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Un ensayo sobre la precariedad de los creadores en la Red, premio Anagrama

La andaluza Remedios Zafra denuncia en ‘El entusiasmo’ el engaño y la desilusión de los autores en la era digital

Zafra en una conferencia en el CCCB este enero.
Zafra en una conferencia en el CCCB este enero.

Se hace con toda la ilusión del mundo, la mayoría de los casos sabiendo que no se cobrará nada o apenas, porque se piensa que uno contribuirá, en el fondo, a un mundo mejor; y bueno, tampoco se es tonto del todo: es también una manera de buscar reconocimiento y obtener cierta visibilidad... Así trabaja y colabora, con mucha precariedad y voluntarismo, buena parte de artistas, escritores e investigadores en la Red. Pero en el fondo no deja de ser una muy moderna forma de precarización del proletariado de la cultura… y de todo y en todas partes. O así lo ve al menos Remedios Zafra (Zuheros, Córdoba, 1973), escritora y profesora de la Universidad de Sevilla, especialista en el estudio crítico de la cultura contemporánea, en El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital, con el que ha obtenido el 45º premio Anagrama de ensayo (8.000 euros).

“Nos han hecho creer que somos libres, cuando se controla más que nunca nuestro destino”, leyó la profesora Zafra en el trabajo de uno de sus estudiantes. “Pensé que a ese escenario de precariedad y confusión, esa fuente de frustración que pesa en esa generación que no deja de ser también la mía, había que darle una respuesta y eso es este libro”, apunta la ensayista, de discurso hondo tras un pelo de rubio platino cortado à la garçonne y vestido negro, a juego con el maquillaje de los ojos y en contraste con el carmín de los labios.

Con voluntad de zarandear al lector (lo escribió bajo la espada de Damocles de unos serios problemas oculares hereditarios que “me hicieron pensar que sería mi último libro: lo redacté en blanco sobre fondo negro por indicación médica”), Zafra aborda la no menos angustiosa sensación de precariedad de una generación atenazado entre el nuevo marco neoliberal y el mundo en Red, donde “el trabajo parece casi una afición, siendo uno siempre eterno candidato o aspirante”, lo que genera “ansiedad, conflicto, la aniquilación del tiempo pensativo y el saltar constantemente de ahí para allá en esta lógica laboral”. El mundo conectado no ha hecho más que agravar ese cuadro: “El nuevo contexto digital parece que obliga a tener una apariencia de disponibilidad total, es una mayor opresión para reforzar modelos precarios; la Red tiene muchas zonas de sombra”.

Nuevo jurado para un premio que no obtenía el permiso

Exactamente 104 originales procedentes de 13 países se han presentado este año a la 45ª edición de un premio que ha visto totalmente remozado su jurado, formado este año por Jordi Gracia, Chus Martínez, Joan Riambau, Daniel Rico y la propia editora Silvia Sesé, encargada de seleccionarlos como hizo en su momento el fundador de la editorial Jorge Herralde, que en el erial de este tipo de convocatorias en la España del tardofranquismo eligió entonces a Juan Benet, Salvador Clotas, Hans Magnus Enzensberger, Luis Goytisolo y Mario Vargas Llosa. No le fue fácil: tardó más de un año para conseguir el entonces obligatorio permiso gubernamental. Hubo, incluso, algún momento de desánimo, que Goytisolo atajó, mientras Clotas y Vargas Llosa ayudaron al editor a redactar las bases. La voluntad de encontrar un texto tan bueno, riguroso y apegado a los tiempos como que no tuviera un regusto académico hizo que en la primera edición, de 1972, quedara desierto. El espíritu parece mantenerse.

En toda esta situación, la ganadora acusa de “cómplice” a la Academia, “ensimismada en índices de impacto y evaluaciones, reforzando situaciones de interinos, autónomos, investigadores en eterna formación, con lo que sólo se consigue neutralizarlos y apagar su entusiasmo”. Ese aspecto es algo más que el título del ensayo. “Son personas que están obligados a entusiasmarse en un sistema productivo que aplaza eternamente ese entusiasmo de la creación que nos arrastra”.

Con habilidad, según ha elogiado el jurado, Zafra envuelve ese discurso teórico con un juego de espejos a partir una propuesta formal que bordea la fórmula clásica de la fábula a partir de una joven Sibila, que ha tomado prestada en parte de su propia autobiografía. “Me gustan las figuraciones políticas y Sibila es una mujer en precario, que se enfrenta a compañeros para engordar el currículo con labores que ni siquiera te pagan, con la inestabilidad laboral y familiar que ello comporta, una situación que se alarga ya a gente que hoy bordea la cuarentena o más”, cita quien mantiene una tutoría que la lleva a viajar a Madrid por apenas 100 euros. “Casi pago por trabajar”, resume.

En realidad, Zafra ha fraguado su estilo en una ya dilatada bibliografía, traducida ya al italiano y al inglés, siempre centrada en una mirada muy crítica sobre la cultura actual y también en el estudio sobre identidad y género. En esa línea, es autora, entre otros, de los libros (h)adas. Mujeres que crean, programan, ‘prosumen’, teclean; Un cuarto propio conectado. (Ciber)Espacio y (auto)gestión del yo; #Despacio; o Netianas. N(h)acer mujer en Internet. El Anagrama de Ensayo no es el único galardón en su currículo, donde sobresalen los premios Meridiana de Cultura (2014); el de las Letras El Público y el Málaga de Ensayo (ambos en 2013); el de Comunicación de la Associació de Dones Periodistes de Catalunya (2010); el de Caja Madrid (2004); o el Carmen de Burgos (2000).

Admite la ganadora que su libro, que se publicará en noviembre, expone más las contradicciones del sistema que propone soluciones, que en todo caso pasarían por lo que ha bautizado como “el elogio del párpado”, que ya asomaba en su libro Un cuarto propio conectado: “Se trata de frenar, buscar un tiempo de desconexión, romper con la estrategia de la velocidad, que no deja de ser una deriva de las estrategias de la precariedad”.

Incluso el mismo excesivo entusiasmo de estos creadores o intelectuales puede ser un peligro, según Zafra: “En la Red se trata de ser visto, se equipara lo más valioso a lo más visto y es evidente que cuanto más radical y entusiástico te muestras, más visibilidad tienes… Hubo una vez un profesor que me dijo: ‘Eres tan maravillosa en tu entusiasmo que es imposible no abusar de ti”.

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