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CRÍTICA i

Homar emociona en una hermosa historia de amistad

El actor da vida en el Lliure a los tres personajes de ‘La neta del senyor Linh

Lluís Homar durante una de las representaciones de 'La neta del senyor Linh' en el Lliure.
Lluís Homar durante una de las representaciones de 'La neta del senyor Linh' en el Lliure.

Contar bien un cuento es un arte. Y hay mucho arte, y sentimiento, en La neta del senyor Linh,el elegante y austero espectáculo del director de escena belga Guy Cassier a partir de la novela del escritor y cineasta francés Philippe Claudel que Lluís Homar protagoniza, de una forma memorable, en el Teatre Lliure. Cassier es un mago de las tecnologías que arropa el trabajo actoral con un preciso e imaginativo uso videográfico. Con tan sofisticado aliado, Homar da vida a tres personajes: el refugiado Linh, el viudo Bark y el narrador de un cuento que gana más emoción cuando la palabra se adueña del inmenso escenario.

Hay dolor y esperanza en este cuento —en forma de atípico monólogo— sobre los refugiados, la soledad y la amistad que surge, a raíz de un encuentro casual en un parque entre el señor Lihn, un refugiado asiático (probablemente Vietnam, aunque no se precisa en el texto) que emigra huyendo de una guerra para darle un futuro mejor a su nieta Sang Diu y trata de entender su nueva situación y el señor Bark, un viudo, afable y robusto, del país de acogida (quizá Francia, pero tampoco se indica).

La neta del senyor Linh

La neta del senyor Linh, a partir de la novela de Philippe Claudel. Lluís Homar. Dirección: Guy Cassiers. Traducción del francés: Sergi Belbel. Dramaturgia: Erwin Jans y Jérôme Kircher. Vídeo: Klaas Verpoest. Producción Teatre Lliure y Temporada Alta. Teatre Lliure, Montjuïc. Barcelona. Hasta el 30 de diciembre.

De hecho, es un cuento sobre la bondad y el afecto como antídotos contra la intolerancia y el odio xenófobo y racista. Muy necesarios en tiempos peligrosamente agitados por nacionalismos y populismos extremos.

Dejando a un lado la plaga de toses molestas que rompen instantes mágicos, en La neta del senyor Linh se crean momentos de antológico silencio en un relato con puntos de tensión emocional que no llegan a desbordarse gracias al concienzudo trabajo de Lluís Homar. Se nota la búsqueda obsesiva hasta encontrar el tono más natural en la voz y en los gestos de unos personajes que, hablando distintos idiomas, se entienden a través del brillo en los ojos, los gestos, la expresión facial. Lo consigue Homar desde una contención y una austeridad que transmiten la carga emotiva del relato sin añadidos.

Atmósfera inquietante

Hay mucho espacio abierto a la imaginación del espectador, que puede descubrir y hacer suyas las historias que se cuentan en La neta del senyor Linh. El escenario negro, casi desnudo, con dos sillas negras, algunos instrumentos musicales y dos cámaras instaladas sobre trípodes, crean una atmósfera inquietante, como las imágenes en blanco y negro proyectadas en una gran pantalla negra. Por eso las ráfagas de luz iluminan con especial fuerza momentos clave de este atípico monólogo con tres personajes en la voz, la emoción y el alma de un gran actor.

El montaje es una coproducción de Temporada Alta, donde se vio entre el 6 y 8 de diciembre, y el Teatre Lliure que forma parte de un proyecto europeo de Cassiers y su Toneelhuis de Anvers que dirige, cambiando de lengua y actor en cada país, en francés, flamenco, inglés y catalán. Aquí hemos tenido suerte: la traducción del francés de Sergi Belbel conserva esa capacidad de emocionar con las palabras que se escuchan en las voces de Homar y en las proyecciones.

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