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El Metro deja de ingresar 9,6 millones cada año por los que se cuelan

Unos 49.000 personas no pagan el suburbano cada día, según datos de Transportes Metropolitanos de Barcelona

Controles en la estación del Metro de Diagonal.
Controles en la estación del Metro de Diagonal.

El Metro de Barcelona deja de ingresar cada año 9,6 millones de euros debido a los usuarios que de forma habitual o esporádica no pagan el billete. Un día laborable se desplazan por el suburbano de la capital catalana más de 1,4 millones de usuarios. De estos, hay 49.000 morosos, el 3,5 % del total, según Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB). Ese goteo no solo deja un agujero en la caja de los transportes públicos, sino que también causa problemas de civismo con quienes sí abonan los billetes, según Metro de Barcelona.

Son las 15.30 de un viernes cualquiera en la estación de Diagonal. Un intercambiador entre la línea 3 y la línea 5 que acumula centenares de usuarios. Se trata de un control más, como los que cada día se llevan a cabo en el Metro de Barcelona. La práctica se intensifica en algunas épocas del año con una doble intención: por un lado, reducir el fraude y, por otro, favorecer la convivencia en el transporte público entre quienes pagan y quienes no lo hacen.

Una docena de efectivos, entre los que se encuentran interventores —antes se les denominaba revisores— y agentes de seguridad privada, comienzan a colocar unas vallas móviles. El dispositivo está preparado y no hay escapatoria. Venga el usuario de donde venga se topará —de golpe y por sorpresa— con uno de los controles orquestado por TMB. “Estaremos aquí tres horas”, señala una de las personas que diseña el operativo.

Ricardo Ortega, responsable de la Unidad de Seguridad y Protección Civil del Metro de Barcelona, conoce a la perfección el modus operandi de aquellos que esquivan pagar el servicio. Están los que con más o menos habilidad saltan los tornos, reptan por debajo de ellos o entran en la zona de pago después de acceder por las puertas destinadas a la salida de los usuarios. “Actualmente, el 75% de las estaciones de metro están dotadas con líneas de peaje mucho más complicadas de vulnerar que los anteriores tornos”, asegura Ortega. El responsable es consciente de que con la implantación de estos accesos se ha extendido un tipo de persona que no paga el billete y para ello “utiliza la técnica del trenecito”.

O lo que es lo mismo, se coloca detrás de un usuario que está atravesando la línea de peaje tras validar su billete y aprovecha que se abren las barreras para pasar al otro lado dejando muy pocos centímetros de distancia con el ciudadano que sí se ha rascado su bolsillo. “Este tipo de fraude molesta más a los usuarios y en ocasiones genera problemas de convivencia. Te invaden el espacio vital y además te sientes utilizado”, remarca Ortega.

Capítulo aparte son las acciones fraudulentas que van más allá como es el caso de utilizar el título de un jubilado o menor, que es nominal y cuesta mucho menos dinero para viajar. Otro timo es la utilización de tarjetas clonadas, unas cartulinas que son idénticas a las que expide TMB pero que están falsificadas y se venden en lugares tan sospechosos como bazares o las expide un individuo en mitad de la calle. Ortega asegura que no hay ni zonas ni prototipos de personas más propensas a no pagar el transporte público.

En el transbordo de Diagonal, los interventores solicitan uno a uno los billetes de los usuarios. Colocan el título en una pequeña máquina y esta les aporta informaciones tales como el número del DNI —en los abonos que lo necesitan— y cuándo y cómo han sido utilizados los títulos de transporte. Una simple conversación con los interventores hace sospechar que el responsable de seguridad del Metro ha preferido ser políticamente correcto. “Hay veces que por la manera que viene el tipo ya sé si tiene billete o no”, afirma una de las revisoras. Otro destaca que la Línea 4, sobre todo en el extremo de La Pau, “es un poco más problemática”.

El control continúa en el intercambio de Diagonal. Los usuarios pasan de forma sorprendentemente civilizada por los controles. La mayoría, a la que ven los uniformes, sacan la T-10 y el DNI. La normalidad se instala en el suburbano de la capital catalana.

Una multa de 100 euros por ir sin billete

Un joven topa con el control. Intenta dar media vuelta, pero un vigilante le intercepta. No lleva billete. La multa es de 100 euros. Si paga en dos días, será la mitad. Después es el turno de una pareja con una tarjeta falsificada. Además de a la multa, se enfrentan a un delito de falsificación. La acompañante se niega a identificarse y los responsables del Metro llaman a los Mossos. “Ahora se enfrentan también a obstrucción administrativa”, señala el responsable de la Unidad seguridad de Metro. En 15 minutos, la joven se ha ganado sanciones que suman más de 400 euros. Pero cuando llegan los Mossos, hace ya minutos que se ha identificado para evitar el problema que se le venía encima.