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Vox pide a Cs que se salte el veto de Rivera a una negociación a tres con el PP

Tras su primera reunión con Isabel Díaz Ayuso, Rocío Monasterio reclama a Ignacio Aguado una mesa con todos los partidos de derechas para pactar el gobierno

Reunión de PP y Vox en la Asamblea de Madrid.
Reunión de PP y Vox en la Asamblea de Madrid.

El 10 de febrero, Pablo Casado (PP), Albert Rivera (Cs) y Santiago Abascal (Vox) se fotografían juntos en la plaza de Colón, donde encabezan una manifestación. La instantanea no se repite ayer a escala madrileña, cuando Isabel Díaz Ayuso (PP) y Rocío Monasterio (Vox) se reúnen por primera vez para empezar a negociar un acuerdo de gobierno para la Comunidad en el que también es imprescindible la participación de Ignacio Aguado (Cs). Ausente el líder de la formación naranja por voluntad propia, Monasterio recuerda aquella fotografía como contraposición de lo que reclama para que el diálogo fructifique. No pide una imagen de los tres partidos juntos, porque ya la hubo en Colón. Demanda un diálogo a tres bandas que obligaría a Cs a reconocerle como socio e igual en Madrid, reventando de hecho el veto de la Ejecutiva nacional de Albert Rivera a los pactos y negociaciones directas con Vox.

“En futuras reuniones empezaremos a fijar aquellos puntos de los acuerdos [a negociar], pero con las tres partes”, subrayó ayer Monasterio, que sabe que Cs aspira a repetir la fórmula del acuerdo de Andalucía, donde el PP pactó con Cs y Vox por separado para lograr el Gobierno. “Ciudadanos es un socio del que esperamos que tenga la posición de cordialidad y cooperación que es necesaria para un gobierno”, añadió. “El señor Aguado sabe que para estar cuatro años en un gobierno hay que hablar con tus socios de legislatura. Es lo lógico”, siguió. “Tenemos que entender que en una negociación tienen que ceder las tres partes. Nosotros estamos dispuestos a ceder en cosas, pero lo primero es sentarse en una mesa a negociar con todos”, añadió.

“Tenemos interés en que esto salga adelante tanto PP, como Cs y Vox, por lo que todos somos el puente de todos”, abundó Díaz Ayuso, que intenta completar la cuadratura del círculo que implica alcanzar un acuerdo a tres cuando uno de sus socios omite al otro. “Nos gustaría que nos entendiéramos, con todos o uno a uno”, siguió, antes de verse hoy con Aguado. “Queremos que hablando todos con todos logremos un acuerdo en el que se respete a los votantes de los tres partidos”.

Mientras los líderes negocian, los nuevos diputados llegan a la Asamblea para recoger sus credenciales. Allí, todo es nuevo para Vox. Hasta 2018, cuando logró entrar en el parlamento de Andalucía, el partido de Santiago Abascal no tuvo representación en ninguna capital de provincia, ni en ningún parlamento regional, ni en el Congreso y el Senado. En consecuencia, carece de cuadros experimentados y de diputados doctorados en los vericuetos de los resortes parlamentarios.

Íñigo Henriquez de Luna, durante casi 20 años concejal, diputado y senador con el PP, actúa estos días como cicerone de sus once compañeros de Vox. Primero coordina una suerte de grupo de formación, centrado en la técnica parlamentaria básica, para que los nuevos representantes de los madrileños aprendan las diferencias entre registrar una proposición no de ley, una proposición de ley; los mecanismos de las preguntas orales y escritas… Y ayer, junto a Monasterio, empieza a enfrentarse a los problemas de intendencia que acompañan a la llegada de un nuevo grupo parlamentario.

Escaños en el pleno

¿Dónde estarán los despachos de Vox? ¿Dónde se sentarán en la Cámara? ¿Cómo funcionará la decisiva sesión constitutiva de la Asamblea, que el próximo martes decidirá quién preside la institución durante la legislatura?

Las preguntas se agolpan entre los nuevos diputados mientras el personal de la Cámara intenta resolverlas. “Esto es pura negociación”, les explican sobre la situación de las oficinas del partido en el edificio de grupos, que deberá pactarse con el resto de formaciones, como las plazas de parquin. “Se pueden tirar tabiques y hacer obra, pero cuanto menos mejor”, les recomiendan desde la Asamblea. “Y para la sesión constitutiva os hemos dispuesto en estos escaños, que no son los definitivos, para evitar el momento de caos de llegar y preguntarse: ¿dónde me siento? Ha sido un trabajo de chinos, porque no hay espacio, les cuentan, evitando, sin decirlo, que los diputados regionales de Vox emulen a sus compañeros nacionales, los más madrugadores el pasado 21 de mayo, cuando ocuparon la zona del PSOE en la sesión constitutiva del Congreso.

A los nuevos diputados les parece bien la distribución, entre Cs y Más Madrid, “invadiendo la parte izquierda”. Pero saben que todo está por negociar: su lugar definitivo en la Cámara, su voto en la constitución de la Mesa, y su apoyo a la investidura de Díaz Ayuso, que también necesita a Cs.

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