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Y Barcelona compró el billete a la historia

El éxito de los Juegos Olímpicos ubicó a la capital catalana en el mundo, que aún explota este prestigio

Decenas de personas hace cola para entrar en el Mobile World Congress.
Decenas de personas hace cola para entrar en el Mobile World Congress.

Como con un largo suspiro, hace 25 años, Barcelona se despidió de los Juegos Olímpicos que muchos califican aún hoy como los mejores de la historia. En un artículo publicado en este diario, el entonces presidente el Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch, agradecía a Cataluña, España y Barcelona por los esfuerzos para celebrar las justas. Misión cumplida.

La organización de los Juegos fue una empresa con luces y sombras pero logró poner en el mapa mundial a la capital catalana. Unas rentas de las que la ciudad sigue viviendo hoy en día y sin las que, seguramente, la crisis económica habría tenido efectos aún más profundos. Y un triunfo que, después de un cuarto de siglo, revela excesos y problemas de convivencia que hay que abordar para no morir de éxito.

Son muchas las críticas al modelo y a la marca Barcelona. Voces tan críticas como las del antropólogo Manuel Delgado ven en ambas cosas una venta descarada de la ciudad. Se alega que con los Juegos se abrió la puerta a las privatizaciones y a la especulación inmobiliaria. La llegada de Ada Colau al Ayuntamiento hace dos años, con Iniciativa dentro de la coalición electoral, fue motivo de cuestionamientos por parte de muchos intelectuales que consideran que no podía haber una ruptura real en la ciudad con unos compañeros de viaje responsables de un modelo cuestionado. Los barceloneses viven una paradoja particular: sueñan con ser una gran capital mundial, una ciudad global, pero sin perder ni un centímetro de su vida de barrio. Y esto es casi imposible.

Publicación del 10 de agosto de 1992.
Publicación del 10 de agosto de 1992.

Lo cierto es que la telegenia de la Barcelona olímpica fue fundamental para que la ciudad tuviera el año pasado 20 millones de pernoctaciones hoteleras y 7,5 millones de visitas registradas en hoteles y pensiones. Unas cifras que se han duplicado en tan solo 12 años. Los hoteleros y expertos en turismo reconocen que se trata de volúmenes en los que hay grupos de visitantes prestados por la inestabilidad política y de seguridad en otros destinos como el norte de África. Pero la capital catalana tiene lo suyo y de entrada ningún indicador alerta de un posible decrecimiento turístico en el horizonte.

En América Latina y en Asia se reconoce a Barcelona por el deporte y la cultura —El Barça, los Juegos Olímpicos y Gaudí—, y en el resto de Europa se reconoce su capacidad innovadora y universitaria. El sol y playa pesan, sí, pero la marca ofrece más. El lifestyle, la manera cómo se ha configurado, para bien o para mal, la ciudad de hoy.

La transformación que vivió Barcelona con los Juegos, la premisa de tener un espacio público de calidad independientemente del barrio donde se viviera ha hecho escuela en el mundo. La transformación de una ciudad como Medellín, por ejemplo, quiere seguir esa estela. Hong Kong en su búsqueda de abrir el litoral a los ciudadanos se mira en el espejo de los planes del arquitecto Josep Acebillo. Los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, un fracaso a nivel social, intentaron apostar por el modelo Barcelona para que la ciudad saliera ganando.

El éxito de Barcelona, con sus problemas, contradicciones y ventajas, lo simboliza el lleno total que la ciudad se cuelga cada año con el Mobile World Congress. La feria cerró 2017 con una cifra récord de 108.000 visitantes, un 7% más que el año anterior. Visitantes de 208 países y 2.300 compañías de la industria móvil y sectores adyacentes. El impacto económico fue, según los organizadores, de 465 millones de euros.