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Los colegios para adultos pierden un 40% de financiación y 200 profesores

La asociación de directores de los centros para adultos llevan años estancados en los recortes de la pasada crisis. La Comunidad niega las cifras

Varios alumnos asisten a clase en el centro Ramón y Cajal de Parla, el miércoles 12 de febrero.
Varios alumnos asisten a clase en el centro Ramón y Cajal de Parla, el miércoles 12 de febrero.

La educación para personas adultas se estanca en los recortes. Un 40% menos de financiación, un profesorado que ha disminuido un 17,50% y una Asociación de Directores de Enseñanza de Adultos de la Comunidad de Madrid (Adeacam) en pie de guerra, hartos de que la consejería no revierta los tijeretazos que se aplicaron con la pasada crisis. “Además, tenemos que soportar la competencia desleal con centros privados, a los que la Comunidad subvenciona indirectamente con dinero del Fondo Social Europeo", dice Juan Ramón Duarte, director en Parla y tesorero de Adeacam. La Comunidad niega las cifras.

La región cuenta con 69 centros de educación de personas adultas (CEPA) con más de 36.000 alumnos. Se trata de templos de la segunda oportunidad. Lugares donde empezar de cero o retomar un camino que un día se torció. El único requisito para reengancharse a la vida académica es haber cumplido los 18 años, aunque excepcionalmente se admite a personas de 16 con un contrato laboral, deportistas de alto nivel o con ofertas de Formación Profesional Básica, nivel 1. El objetivo es proporcionar una educación orientada a completar o ampliar la formación académica, el acceso a distintos niveles educativos y profesionales y la integración.

Pero la tijera se ha ido cebando con este alumnado vulnerable. En 2009, el presupuesto destinado a los centros de mayores rondaba los 57 millones de euros anuales. Desde 2017, reciben unos 34. A eso hay que unirle el hecho de que entonces contaban con 1.323 profesores para cerca de 36.000 alumnos y ahora no llegan a los 1.100. La Comunidad se agarra a otro dato. “A pesar de que en los últimos años el número total de alumnos ha disminuido de forma considerable —de 62.242 en el curso 2009/2010 a los 36.190 en este—, el cupo de profesores en los CEPA ha disminuido en mucha menor cuantía en proporción al número de alumnos, mejorándose la ratio de alumnos por profesor”, argumenta un portavoz de la Consejería de Educación, que asegura también que en 2009 el presupuesto rondaba los 39 millones. Pero eso no cuadra con las estadísticas del ministerio, que sitúa esos 62.000 alumnos como algo puntual, una realidad modificada con la crisis económica que empezó en 2008 y se recrudeció en 2012.

“La gente se quedó en paro y hubo una avalancha de matriculaciones. Y, mientras, los profesores iban bajando en goteo. Si había jubilaciones, no se cubrían esas plazas… Y así hasta ahora, con más de 200 profesores menos que en 2009. Lo que hace la consejería es comparar las cifras de alumnos con ese pico que era completamente anormal. Trampea los datos”, se queja Duarte.

Para CC OO, que asegura que los CEPA llevan “una década de recortes”, es hora de que recuperen “todo lo que se les ha arrebatado”. Al final, explica Isabel Galvín, secretaria general de la Federación de Enseñanza, afecta a uno de los sectores de la población “más vulnerable”.

Rosalía Velenciano, de 61 años, es una alumna matriculada en Nivel I de la ESO. Trabajó en el “sector de la limpieza” y cuando se quedó en paro quiso explorar otros caminos. El año pasado decidió apuntarse al Ramón y Cajal de Parla y, ahora, mantiene su plan: deja a su nieto en el colegio por la mañana y se va a estudiar para aprender lo que en su día no pudo: “Es lo mejor que he hecho”.

Polémica con las becas

Pero los recursos para que lo consiga se han visto mermados desde hace tiempo. “Desde los Gobiernos de Esperanza Aguirre y su consejera de Educación, Lucía Figar, la motivación del Gobierno del PP ha sido ir desmontando poco a poco la enseñanza de adultos”, asegura Galvín. “Se han sufrido cierres de unidades, supresión de plazas, recortes de profesorado, presupuestarios o desvío de fondos públicos hacia la enseñanza de adultos privada”.

Una clase en el centro Ramón y Cajal de Parla.
Una clase en el centro Ramón y Cajal de Parla.

Ese es, precisamente, otro caballo de batalla de los responsables de los centros públicos, que aseguran que la consejería beca a estudiantes de centros privados con dinero del Fondo Social Europeo, un instrumento financiero de la UE para fomentar el empleo. Algo que también niega el Gobierno. “Destinamos a los CEPA lo que justificamos cada año por gastos de enseñanzas, y son unos siete millones de euros al año. No se destina dinero a becas de estudiantes en centros privados”. Sin embargo, el propio BOCM publica entre sus requisitos que ese dinero irá destinado a quienes realicen cursos “de preparación de la prueba para la obtención del título de graduado en Educación Secundaria”. Y en los CEPA no realizan estos cursos.

“Nosotros no preparamos para esos exámenes, sino que tenemos alumnos con evaluación continua y, además, realizamos dos convocatorias de pruebas libres, es decir, para personas que se han preparado por su cuenta. No cumplimos los requisitos que ha impuesto la Comunidad, por lo que ese dinero no viene a nosotros”, explica Duarte.

Los CEPAS también reciben el apoyo de la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF), que considera "primordial" incrementar el número de profesores y maestros "debido a la reducción drástica de los últimos años" que ha provocado que no se puedan impartir "todas las materias que se demandan". "Además veríamos con buenos ojos una campaña publicitaria en la Comunidad de Madrid para potenciar la matrícula en estos centros y que todo aquel que desee una segunda oportunidad académica sepa que cuenta con centros específicos", dice Miguel Ángel González, portavoz del sindicato.

Al final, añade Duarte, los perjudicados de esta situación son alumnos como Velenciano o Ruslan Vaulin, un ruso de 29 años que trabajaba como mozo de almacén. A él también le cambió la vida estudiar en el CEPA de Parla. Hace cuatro años nació su hija y su mentalidad se transformó. “Pensé que algún día tendría que sentarme a hacer los deberes con ella y no quería que me viera como un inútil”. Decidió reengancharse a los estudios y sacarse el graduado escolar en Educación Secundaria. Hoy estudia Turismo en la UNED y se agarra con fuerza a su segunda oportunidad. El orgullo de su hija “vale oro”.

 

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