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Los infinitos hijos de Bach Padre

Gran concierto de la Sinfónica con arreglos de obras del cantor de Santo Tomás y composiciones de los siglos XX y XXI inspiradas en él

El concierto del viernes de la Orquesta Sinfónica de Galicia, dirigida por Paul Goodwin, fue un homenaje a Johann Sebastian Bach (1685 - 1750). Goodwin había programado una serie de obras de pequeña duración del maestro alemán en arreglo y “recomposición” del propio Goodwin y otras directamente inspiradas por el cantor de Santo Tomás a alguno de sus infinitos descendientes musicales.

Jugaba así el director británico con una de las características de la música barroca. La reutilización de fragmentos propios o la apropiación de ajenos fue una constante que permitió a los compositores de la época atender las exigencias de producción musical, especialmente litúrgica, de sus patronos. Tres grupos de sinfonías de Bach –entendidas como oberturas de alguna de sus cantatas- en arreglo de Goodwin se alternaron en la primera parte con obras de Ígor Stravinski y John Corigliano (n. 1938) (1882 - 1971).

Las obras de Bach-Goodwin tuvieron todo el sabor de la mejor música del periodo pero con el sonido brillante y la correcta afinación de los instrumentos modernos. Destacó la actuación de David Villa en el oboe solista, con precioso canto y generosísimo fraseo, y el continuo a cargo del violonchelo de Anne Yumino Weber y el fagot de Alejandro Salgueiro. También el sonido brillante y pulido de la trompeta de John Aigi Hurn.

La stravinskiana Dunbarton Oaks fue ocasión de lucimiento del virtuosismo orquestal e individual de la Orquesta Sinfónica de Galicia, que se vería aumentado en la Fuga (Ricercata) a 6 voces de la Ofrenda Musical en la monumental orquestación de Anton Webern (1883 - 1845). La precisa e inspirada dirección de Goodwin y la calidad de los profesores de la Sinfónica brillaron asimismo en las versiones de Vaughan Williams (1872 - 1958) y Arnold Foster (1898 -1963) -un desagravio para el primero tras su Quinta sinfonía, tocada hace dos semanas- y de las Bachianas brasileiras nº 2, con una gran actuación de la invitada Sara Seoane al saxo tenor y de Jon Etterbeek al trombón.

Los momentos culminantes del concierto estuvieron sin duda en los solos de Villa en el adagio de la sinfonía arriba mencionada, en la obra de Corigliano Fancy on .a Bach Air, -en arreglo orquestal encargado para el Carmel Bach Festival- tocada en la primera parte, y en la propina que regalaron Goodwin y la Sinfónica, la conocidísima Aria de la suite en re. Con la serenísima belleza contenida en la obra bachiana y la de Corigliano se creó alguno de esos momentos mágicos en los que la emoción eleva el espíritu de quien toca y de quienes escuchan. Bendito sea Bach Padre.

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