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OPINIÓN i

El régimen del 2018

Cuando el 'procesismo' no sabe qué hacer ni adónde ir, abre una causa general contra la democracia española y arremete contra la Constitución.

Quim Torra, en el Parlament, en octubre.
Quim Torra, en el Parlament, en octubre.

La resolución aprobada por el Parlament en la que declaran antidemocrática y antisocial la Constitución demuestra el nivel al que ha descendido la política parlamentaria. Para no pocas fuerzas políticas, hacer política es hacer propuestas de textos inspiradores de pancartas, pintadas en corrales ajenos y cortes de carretera. En un invierno en que el procesismono sabe ni qué hacer ni adónde ir, se dedica a abrir una causa general contra la democracia española y arremeter contra la Constitución. La Constitución del 78 debe reformarse porque tiene años y defectos, pero como está es comparable a la de cualquier país europeo de larga tradición democrática.

La resolución podría reclamar la reforma de esos artículos de la Constitución, una atribución del Parlament, pero no interesa. Prefieren desprestigiarla antes que cambiarla, pintarle cara de testamento franquista. Su aprobación en 1978 fue un ejercicio de autodeterminación, de qué quería ser el pueblo de Cataluña, al ser votada por el 90% de los catalanes.

La resolución arremete de entrada contra la columna vertebral de la transición democrática, para emborronar el relato de izquierdas del pasado. Pretende hacer una relectura del ayer, cambiar la memoria democrática de la transición, la memoria obrera, la memoria vecinal, la memoria en blanco y negro de la lucha antifranquista con su nómina de presos, muertos y heridos. No es una memoria de renuncias, sino de sacrificios y conquistas. Aquello no fue ni una fiesta ni un paseo triunfal. De 1975 a 1982, 700 muertos y un golpe de Estado en un contexto terrible de estanflación, crisis, inflación galopante y colas de parados.

El 78 fue un impulso democrático y regenerador, junto con la entrada en Europa, que se agotó con un PSOE acorralado por la corrupción y un Aznar en el gobierno en 1996 hablando catalán con Pujol en la intimidad. Estamos donde estamos por la política de los gobiernos, de las leyes de los parlamentos, por la correlación de fuerzas y no por los textos constitucionales. Esta Constitución es en gran parte la constitución de la memoria republicana de la Guerra Civil, vivida o escuchada, y de la reconciliación. La Constitución tuvo un valor inmenso que recuerda una pegatina del viejo PSUC, Sí a la Constitució, queden derogades les lleis franquistes.

La resolución no se hace por ninguna causa mayor, sino para incordiar, una travesura para molestar. Como reclamar laicismo con una mano y aplaudir con la otra cuando Torra va como president a ayunar a Monasterio de Montserrat. Para las cosas serias y la escuela concertada, Dios está a su lado. Todo para coleccionar un nuevo titular para gloria y gracia del procesismo. “El Parlamento aprueba declarar antidemocrática y antisocial la Constitución”. Este titular les encantará a unos y les dolerá a otros. Duele la firma de los Comunes, que parecen no querer salir de una zona de confort de soberanismo retórico, azotes de un retórico régimen del 78 para caer en el abrazo del oso del régimen del 2018.

José Luis Atienza es portavoz de Comuns Federalistes.

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