Los cabos sueltos de Tierno Galván

Las celebraciones del centenario del célebre alcalde de Madrid realzan su figura como uno de los grandes intelectuales y políticos del siglo pasado

Miquel Iceta y Adriana Lastra escuchan la intervencion de Tierno Perez-Relaño, hijo de Tierno Galván, este miércoles, durante el homenaje por los 100 años del nacimiento del 'viejo profesor'.
Miquel Iceta y Adriana Lastra escuchan la intervencion de Tierno Perez-Relaño, hijo de Tierno Galván, este miércoles, durante el homenaje por los 100 años del nacimiento del 'viejo profesor'.Julián Rojas

“Más libros, más libres” es el lema con el que Enrique Tierno Galván alimentó su valiente, atribulada y compleja biografía. Nacido hace cien años en Madrid, fue un hombre público extravagante, en el sentido socrático del término, es decir, que se apartaba de lo común entre los políticos o profesores al uso. Era aún joven y lo llamaban ya El viejo profesor. Encarcelado en 1957, fue expulsado en 1965 por la dictadura franquista, a perpetuidad, de su cátedra de Derecho Político en la Universidad de Salamanca. Pese a todo, muchos gerifaltes franquistas lo invitaban a cenas y coloquios. Era un exiliado interior, forzado a ganarse la vida como traductor o conferenciante en universidades extranjeras, pero las entrevistas que le hacían en los mejores periódicos del mundo eran leídas por las élites para enterarse de los achaques del dictador y su régimen. Fue un intelectual comprometido. La dictadura no pudo con él. Cuando se sintió acorralado en exceso, hizo las maletas para enseñar un tiempo en la Universidad de Princeton, en Estados Unidos. Regresó en 1967 como un intocable al que había que molestar de vez en cuando para bajarle los humos, pero sin exagerar los castigos. “Quien toca a Tierno, toca a Europa”, llegó a escribirse. Los medios intelectuales europeos lo mimaron con frecuencia. No en vano creó una Asociación por la Unidad Funcional de Europa, con un ideario que mezclaba humanismo y europeísmo.

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“Tierno tuvo el coraje de ser un profesor comprometido en una época de sumisiones y envilecimientos, y se atrevió a ser un ciudadano exigente y libre cuando a su alrededor muchos hacían dejación de sus convicciones demostrando un oportunismo despreciable”, afirma el filósofo y dirigente socialista Antonio Chazarra, que lo conoció a fondo. Lo dijo este miércoles en el homenaje organizado por el Centro Social de Covibar, de Rivas-Vaciamadrid, en el que también hablaron los dirigentes socialistas Miquel Iceta, Adriana Lastra, José Manuel Franco y Carmen Barahona, además del hijo del célebre político, Enrique Tierno Pérez Relaño.

Su expulsión de la universidad, junto a José Luis López Aranguren y Agustín García Calvo, entre otros catedráticos, por apoyar las protestas estudiantiles que empezaban a proliferar al comienzo de la década de los 60, fue un tormento para la dictadura dentro y fuera de España. José María Valverde, catedrático de Estética en Barcelona procedente del bando franquista, se solidarizó con ellos de forma sublime. Vestido con la toga académica, hizo retratarse ante una pizarra en la que había escrito: "Nulla aesthetica sine ethica, ergo: apaga y vámonos". Inmediatamente, pidió la excedencia por motivos personales y envió la fotografía a Aranguren, hasta entonces catedrático de Ética. Como ha escrito el filólogo Jordi Amat, fue un memorable corte de mangas ejemplar al sistema.

“Hoy no ha habido más novedades que unas importantes declaraciones de Tierno Galván a Le Figaro, apuntó Manuel Fraga Iribarne el 5 de enero de 1964 en su diario de responsable de la censura nacional como ministro de Información y Turismo. Lo escribe en la página 104 de Memoria breve de una vida pública. El ministro de propaganda de Franco se refiere esa vez a una entrevista publicada en el gran periódico conservador de París, que Fraga ordena secuestrar ese día en las fronteras con Francia. Lo volverá a hacer en las incontables ocasiones en que Tierno escribe artículos, muchas veces con seudónimos, o es entrevistado en Le Monde (Francia), New York Times (Estados Unidos) o en el Frankfurter Allgemeine Zeitung (Alemania), entre otros medios.

