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CRÍTICA i

El Edipo moderno y feroz de Berkoff sacude el Lliure

El espectáculo de Josep Maria Mestres es uno de los mejores de la temporada

Un momento del montaje del Lliure.
Un momento del montaje del Lliure.

El teatro del dramaturgo, director y actor Steven Berkoff es como un puñetazo en la mandídula. Noquea el lenguaje soez, la carga sexual obscena, la crítica feroz con la que un Edipo moderno, transgresor e irreverrente retrata la Gran Bretaña devastada por Margaret Thatcher. La fuerza demoledora de Com els grecs, la versión de Greek dirigida con ritmo certero y maestría por Josep Maria Mestres, sacude el Lliure de Gràcia con cuatro bestias teatrales —Pablo Derqui, Sílvia Bel, Mercè Aránega y Pep Cruz— en estado de gracia.

La historia que cuenta ese gran intérprete de villanos que es el octogenario Berkoff tiene más raíces en Shakeaspeare que en los atormentados personajes de Sófocles; de hecho, libra a Edipo de su trágico final con humor y sarcasmo. Eddy (trasunto de Edipo) sale de un barrio marginal en busca de amor, poder y dinero, derribando obstáculos en un Londres punk que rezuma podredumbre moral y corrupción. Dan miedo las conexiones entre el paisaje thatcheriano de la trama original —Greek se estrenó en 1980— y el actual auge de la ultraderecha en toda Europa. Eddy suelta más tacos por minuto que nadie, y le siguen muy de cerca el resto de personajes en el uso de un lenguaje soez, cargado de descriptivas citas escatológicas. Por sus bocas escupen toneladas de mierda machista, homófoba y fascista, pero en la tragedia de Berkoff —la traducción de Joan Sellent es antológica— hay también espacio para el lirismo, en un estilo que Mestres define como "poética de la obscenidad".

Tiene todos los ases en la manga para convertirse en el mejor montaje de la temporada. Rara vez se produce una química en escena tan intensa como la que muestran Pablo Derqui —está sensacional como Edipo gamberro y sin complejos— y Sílvia Bel en la piel de su volcánica pareja. Defienden sus personajes con uñas, dientes, muchas visceras y hasta un punto de glamour en un vals que remite a los musicales de Fred Astaire y Gingers Rogers.

Están también inmensos Cruz como padre y gerente de una cafetería y Aránega en su triple cometido como madre, camarera y una esfinge que se adueña de la escena en una arenga feminista de alto voltaje teatral.En su punto la banda sonora del espectáculo, desde la telúrica fuerza de God Save The Queen de los Sex Pistols al patriótico Rule, Britannia! de Arne.

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