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Dalí es inmortal

Un documental, con material inédito, muestra el interés del pintor por trascender más allá de la muerte

Dalí, en 1950, dentro de la chimenea del comedor de Portlligat, en fase de construcción por Emili Puignau.
Dalí, en 1950, dentro de la chimenea del comedor de Portlligat, en fase de construcción por Emili Puignau.

“¿A qué tiene miedo señor Dalí?”, le preguntó una periodista al pintor de Figueres en 1970: “Solo a la muerte. Me horroriza la muerte”. A Salvador Dalí no le gustaba hablar del tema. “Yo no creo en mi propia muerte”, llegó a decir. Tampoco a Gala. A la pareja les causaba una gran impresión la muerte y delante de ellos era imposible hacer referencia al tema, ni mencionar que alguien había fallecido en Cadaqués, tal y como recuerdan algunos de los que vivieron junto a ellos en Portlligat. El miedo de Dalí era tal que cuando pasaba por delante del cementerio donde estaba enterrado su padre desde 1950, le decía a su chófer: “Arturo, ¡pasa deprisa, pasa deprisa!”. Dalí luchó durante toda su vida por conseguir que la muerte no le alcanzase, marcado desde el primer momento por el hecho de que había nacido con la sombra de un hermano mayor que no conoció porque murió antes de que naciera el pintor, pero del que heredó su nombre Salvador.

Gala y Dalí en 1980.
Gala y Dalí en 1980.

La vida más allá de la muerte que cultivó el artista en sus pinturas y en sus escritos es el tema del documental Salvador Dalí. En busca de la inmortalidad que ha producido la Fundación Gala-Salvador Dalí y que podrá verse en casi 70 salas de toda España, 15 de ellos catalanes, hoy y los días 19 y 20 de abril. También podrá verse en fechas próximas en países como Francia, Reino Unido, Italia, Canadá, Ecuador, México y China, que ya han adquirido los derechos.

La cinta, de casi dos horas de duración, es un recorrido vital desde 1929 en el que Dalí conoce a Gala y aterriza en París y se hace clave en el movimiento surrealista hasta su fallecimiento físico en 1989. Se ha planteado como un diálogo entre Montse Aguer, directora de los Museos Dalí y del Centro de Estudios Dalinianos y Jordi Artigas, responsable de las casa-museos de Portlligat y Púbol en presencia del director de la cinta David Pujol (DocDoc Films). Los tres recorren los principales escenarios dalinianos, desde la casa de Portlligat construida a partir de una pequeña barraca que fue creciendo “como una verdadera estructura biológica… A cada nuevo impulso de nuestra vida le correspondía una nueva célula, una habitación”. La casa crecía y la vida de Dalí y Gala era cada vez más compleja y popular. El documental, profusamente ilustrado con cientos de las fotografías que Gala reunió y conservó a lo largo de su larga vida, muchas de las cuales son inéditas, cuenta con las voces de Dalí a partir de los textos escritos por él, sobre todo en La Vida Secreta de Salvador Dalí, pero también de su hermana Ana Maria, de Gala o del constructor Emili Puignau que trabajó durante años, para conseguir que la primigenia barraca acabara siendo la vivienda que conocemos hoy.

El documental, de factura esteticista, hace incidencia en tres de las historias de amor de Dalí, según Pujol: “el paisaje, la pintura y Gala”. La cámara, con impresionantes vistas cenitales, recorre los parajes del Cap de Creus que pintó de forma incansable Dalí. “Me sé de memoria todos los contornos de las rocas y las playas de Cadaqués, todas las anomalías geológicas de su paisaje único y su luz… Yo no soy el hombre que robó un paisaje. El paisaje me robó a mí”, escribió y puede escucharse en off durante el documental que remarca la faceta más humana e íntima del artista por encima de la tópica llena de histrionismo del personaje Dalí.

Dalí señala su casa en la bahía de Portlligat.
Dalí señala su casa en la bahía de Portlligat.

Papel activo de Gala

De Portlligat se pasa a Púbol, el castillo que regaló Dalí a su musa, en el que ella, haciendo uso de su concepto de amor cortés, solo permitía el acceso de su pareja previa invitación, cuya adaptación y reforma se explica de forma pormenorizada. Y termina, como la vida de Dalí, en Torre Galatea y el Teatro Museo de Figueres. Entre los testimonios que aparecen en la película, el de Antonio Pitxot que acompañó a Dalí hasta su muerte, la especialista Estrella de Diego, que reivindica el papel activo de Gala en la popularidad y reconocimiento de Dalí, un aspecto que será el eje central de la exposición que ella comisaría para el MNAC y que se inaugura en julio.

La Fundación Dalí ya produce un nuevo trabajo audiovisual centrado en la juventud del pintor que se estrenaría, posiblemente, en 2019, coincidiendo con los 40 años de la muerte del pintor. Porque Dalí falleció en 1989, pero su obra no. Dan fe los 1,4 millones de personas que visitaron Portlligat, Púbol y el Museo de Figueres en 2017 —o cualquiera de las exposiciones en las que hay obras de este artista—, que hacen largas colas para admirar sus ingeniosas creaciones, tal y como se muestra en los créditos finales de la película. Por eso, si tenemos en cuenta la sentencia clásica de que alguien vive mientras se hable de él, Dalí es inmortal.

Cien fotografías en un minuto

Entre los activos del documental que estrena la Fundación Gala-Salvador Dalí está el gran número de imágenes inéditas que da a conocer. Para hacer la transición entre los años cincuenta a los setenta el director de la película emplea más de un centenar de fotografías que pasan en un minuto. Las fotos son una pequeña parte de las 13.561 que llegaron en otoño de 1993 desde Portlligat al Centro de Estudios Dalinianos de Figueres y constituyen una de sus mayores riquezas.

Las fotografías, que reflejan la intensa vida de la pareja y que reunió Gala hasta el fin de sus días, son en realidad descartes de las fotos que ella seleccionó para crear un enorme álbum de fotos; un collage de la vida y los éxitos de Dalí (y de ella) que creó en las puertas de los armarios de su vestidor. Allí pueden verse a todos los que fueron algo para esta pareja irrepetible: famosos de todo el mundo y anónimos de Cadaqués.