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Microcirugía urbana para crear vivienda social

El Ayuntamiento de Barcelona y un grupo de expertos proponen hacer alquileres asequibles aprovechando la edificabilidad no agotada

Las estaciones de metro en planta baja son ejemplo de equipamiento público que no ha agotado la edificabilidad.
Las estaciones de metro en planta baja son ejemplo de equipamiento público que no ha agotado la edificabilidad.

Es matar dos pájaros de un tiro, o juntar el hambre con las ganas de comer, pero en versión vivienda pública. El Ayuntamiento de Barcelona y un equipo multidisciplinar de arquitectos, urbanistas, juristas y economistas, han realizado un estudio que desemboca en una propuesta para aumentar el parque de pisos sociales en toda la ciudad. Se trata de mirar con lupa la trama urbana y localizar solares o edificios que no han agotado la edificabilidad permitida y aprovecharla para construir pisos de alquiler asequible.

El proyecto —relativamente sencillo de materializar cuando el suelo o los edificios son públicos, y más complejo si son privados—, conseguiría además algo complicado cuando se habla de vivienda pública: trufarla en la trama existente, sin recurrir a promociones enteras de vivienda social que agrupan solo a personas con pocos recursos. Con este ejercicio de microcirugía, la vivienda social se integraría y mezclaría en cualquier zona de la ciudad.

El proyecto se llama ATRI (Alojamientos tácticos de repoblación inclusiva) y sus impulsores defienden que incrementaría la cantidad, pero también la “calidad” del parque público. “El Ayuntamiento trabaja en este proyecto en el marco del estudio de nuevas alternativas para aprovechar al máximo la capacidad de crear nuevas viviendas públicas en una ciudad densa y con dificultad de encontrar espacios para nuevas edificaciones como es Barcelona”, señalan fuentes municipales.

Cuatro recetas para salpicar la ciudad de pisos asequibles

La estrategia ATRI propone cuatro recetas para aumentar el parque de vivienda social a partir de edificabilidades no agotadas. Una, aprovechar paredes medianeras expuestas, donde se podrían pegar pisos uno encima de otro. Dos, solares paralizados, movilizar suelo que por alguna razón no se ha desarrollado, lo que no siempre es fácil, dependiendo de su titularidad y calificación urbanística. Tres, vacíos construidos: espacios consolidados donde sobra espacio por el uso que tienen. Y cuatro, edificios remontables, que no han agotado su edificabilidad y admitirían más plantas.

Y añaden: “El objetivo es plantear supuestos innovadores para dar respuesta a una necesidad como es garantizar el derecho a la vivienda digna”. Y hacerlo, como dice el equipo externo, con “repoblación inclusiva”, también en los barrios más presionados por las subidas de precios. Un ejemplo para entender la estrategia ATRI es la estación de metro de Fontana. Es un equipamiento público de una sola planta y sería el candidato perfecto para levantar nuevas plantas con pisos sociales.

El plan de vivienda de la alcaldesa Ada Colau prevé que a finales de mandato, en 2019, el parque de alquileres públicos haya pasado de 6.500 pisos a 10.000. El plan contempla media docena de fórmulas para aumentar un parque de alquiler que no llega al 1% del total de viviendas, cuando en ciudades europeas como Berlín o Viena supera el 20%. Así, la estrategia ATRI se sumaría a la construcción de pisos en solares municipales, la creación de una empresa mixta inspirada en las housing asociations europeas para construir y gestionar alquileres públicos o conseguir cesiones de particulares o bancos.

El equipo con el que ha trabajado el Ayuntamiento habla de ATRI como “un método de odontología urbana que entiende estos vacíos como las caries que carcomen una dentadura y propone llenarlas con empastes residenciales”. Llenarlos, además, con estructuras baratas, ligeras, rápidas de construir y reversibles. ¿Otro ejemplo? Los contenedores con los que desde hace décadas se crea vivienda en Holanda.

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