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ME BAJO EN CALLAO COLUMNA i

Diez belenes... se me hacen pocos

"Tres millones de euros de lucecitas, en infantil competición con el otro iluminado Caballero de Vigo"

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y la vicealcaldesa Begoña Villacís, en la inauguración del belén del Ayuntamiento de la capital, que se puede visitar hasta el 5 de enero en el Palacio de Cibeles
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y la vicealcaldesa Begoña Villacís, en la inauguración del belén del Ayuntamiento de la capital, que se puede visitar hasta el 5 de enero en el Palacio de Cibeles

La religión nos sale carísima. Hay que mantener a ejércitos de gentes sin oficio y con beneficio, que, salvo adoctrinar a sumisos, hacen poco o nada. Puede que llegue el siglo en que a toda esa tropa de predicadores la mantenga solo los que les compren el cuento que pregonan, pero, de momento, aquí seguimos todos, sufragándoles sus teatrillos y la nómina del personal. Pagamos hasta los que entendemos que esa pareja con el niño que crearon como modelo social, son, en realidad, un mal ejemplo: eso es una familia desestructurada en la que la esposa se la pegó al marido con otro. De ahí el recurrente chiste que comienza a circular por estas fechas en redes sociales:

—Jose… que el niño necesita zapatos.

—Pues que se los compre el espíritu santo.

Este año, el alcalde Martínez ha decidido incrementar el gasto de las lucecitas de Navidad un 27,7 por ciento. No importa. Pagamos nosotros. Y es que Martínez lo de los números lo lleva mal. Para él la cuenta atrás pasa del ocho al cuatro, y, como el hombre se hace un lío con los cálculos, el presupuesto se incrementa lo que sea menester (ánimo, ya queda menos para llegar a los 4,6 millones que empleó el manirroto y megalómano alcalde Gallardón).

A Martínez, le gustan los cochecitos, los belenes y las lucecitas. Muchos cochecitos, muchos belenes y muchas lucecitas. Tres millones de euros de lucecitas, en infantil competición con el otro iluminado Caballero de Vigo. Y como Martínez tiene una férrea tradición católica —de los que tragan con la manzanita y la costillita— y no sabe lo que significa aconfesionalidad y el laicismo, ha decidido salpicarnos este año Madrid de diez familias desestructuradas hechas con lucecitas. Hay una en el arco central de la Puerta de Alcalá, otra en la Puerta de Toledo, en la de San Vicente, en el viaducto…

Imaginen que el alcalde de Londres, Sadiq Khan, musulmán practicante, colara entre los adornos de la capital británica esa escena con la fábula en la que el ángel Gabriel le dicta el Corán a Mahoma. No, nunca lo haría. En Londres tienen un alcalde con dos dedos de frente que sabe que la religión pertenece al ámbito privado y las fiestas son para todos. Un alcalde, que, además, sabe que entre el ocho y el cuatro están el siete, el seis y el cinco.

A mí los belenes no me estorban porque me los tomo como puro adorno navideño. Es decir, tan de mentira es esa escena familiar como cuando nos ponen a Papá Noel atravesando el cielo en un trineo tirado por renos. Pero, qué quieren que les diga, a mí me rechina esa familia inmoral en la que el padre biológico ha volado y le toca cargar con el crío a Pepe, el padre putativo que, aun sabiendo que el niño no es suyo, tiene que comprarle zapatos.

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