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Los espíritus andan sueltos por el CCCB

Una exposición aborda las tradiciones secretas en el arte y un ciclo de cine la magia y el ocultismo

La escultura ‘Madame Blavatsky’, de Goshka Macuga, en la exposición ‘La llum negra’ del CCCB.
La escultura ‘Madame Blavatsky’, de Goshka Macuga, en la exposición ‘La llum negra’ del CCCB.

Una mujer reposa tumbada apoyando la cabeza en el asiento de una silla y los pies, en otra. Como suspendida en el aire, levitando. La luz en la sala es tenue y arroja un haz directo a la cara, que parece de mármol. De lejos, ya impresiona. La figura está realizada con madera tallada, tela, cabellos humanos —de verdad— y zapatos. Pero todo eso no se aprecia hasta que se está bastante cerca de Madame Blavatsky que es el título de la escultura realizada por la artista polonesa Goshka Macuga. Helena Blavatsky fue una ocultista rusa, autora de La doctrina secreta, y estudiosa de los fenómenos paranormales. Un tema que le interesa de forma especial a Macuga y que cuadra a la perfección en la exposición La llum negra del CCCB sobre las tradiciones secretas en el arte desde los años cincuenta.

El paseo por las salas es todo una iniciación sobre la influencia de las corrientes esotéricas, las filosofías orientales, la magia, la psicodelia o el efecto alucinógeno de las drogas vista por un nutrido número de artistas tan distintos como Antoni Tàpies, Jordan Belson, Rudolf Steiner, Henri Michaux, Joan Ponç, Agnes Martin o Macuga, entre otros. La muestra está formada por unas 350 obras —dispuestas de una forma más o menos cronológica — de pinturas, grabados, esculturas, fotografías, dibujos, música y audiovisuales entorno a corrientes tan en boga en la contracultura de las décadas de los 60 y 70 que ahora han vuelto a centrar el interés de artistas y también de la sociedad.

Los audiovisuales —de distintos formatos y todos ellos bastante inquietantes —son trabajos de cine experimental en torno a esos fenómenos a los que este año el CCCB también dedica su ciclo de cine a la fresca que convierte el patio del centro en una gran sala de cine con cómodas gandulas. “A veces se ha hecho coincidir el tema del ciclo de cine con una exposición. Este año se decidió así porque la cuestión del esoterismo y las tradiciones secretas se han tratado profusamente tanto por artistas como por cineastas”, explica Ángela Martínez, responsable del área audiovisual del CCCB.

Pinturas, esculturas y audiovisuales en la muestra ‘La llum negra’

El centro de cultura fue uno de los primeros en programar cine a la fresca en Barcelona en los meses de agosto a finales de los años noventa aunque con otro nombre: Nits d'Agost que programaba cines concierto. Aquel proyecto inicial se transformó y desde 2003 se llama Gandules. El CCCB escoge siempre el tema y busca un especialista para comisariarlo. Este año el ciclo Cinema il·luminat. Màgia, lisèrgia i ocultisme ha sido programado por la crítica de arte Mery Cuesta. “Es una experta e investigadora en ocultismo y esoterismo y ella fue la que escogió las nueve películas que se han programado”, añade Cuesta. El cine a la fresca es, en cierto modo, el reflejo de otras actividades que realiza el CCCB en formatos más reflexivos, como conferencias o debates. “Un cine abierto al público general tiene que ser más entendible que los audiovisuales que se pueden ver en la exposición”, añade. Por poner un ejemplo, el audiovisual Invocation of my demon Brother, un cortometraje de 1969 de Kenneth Anger —con música compuesta por Mick Jagger— de la muestra sería de difícil digestión para un público general.

Cine a la fresca en el patio del centro cultural
Cine a la fresca en el patio del centro cultural

Las cintas que se proyectan son copias cinematográficas en 35 milímetros y es frecuente que algunas sean cedidas por filmotecas que las han restaurado. Como la inquietante —y a ratos muy desagradable —Mondo Cane, que se proyectó el martes pasado, del fondo de la Filmoteca de Milán. La mezcla de barbarie, anomalías humanas, alucinaciones —todo ello salpicado de dosis de macabro humor— de Gualterio Jacopetti, Paolo Cavara y Franco Prosperi en una película de 1962,  que en su día levantó una considerable polvareda, atrajo a un público muy heterogéneo y bastante cinéfilo que suele ser, en su gran mayoría, autóctono.

Películas sobre fenómenos extraños, fantasías y terror

El ciclo—gratuito para el espectador y que concluye el próximo jueves— ha supuesto un coste de 30.000 euros financiado a medias por el CCCB y por Gas Natural que ha sido patrocinador habitual y que ha anunciado que retira la subvención para el año próximo.