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Torra pone en riesgo la distensión entre el Gobierno y la Generalitat

La Moncloa defiende que Sánchez, mantiene “inquebrantable” su voluntad de diálogo pero aclara que en España no hay "presos políticos"

El presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra (2d), camina por Washington con algunos miembros de su comitiva. En vídeo, declaraciones de Pedro Sánchez. FOTO: EFE / VÍDEO: ATLAS

La situación política en Cataluña está lejos de la normalización por más que el Gobierno esté intentando no alimentar la tensión y una parte importante del independentismo abogue ahora por abandonar la vía unilateral. La cuestión es que entre los que siguen con declaraciones poco acordes con el nuevo clima está el presidente de la Generalitat, Quim Torra, que sigue actuando como correa de trasmisión del expresidente huido, Carles Puigdemont. Sus últimas intervenciones públicas, especialmente las que está teniendo en Estados Unidos, donde se encuentra de viaje oficial, están poniendo en cuestión la estrategia que están intentando trazar, desde fuera del Govern, los dos principales partidos del independentistas, el PDeCAT y Esquerra.

Torra protagonizó la noche del miércoles el conflicto más serio de los que ha tenido hasta ahora con el Gobierno central con un ostentoso desplante al embajador de España en Estados Unidos durante un acto previo a la inauguración del festival cultural Smithsonian que se celebra en Washington y en el que Cataluña participa como invitada. Torra defendió en su discurso, como suele hacerlo en todas sus intervenciones públicas, la existencia de “presos políticos” en España y utilizó los términos “represión” y “exilio” para describir la causa judicial de algunos de los imputados por el procés. También comparó implícitamente la situación de Cataluña con el “sufrimiento” del pueblo armenio.

Cuando el embajador, Pedro Morenés, tomó la palabra y acusó a Torra de mentir asegurando que “en España no hay presos políticos”, el president y su comitiva abandonaron el acto entre gritos de “libertad”, según explicaron testigos presenciales. El acto estaba cerrado a la prensa.

El incidente desató las alarmas en el Gobierno, especialmente por haberse producido en el marco de un encuentro internacional. Tanto Sánchez como el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, defendió al embajador: “No podía permanecer impasible ante los ataques dirigidos contra España y su sistema judicial”, dijo Borrell. Fuentes de La Moncloa explicaron que Sánchez, mantiene “inquebrantable” su voluntad de diálogo y que no dejará que nada perturbe este objetivo, si bien insistió en que España “no hay presos políticos, lo que hay es una crisis política que hay que resolver desde la política”.

Pero la actuación de Torra en el acto con el embajador no es la única cuestión que inquieta al Gobierno. El president, a diferencia de otros sectores del independentismo, no parece en absoluto dispuesto a rectificar el rumbo, especialmente después que también aprovechara su viaje a Washington para anunciar a la prensa internacional que su primera petición a Pedro Sánchez en la reunión del 9 de julio será la de un referéndum, algo que Sánchez ya dijo que no será posible.

Torra también aseguró hace pocos días que su intención es provocar “otro 1 de octubre”, en referencia a una “ventana de oportunidad” para hacer efectiva la república catalana. “La normalización de la situación no llegará hasta que los catalanes no puedan ejercer plenamente sus derechos”, aseguró la portavoz del Govern, Elsa Artadi, el pasado martes.

Cambios en el PDeCAT

En Cataluña también hay señales contradictorias. Mientras la Generalitat parece actuar, en el día a día, en la vía de respeto a la legalidad, el independentismo volvió a organizarse ayer en la calle para protestar por la presencia del rey en el acto de entrega de los premios Princesa de Girona. Ningún representante del Govern acudió al mismo y la alcaldesa de Girona, Marta Madrenas (PDeCAT) se puso al frente de algunas de las protestas.

Las dificultades para bajar revoluciones en el procés también amenazan con contagiarse a Esquerra al PDeCAT. Los republicanos tienen este fin de semana una conferencia política en la que esperaban sellar su apuesta por abandonar la unilateralidad e intentar forzar un diálogo con el Estado. El borrador de la ponencia, sin embargo, ha recibido enmiendas que piden dejar la puerta abierta a “no renuncia a ninguna vía”.

En el PDeCAT la situación puede ser aún más complicada. El fin de semana del 21 de julio, los neoconvergentes realizarán una asamblea en la que finalmente sí se debatirá un cambio en la cúpula del partido. Los críticos con la actual dirección de Marta Pascal, ahora reunidos en torno a la figura de Puigdemont, ya habían mostrado su interés en cambiar el rumbo de la formación e incluso pugnar por el liderazgo. El texto de la ponencia aboga por “estructurar una acción política posibilista” para lograr una república catalana.

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