pervivencia de sus planteamientos, como la liberación del erotismo o que la realidad no solo es la que se ve en la superficie; con fotografías de Ray y Duchamp travestidos de mujer o de Claude Cahun haciendo lo mismo, pero de hombre, con las que se saltaron, por primera vez los estereotipos de género y la liberación de las formas. Una lección para estos tiempos en los que se suele premiar lo superficial por encima de cualquier otras cosas y valores.

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