“Lunes, 25. Navidad. Un día feliz. No hay periódicos”, apunta Fraga en su diario, también en 1964. Con igual frialdad da cuenta de propuestas para verse con Tierno en privado, como de las detenciones y represalias que sufre el ‘viejo profesor’. “Almuerzo con José María Pemán y su yerno Ramón Guerrero. Numerosas detenciones (Tierno y otros)”, escribe otro día. Las memorias del ministro censor sólo denotan remordimiento cuando relata con detalle una cacería de perdices en Mudela, en Ciudad Real. Dice: “Fue entonces cuando tuve la desgracia de darle un plomazo en salva sea la parte a la marquesa de Villaverde. Yo tiraba entonces sin pantallón y una perdiz baja que pasó entre los dos dio lugar al monumental error. Carmen Franco estaba, además, entre su padre y yo. Siguieron unos momentos indescriptibles (...) No he vuelto a plomear a nadie”.

La obsesión de Fraga por ganarse a Tierno tenía un largo recorrido. El ministro franquista aspiraba a ser considerado en Europa como un pensador político de fuste. No tiene gran aprecio por Ortega y Gasset, que le parece un papagayo, pero le escuece que, cuando el autor de ’La rebelión de las masas’ organiza coloquios en Alemania, de gran éxito incluso económico, toma como compañeros de un debate sobre ‘Individuo y organización’, nada menos que a Theodor W. Adorno y al profesor español Tierno Galván, que entonces tenía 36 años.

Tampoco fueron pacíficos aquellos años para Tierno como militante clandestino del PSOE, en el ala marxista. Acabaron expulsándolo, junto a José Federico de Carvajal, más tarde presidente del Senado. Tierno fundó entonces el Partido Socialista Popular, en compañía de Raúl Morodo, Fernando Morán y José Bono, entre otros. Lo lideró en las primeras elecciones tras la muerte de Franco y obtuvo ocho diputados. Entonces se reincorporó al PSOE. Tuvo el privilegio de redactar el preámbulo de la Constitución de 1978 y fue aupado a la alcaldía de Madrid en 1979, con Joaquín Leguina, Juan Barranco y Ramón Tamames como principales apoyos en el gobierno municipal. Su muerte, el 19 de enero de 1986, conmocionó a los madrileños. Dicen las crónicas que el entierro se convirtió en una de las concentraciones más numerosas de las ocurridas en la capital de España.

Que Tierno era en España, en aquel momento, lo que el inconmensurable Víctor Hugo para los franceses en tiempos del peor Napoleón, lo dijo Francisco Umbral en el libro ‘Y Tierno Galván ascendió a los cielos”. Víctor Hugo rompió con Luis Napoleón Bonaparte con su ‘Discurso sobre la miseria’. También Tierno escribió sobre los pobres, la moral, el capitalismo sin corazón y contra los tiranos. Entre su medio centenar de libros que merecen nuevas lecturas está Baboeuf y Los Iguales. Un episodio del socialismo premarxista.

Como ocurre con otros centenarios, el de Tierno se produce desdibujado. El político parece aplastar al intelectual, autor de libros de gran influencia. Se recuerdan su polémica autobiografía, que tituló ‘Cabos sueltos’, sus encantadores ‘Bandos del alcalde’, y los discursos genialmente extravagantes, que jalearon la ‘Movida madrileña’ (aquel “Rockeros, el que no se haya colocado que se coloque… y al loro”, por ejemplo). Queda al margen la obra de quien fue un adelantando, por su inteligencia y rigor intelectual, como catador del pensamiento que se producía en una Europa que el franquismo sentía como amenaza. Por ejemplo, fue Tierno quien introdujo en España a Ludwig Wittgenstein, traduciendo en 1957 el Tractatus. También se ocupó de Marx, Erasmo, Vives, Costa, Gracián, Galdós, Rousseau o Diderot.

Pese a la censura, logró publicar en Taurus, Tecnos, Seix-Barral, La Gaya Ciencia, Tucar, Turner y Bruguera, entre otras editoriales de prestigio, obras que merecerían ser reeditadas. Antonio Rovira, director de un máster en la Cátedra Jesús de Polanco, de la Universidad Autónoma de Madrid/Fundación Santillana, ha reunido en ocho voluminosos tomos (casi once mil páginas) sus obras completas, ayudado por un nutrido equipo de investigación y de edición de textos. Hace dos meses se preguntaba en este periódico “por qué durante una época ha estado bien visto desdeñarlo”. Esta es su respuesta: “Quizás su carácter distante y su ironía lo explique, pero también se explica porque todo lo hizo por libre, y en España ir por libre es una fatalidad y se paga, vaya si se paga. Sanciones, censuras, silencios, procesamientos y sobre todo muchas dificultades económicas le obligaron a aceptar trabajos honrados pero modestamente retribuidos, como clases particulares o traducciones, poco adecuados para un intelectual de su valía”.

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