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CRÓNICA

TVE va al Liceu

La emisión en directo de una ópera en los cines se prepara meticulosamente

Grabación de la ópera 'La Gioconda', el pasado mes de abril en el Liceu.
Grabación de la ópera 'La Gioconda', el pasado mes de abril en el Liceu.

Domingo. Liceu. Función de La Gioconda. Se nota un potente despliegue de cámaras. En el primer entreacto, me acerco a una de ellas y observo unos folios pegados en su parte trasera con un minucioso minutado. El cámara responde amablemente a las preguntas de este espectador fisgón. “Hoy es el ensayo”. El próximo miércoles, la función se emitirá en directo a cines de Europa, Estados Unidos y Canadá y dentro de unos meses podrá verse en TVE. Pero esta última emisión no tiene problemas porque el diferido permite hacer correcciones con tranquilidad. Donde está el mayor riesgo es en el directo del miércoles. De ahí los preparativos. Exhaustivos.

En aquellos folios había un trabajo de miniaturista. ¿Cómo se prepara un directo como éste? En este caso, todo empieza con Gonzalo Bello, el director de la retransmisión; Albert Palau, el realizador; y Jordi Bello, el lector de partitura. Son el núcleo duro de un equipo de TVE que necesita estar altamente compenetrado.

El trabajo se inicia con este trío estudiando una grabación de la ópera. De aquel montaje o de otro disponible. Tras asistir a un ensayo en el Liceu y con las imágenes del montaje, el equipo hace una nueva planificación. Es como dibujar el storyboard. En una semana. “Tienes la oportunidad de contar tu cuento”, explica Gonzalo Bello. El lector de partitura anota en la misma lo que deciden: el número de plano y la cámara responsable. Y se hace el listado que se entrega al equipo. “El cámara no puede dudar”. Lo llaman “la Tabla de los Diez Mandamientos”. En La Gioconda hubo 1.086 planos. En el listado figura el minutado con los planos numerados, qué cámara debe suministrarlos, de qué tipo son (medio, de conjunto…), observaciones (si hay un mutis o determinada acción) y los tiempos. También hay un plan B porque han visto unos cuantos ensayos y saben que hay acciones imprevistas de los intérpretes que pueden destrozar un plano.

Con todo ello, el equipo graba una nueva función en vigilias de la emisión en directo para saber si estos mil planos que han pensado… funcionan. Entre ese día y el de la emisión, el equipo vuelve a repasar lo grabado y se hacen los últimos ajustes y pulidos. El día de autos, en la cabina de la unidad móvil, el lector de partitura dice la cámara que entra, anticipándose unos instantes para dar tiempo a que se haga en el momento exacto anotado en la partitura. Delante tiene un monitor con la imagen del director de orquesta para que pueda seguir su ritmo. El realizador apenas tiene unos segundos para comprobar que la cámara que debe entrar da la imagen pensada o ir a otra. El mezclador pincha la cámara seleccionada y el ayudante va cantando a los cámaras, por el audio interno, el número de plano y la cámara del siguiente. El director y el realizador son los que deben reaccionar ante imprevistos.

Albert Palau viene de las retransmisiones deportivas y la ópera ha sido el descubrimiento de un lenguaje televisivo y de un nivel de exigencia inédito. “Las temáticas muy minoritarias, como en el caso de la música clásica, tienen un público que sabe mucho de música, pero también de televisión. En el fútbol, si pinchas a Piqué cuando tocaría pinchar a Messi no pasa nada, salvo que te hayas perdido un penalti. En música, no puedes despistarte cuando entra la flauta travesera”. La gran diferencia, comenta, entre ambas realizaciones es que la primera es un directo que se improvisa porque la jugada no está predeterminada. En cambio, en la ópera, realizar el directo es aplicar una planificación que se ha preparado intensamente en los ensayos. “No se admite el error”.

Jordi Bello debutó como consultor musical de TVE en una ópera del Liceu con L’italiana in Algeri. Y no tuvo que esperar mucho para ponerse a prueba. En pleno directo, la cabina de realización se quedó sin sonido. No escuchaban la ópera. Bello, pendiente de los movimientos del director de orquesta, se mantuvo recitando número de plano y cámara. “Incluso canté la ópera para ayudar”. Dos interminables minutos más tarde, cuando volvió el sonido, estaban en el mismo momento de la partitura que los cantantes. Para Bello, una retransmisión no puede ignorar el tempo musical de la obra. “Que es muy distinto. No es lo mismo una ópera bufa, con frases cortas, más rápida, que una pieza dramática con otro fraseo y comunicación de los cantantes. En la ópera clásica, el fraseo y el tempo vienen determinados por la forma musical. En la verista, en cambio, coge fuerza el drama y el texto. No hay recitativos, es otro tempo”.

Gonzalo Bello explica que mantiene la narración televisiva a la altura del ojo, aunque no descarta contrapicados en momentos dramáticos muy señalados. Sí que prohíbe el zoom y la corrección del plano que está en el aire. Nunca hace primeros planos porque puede ser, como pasaba en La Gioconda, que la intérprete del personaje de la madre sea más joven que la soprano que hace el papel de hija. “Y porque en plena aria, el artista está concentrado colocando la voz”.

El equipo planifica en función de tres criterios: musical, narrativo y dramático. La música tiene una cadencia que la realización debe respetar. Gonzalo Bello es partidario de una realización invisible, donde no luzcan movimientos de cámara arbitrarios que interfieran en el espectáculo. Los movimientos escénicos deben tenerse presente. “Si hay un cambio de decorado o entra el coro, el espectador debe percibirlo. Ahí está una de las tareas de Albert”. Con todo, la dramaturgia es el criterio más importante. “Qué plano gana a los demás? Si un personaje le dice a otro que lo odia… ¿a quién muestras? ¿A quien lo dice o al odiado? Una ópera como La Gioconda, donde hay muchas subtramas, te permite muchas elecciones”. Gonzalo Bello defiende huir de la arbitrariedad y de la estética estéril. “No hacemos un videoclip. Hacemos un dramático”.

La Gioconda se emitió en 150 salas. La señal por satélite la suministra TVE y los subtitulados en el idioma de cada país, el Liceu. Muy pocos espectadores, sin embargo, se imaginan el meticuloso trabajo de precisión que hay detrás.

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