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Sueños pintados

Obras de Dalí, Picasso, Miró y Tàpies muestran la importancia de lo onírico en la pintura del siglo XX

'Rinoceronte en desintegración', de Salvador Dalí (1950).
'Rinoceronte en desintegración', de Salvador Dalí (1950).

Poco antes de comenzar a pintar el Guernica, Pablo Ruiz Picasso realizó en 1937 unos pequeños dibujos para hacer unos grabados al aguafuerte y aguatinta con viñetas en los que representó a monstruos con bigotes, caballeros con enormes falos, soldados a caballo y militares enfrentados a toros. En cuatro de las viñetas realizó una iconografía que tiene mucho que ver con su gran cuadro que representa el horror de la Guerra Civil y de todos los conflictos armados: una mujer que llora, una madre con un hijo muerto en los brazos y el grito lanzado al cielo. La obra, titulada Sueño y mentira de Franco, se creó para recortar cada uno de los grabados y así venderlos para recaudar fondos para la resistencia, pero al final no se llevó a cabo.

Dos de estos multigrabados llenos de objetos oníricos que recuerdan a la obra cumbre del malagueño pueden verse en la exposición El espacio de los sueños de la galería Mayoral de Barcelona. La muestra, comisariada por el poeta y ensayista Vicenç Altaió reúne una veintena de obras firmadas por autores como Picasso, pero también Salvador Dalí, Joan Miró, René Magritte, Alexander Calder, Óscar Domínguez, Marc Chagall, Antoni Tàpies, Marcel Duchamp, Richard Hamilton, Joan Ponç y Joan Brossa, en la que se muestra la importancia que el sueño y el inconsciente, un elemento esencial en la dimensión humana, ha tenido como constructor del lenguaje artístico del siglo XX. La exposición, que se vio durante el pasado verano en el Casino de Cadaqués con una decena de obras más, entre ellas Somni Oblidat, de Àngel Planells, estará abierta hasta el 5 de enero.

Multigrabado de Picasso realizado en 1937 que puede verse en la exposición de la Galería Mayoral. ampliar foto
Multigrabado de Picasso realizado en 1937 que puede verse en la exposición de la Galería Mayoral.

La exposición tiene un preámbulo: un elemento arquitectónico medieval del siglo XII en el que puede verse una doble representación de un diablo o una figura fantástica, fruto de la imaginación del artista. También un hilo conductor: dos libros fundamentales dentro de lo que podemos denominar arte onírico, un libro crucial para el surrealismo como es Trayectoria del sueño, de André Breton de 1938, que reúne sueños escritos por Péret, De Chirico, Ernst, Magritte, Man Ray, Paul Éluard o Dalí. También el libro Dreams, en el que en 1999 Hans Ulrich Obrist y Francesco Bonami recopilaron los sueños de cien artistas que luego presentaron en la Bienal de Venecia. Y unos capítulos: cada uno de las obras de grandes firmas que ha reunido Altaió para la exposición de Mayoral, “una muestra de museo en una galería”, la mitad provienen de los fondos de la galería, como las dos coloristas obras de Calder, y el resto, de coleccionistas particulares.

'Personajes surrealistas', de Óscar Domínguez (1937) que puede verse en la exposición de la Galería Mayoral.
'Personajes surrealistas', de Óscar Domínguez (1937) que puede verse en la exposición de la Galería Mayoral.

Mística nuclear

La autoría de las obras es de primer nivel. En Barcelona se pueden ver tres dalís juntos. El más grande es la acuarela Rinoceronte desintegrándose, pintado en 1950, el periodo de la mística nuclear del artista en el que pinta personajes y elementos descompuestos y flotando en el horizonte, como hizo con su gran Madonna de Portlligat que realizó ese mismo verano y en la que también aparece un rinoceronte descompuesto. Otra de sus obras es Máquina de coser con paraguas, realizada el año siguiente para uno de los muchos proyectos cinematográficos frustrados del artista. Junto a las obras del genio de Figueres, una impresionante pintura de Óscar Domínguez de un coleccionista privado que podría pasar por una obra de Dalí, Personajes surrealistas, de 1937, una especie de “pantalla de cine”, según Altaió, en el que no faltan elementos dalinianos como un toro tocando un piano o unas estilizadas figuras.

'El vol de l'alosa', de Joan Miró (1973).
'El vol de l'alosa', de Joan Miró (1973).

Miró está representado por otras tres obras en las que se aprecia cómo el pintor se apropió de los mecanismos del sueño para crear su lenguaje gráfico, como en Sin título III, de 1964, y el proyecto para El vol de l’alosa, de 1973.

De Tàpies se exhiben dos grandes telas, de fondos marrones con bellos y delicados dibujos lineales: Els ulls del fullatge (1949) y El monument (1951), que se expuso en la galería Martha Jackson y en la Biennal de Venecia y que enmarcan otras dos obras de Joan Ponç —artista del que La Pedrera inaugura una antológica este próximo jueves—. La confrontación muestra lo mucho en común que tenían en ese momento los dos artistas y la influencia que generó Ponç en un joven Tàpies que acabó abrazando el informalismo.

'Máquina de coser con dos paraguas', de Salvador Dalí (1951).
'Máquina de coser con dos paraguas', de Salvador Dalí (1951).

Brossa pone el punto diferente con dos de sus poemas visuales, auténticos trucos de prestidigitador: Trampa y O d’ouera. “Siempre parte de lo real pero le gira el sentido”, explica Altaió.

La exposición cuenta con un catálogo en inglés que recoge aportaciones del comisario Altaió, una entrevista de Llucià Homs a Hans Ulrich Obrist, uno de los autores del libro de 1999, dos textos de Rosa Maria Malet y Montse Aguer, directoras de la fundación Miró y Dalí, respectivamente, y un epílogo del director de cine Albert Serra.