Crítica
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El credo de la diversión

The Noises enarbolan un nombre equívoco: no son amigos del ruido, sino traviesos

Fran Gómez, cantante de The Noises.
Fran Gómez, cantante de The Noises.Carlos Ortolá

The Noises enarbolan un nombre equívoco: no son amigos del ruido, sino traviesos y hasta un pelín rijosos. Han tardado en consolidarse, pero su paso de anoche por la Joy Eslava, para estrenar su ya quinto álbum, tenía algo de sacudida huracanada. “Nadie te lo hará mejor que yo”, reza la frase inaugural de En casa, el tema que abre su disco Sesión y el concierto de anoche, y no parece referirse precisamente a un trabajo para el instituto. Hay jovialidad, alegría a borbotones en este quinteto.

Puede que aún le cueste creérselo a él mismo, pero se nota en el bailongo Fran Gómez madera de líder embaucador. Encarna una vertiente hedonista que se rastrea más en La Casa Azul o Miss Caffeína (su cantante, Alberto Jiménez, compareció para una eufórica lectura de En sus tumbas) que en las filas oficiales del indie. En realidad, The Noises hacen sencillo el credo de la diversión. “Quédate a cenar conmigo / y haremos el amor dormidos” no parece el tipo de texto más ingenioso que se puede escribir a los treinta. Tampoco lo pretenden: con una sección rítmica tan juguetona, el disfrute siempre queda más cerca que el tormento sesudo.

El aperitivo corrió por cuenta de los jovencísimos Venturi, trío alborotador uniformado con camisas blanquinegras. Habrá igualmente que vigilarlos y confiar en algún tema redondo, adictivo. Lo que aún echamos de menos en estos Ruidos demasiado ceñidos, por ahora, a su propia fórmula.

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