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PP

Casado se examina en Madrid

Para optar a llegar a La Moncloa, el líder nacional del PP tiene que mantener su control del partido en la región, que le aupó por sorpresa en las primarias internas y siempre ha sido el contrapeso natural de la dirección nacional

Pablo Casado en Oviedo junto a la candidata popular a la Presidencia del Principado, Teresa Mallada y al aspirante del PP a la Alcaldía de Oviedo, Alfredo Canteli.
Pablo Casado en Oviedo junto a la candidata popular a la Presidencia del Principado, Teresa Mallada y al aspirante del PP a la Alcaldía de Oviedo, Alfredo Canteli.

“No pienso dejar la presidencia del PP de Madrid. ¿Pero esto qué es? Tengo ilusión por ser alcaldesa, pero nadie me hace el programa y la lista (…) No soy un monigote”. Esa frase de Esperanza Aguirre protestando contra el equipo de Mariano Rajoy en 2015 resume por qué Pablo Casado se lo juega todo con la elección de los candidatos para el Ayuntamiento y la Comunidad en los comicios de mayo. El PP regional siempre ha actuado como contrapeso interno del nacional. Madrid es la tercera región de España que más diputados reparte en las elecciones generales, por lo que su control es fundamental para lograr la presidencia del Gobierno. Y aquí encontró Casado el trampolín para imponerse en las primarias que su partido celebró hace seis meses: mantener la sintonía con el PP de Madrid, acertando con los candidatos, es fundamental para su proyecto. Y algo más: marcará las posibilidades que tenga de llegar a la Moncloa.

“Pablo fue el presidente de las Nuevas Generaciones en Madrid”, recuerda un alto cargo madrileño para explicar las viejas raíces del líder en la Comunidad de Madrid, y el apoyo que logró en las elecciones internas que su formación celebró el pasado verano para decidir al sustituto de Rajoy. “En la cena de Navidad de este año saludó uno por uno a los 900 asistentes, y conocía el nombre de casi todos. Es querido y respetado”, añade sobre cómo ha estrechado relaciones con cargos intermedios y de base pura. “El PP regional está en plena sintonía con él”.

No es un dato menor. Tras años actuando como oposición interna al liderazgo nacional de Rajoy, el PP de Madrid ha vivido esta legislatura partido entre los aguirristas, los cifuentistas y una exigua minoría de independientes. Todos se vieron sacudidos por el terremoto que supuso la dimisión de Cristina Cifuentes, asediada por la polémica del caso máster tras enarbolar las banderas de la regeneración y la transparencia. Un golpe mortal para un partido marcado a fuego por el goteo incesante de casos de corrupción relacionados con los políticos implicados en los casos Púnica, Gürtel o Lezo. Y una oportunidad para un político atrevido: en mitad de la depresión interna, la candidatura de Casado sirvió como un ansiolítico inesperado que en Madrid recogió inmediatamente el apoyo de los liberales de Aguirre; convenció a un grupo importante de los pragmáticos de Cifuentes; y consiguió crear una corriente nueva para agrupar a los contrarios a María Dolores de Cospedal y a Soraya Sáenz de Santamaría. Desde entonces, los casadistas madrileños trabajan para convertir a la región en la punta de lanza de las propuestas, los modos y las estrategias comunicativas del nuevo presidente nacional.

Pablo Casado frente al Ministerio del Interior en 2007 para protestar por la decisión de este departamento de suavizar el régimen penitenciario del etarra José Ignacio de Juana Chaos.
Pablo Casado frente al Ministerio del Interior en 2007 para protestar por la decisión de este departamento de suavizar el régimen penitenciario del etarra José Ignacio de Juana Chaos.

Ese grupo, nutrido principalmente por los jóvenes del partido que habían compartido con Casado los años en las nuevas generaciones regionales, tiene capitanes claros: Antonio González Terol, vicesecretario de políticas sociales, diputado nacional, alcalde de Boadilla del Monte y el hombre que afilió a Casado al PP; Isabel García Ayuso, portavoz popular y exdiputada autonómica; o Ana Camins, diputada regional, vicesecretaria de acción sectorial y secretaria de familia del PP, que fuera la mano derecha de Casado en las juventudes de la formación conservadora.

Campaña personal

Junto a Alfonso Serrano, esos serán algunos de los nombres clave del PP para los comicios de mayo. Quedan apenas cuatro meses para esas elecciones, en las que el PP se juega perder el gobierno regional por primera vez en casi un cuarto de siglo. El partido llegará a la cita sin apenas tiempo para dar a conocer a su candidato. Y sin el viento de cola con el que contó en 2015 por ocupar el Gobierno de España. Casado asumirá toda la responsabilidad. Nadie en la formación consevadora duda de que el verdadero cartel electoral en Madrid será el de su líder nacional, que se multiplicará de mitin en mitin durante las elecciones autonómicas y municipales de mayo.

¿La razón? El futuro de Casado depende de que el PP triunfe en Madrid y de que cimente su sintonía con una de las organizaciones territoriales más potentes que tiene su partido. También, de mantener el Gobierno autonómico más importante que conserva el PP para que sirva de escaparate de sus propuestas programáticas antes de las próximas elecciones generales. Y, sobre todo, de que el nuevo barón popular de Madrid no matice ni puntualice su discurso, estableciendo un perfil propio que resulte divisivo en el partido: solo Rajoy sabe lo difícil que fue convivir con la oposición interna de Aguirre —que casi le costó la presidencia del partido en el Congreso de Valencia de 2008— y con la alargada sombra del liderazgo alternativo de Cristina Cifuentes. 

La doble excepción del PP

El PP será el único de los partidos madrileños que elija a sus dos candidatos por designación de su presidente, y sin pasar por primarias. Esa votación interna se celebra tanto en el caso del PSOE, como en el de Podemos, Ciudadanos y Vox.

Por ese procedimiento han sido seleccionados Ángel Gabilondo (PSOE) e Íñigo Errejón (Podemos) para las candidaturas autonómicas. Ignacio Aguado, el favorito para representar a Ciudadanos en la Asamblea, también se someterá a una votación interna, como su rival, Juan Carlos Bermejo.
A escala municipal, Manuela Carmena (Más Madrid) ha avanzado que organizará unas participadarias para validar su lista, sin especificar el método, que probablemente no afectaría a su condición de número uno. Begoña Villacís (Ciudadanos) y el candidato socialista pasarán por primarias.
No es ese el caso del PP, donde Casado sí fue elegido como presidente nacional en una votación en doble vuelta —primero los afiliados, y luego los compromisarios—. Es la otra excepción popular: las bases eligen indirectamente al líder, pero no al candidato.

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