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Vida Festival, el paraíso rural de los ‘hipsters’

Sharon van Etten, Beirut y Madness encabezan la sexta edición, que tendrá lugar del 4 al 6 de julio en Vilanova i la Geltrú

El público del Vida durante un concierto en el escenario Vaixell en 2018.
El público del Vida durante un concierto en el escenario Vaixell en 2018.

Durante los últimos años, los festivales de música han pasado de ser un pasatiempo orientado –principalmente– a los melómanos a convertirse en la nueva forma de entretenimiento de moda: la mezcla perfecta de música, camping, gastronomía, sol y fiesta. Pero la moda crea masas y, en consecuencia, hoy en día los festivales están más masificados que nunca. Entre las sofocantes aglomeraciones en los conciertos, la falta de cobertura o las colas infinitas para conseguir la cena, o simplemente tomar una cerveza, a veces podemos plantearnos si los festivales son una fuente de felicidad o más bien una lucha por la supervivencia. Es en momentos como estos que propuestas como la del Vida Festival resultan más que satisfactorias.

Situado entre los pinos que rodean la Masía d’en Cabanyes de Vilanova i la Geltrú, el Vida tiene mar, montaña, un ambiente bucólico y una extensa selección tanto de música de autor como de pop y rock contemporáneo pasando por el punk y la electrónica. Por sus escenarios han pasado artistas como Lana del Rey, Father John Misty, Rosalía –cuando todavía no agotaba giras mundiales–, Franz Ferdinand o St. Vincent. Este año, el cartel también viene cargado de sorpresas: Beirut, Sharon Van Etten, Madness o José González son algunos de los artistas que subirán al escenario de esta sexta edición del Vida, que tendrá lugar del 4 al 6 de julio en la Masía d'en Cabanyes.

El festival, que organizó su primera edición en 2014, ha alcanzado una fama notable en menos de una década y el año pasado llegó a los 33.500 asistentes, un 4% más que el 2017, cuando la cifra de asistencia fue de 32.000 personas. Además, el año pasado estrenaron la primera edición del Secret Vida, un festival paralelo que celebraron en diciembre y que se caracteriza por tener un cartel totalmente sorpresa que el público va descubriendo a medida que los artistas salen al escenario y que, según ha informado en exclusiva el director del acontecimiento, Dani Poveda, se repetirá este año. “Al principio no teníamos presupuesto, ahora estamos a punto de empezar nuestra primera edición con beneficios y estamos orgullosos de lo que hemos conseguido”, asegura Poveda, y añade: “Creemos que hemos apostado por un concepto nuevo, un concepto que me alegra mucho haber visto después en otros festivales. Creo que es una buena señal, quiere decir que a la gente le gusta nuestra propuesta”.

Todo para los usuarios

La directiva del festival no aspira a sumar grandes cifras ni a crecer a lo grande, sino que prefiere invertir sus beneficios en perfeccionar la experiencia del usuario. “Ahora que hemos mejorado la producción, queremos tratar mejor el espacio, hacerlo más bonito y verde para el público”, afirma Poveda. Ellos definen su filosofía como “tratar al público como personas y no como unidades” y tienen una imagen muy clara del público que quieren atraer: “exigente, crítico, generador de opinión y sensible a propuestas de vanguardia”. Pero, por encima de todo, el Vida es fiel a su esencia hipster, que se traduce en una apuesta por la vanguardia que los aleja de ofertas más comerciales: “Por mucho reggaeton que tengan actualmente los carteles de los festivales, nosotros seguiremos con nuestro estilo. Cambiar nuestro modus operandi sería traicionar nuestra esencia”, admite Poveda.

En el Vida, el espacio se adapta al público y la música se adapta al espacio, o más bien, se funde en él. “Cuando contratamos a un artista, me gusta imaginarme en qué momento del día tocará, y a partir de aquí creamos un hilo conductor musical”, explica el director. De este modo, las melodías se van moviendo de los escenarios pequeños –la Cova, la Cabana y el mítico Vaixell, que recrea un barco de madera en medio del "bosque mágico"– a los dos escenarios grandes de la explanada, La Masía Levi’s y el Estrella Damm, que tiene un aforo de 10.000 personas. Además, el festival también cuenta con el Vida Club, una zona de electrónica llena de luces y colores para los amantes de la noche y el ritmo. “Queremos que el público pueda escoger si quiere estar en un espacio más tranquilo, ver conciertos más gamberros o estar en las primeras filas viendo grandes artistas internacionales, y este festival permite las tres opciones”, argumenta Poveda.

La familia también es uno de los pilares fundamentales del festival, que pone a su disposición instalaciones adaptadas para niños, como por ejemplo la zona El Niu y ha creado incluso un abono especial para los más pequeños de la casa. “El abono infantil siempre es el primero en agotarse”, afirma Poveda con orgullo, “y es que creemos que ir a conciertos con niños puede ser maravilloso, así que queríamos hacer posible que se pudiera compartir la experiencia con ellos... ¡Solo hay que ver sus caras cuando salen grupos como The Flaming Lips al escenario!”. Y, efectivamente, conciertos como el que hizo esta banda en 2017 son la razón que el Vida sea un festival atractivo para todas las edades. El director recuerda este concierto como uno de los más memorables, pero también expresa gran admiración por grupos que, según él, tienen una “oferta para asistir al festival de por vida”, entre los que menciona Fleet Foxes –que también tocaron en 2017– o Los Planetas –que actuaron el año pasado–. Y de los que todavía no han pasado por el festival, Poveda sueña con ver a Bill Callahan sobre el escenario, un sueño que podría estar más cerca que nunca ahora que el cantautor ha publicado su primer disco en seis años.

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