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Àngel Llàcer: “Hemos de atrevernos a ser como somos”

El director y actor afirma que ‘La jaula de las locas’, que arranca el 14 de septiembre, reivindica la libertad

Àngel Llàcer, en el centro, con Ivan Labanda (izquierda) y Manu Guix, en un ensayo de 'La jaula de las locas'.
Àngel Llàcer, en el centro, con Ivan Labanda (izquierda) y Manu Guix, en un ensayo de 'La jaula de las locas'.

La esperada versión de Àngel Llàcer y Manu Guix de La jaula de las locas ha entrado en la recta final de ensayos en el Teatro Tívoli de Barcelona antes empezar representaciones el 14 de septiembre (estreno absoluto el 27). El espectáculo se basa en la comedia musical de Broadway de 1983 ganadora de seis Tony que a su vez adaptó la pieza teatral de 1973 del dramaturgo francés Jean Poiret, llevada al cine en múltiples ocasiones. En 1999 la protagonizaron en el Condal Joan Pera y Paco Morán dirigidos por Àngel Alonso. El montaje, producción de gran formato de Nostromo Live, se presenta como un canto vigente a la libertad individual y colectiva. El espectáculo dura dos horas y media, y lo interpretan 28 artistas.

Además de ser el director escénico de La jaula de las locas, Llàcer interpreta el papel de Albin, el gran caramelo de la función, el entrañable transformista que ha de hacerse pasar por la madre del hijo de su pareja George (Ivan Labanda), propiciando los divertidísimos equívocos de la obra. ¡Qué diferente este papel del de Víctor Frankenstein, el creador del monstruo, que interpretaba en el Teatre Nacional de Catalunya! “Desde luego, qué cambio, y cómo se agradece”, explica Llàcer en una pausa de los ensayos en el Tívoli. El director y actor sufre dolor de barriga, él dice, entre risas, que por haber bebido de una fuente en Ribes de Freser, pero van a ser también los nervios. “Los personajes que encarnas te afectan, porque te pasas un tiempo viviendo a tiempo completo con ellos. Este es divertido y te imprime una suerte de felicidad. Lo de Frankenstein era meterte en la oscuridad y el mal rollo, también lo disfrutas actoralmente, pero de otra forma”.

Las imágenes que se han adelantado de La jaula de las locas muestran a Llàcer desatado y travestido genialmente, con un aire a lo Marilyn Monroe. “Pues sí, con esa peluca. Pero no es buscado. La dificultad del personaje es ser muchos: el Albin que actúa en el club nocturno La Cage aux Folles, su interpretación de la madre ante los suegros ultraconservadores del hijo de su pareja Georges, él mismo cuando no es la estrella del cabaré... Y lo tienes que interpretar en todos esos roles, y cantando”.

Un ensayo de 'La jaula de las locas' en el Tívoli.
Un ensayo de 'La jaula de las locas' en el Tívoli.

Àngel Llàcer tiene muy buenos recuerdos de la película icónica (Vicios pequeños, 1978, con Ugo Tonazzi y Michel Serrault), que vio de niño. “Me meaba de risa, aunque, claro, no entendía todo el mensaje. En esa época pensaba que éramos muy libres, ahora me he dado cuenta de que no, no lo éramos. Siguen habiendo cortapisas a la verdadera libertad. Me parece por eso un buen momento para reivindicar de manera divertida y lúdica y desde un gran espectáculo la libertad, decir, como hace la obra, que nos hemos de atrever a ser como somos, y no tener miedo”.

El actor y director recalca que el espectáculo, producción de Nostromo Live con dirección musical de Manu Guix, es fundamentalmente una oportunidad para pasarlo bien, aunque matiza que te encontrarás otros contenidos aparte de los lúdicos como esa reivindicación o el hecho de que se habla mucho de amor. “Hay una gran ternura en esta historia”, subraya.

Del hecho de tener que dirigir y actuar en la misma obra, Llàcer dice que no le ha supuesto un reto especial, que está acostumbrado. “El secreto está en tener un gran equipo, como es el caso, y en saber delegar”.

De la química con Labanda, dice que funciona muy bien y que es un actor que trabaja muchísimo (“no soporto a los actores gandules”) y que resulta “estupendo hasta para invitarlo a cenar”.

Le hace gracia que habrá gente que cuando le vean en La jaula de las locas “dirán: 'el Llàcer se ha montado al fin la obra para él que siempre había querido hacer', y resulta que ha sido una propuesta, un encargo. Aunque no he de negarlo: disfruto”.