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Un hospital de primera frente al mar

La remodelación del Hospital del Mar, centro de referencia para Ciutat Vella y Sant Martí, es el principal legado sanitario

Fachada del Hospital del Mar en 1992.
Fachada del Hospital del Mar en 1992.

Contaban quienes le habían acompañado que el príncipe Alexandre de Mérode, entonces presidente del poderoso Comité Médico del COI, no ocultaba su inquietud. Dudaba de que aquellos deteriorados pabellones pudieran dar una cobertura sanitaria de calidad a la familia olímpica. Cuando, terminadas las obras, volvió al Hospital del Mar, no ocultaba su satisfacción. Las reticencias se habían convertido en entusiasmo.

De 26.000 metros cuadrados habían pasado a 42.000. Sobre la misma estructura de pabellones se alzaba ahora un moderno y luminoso hospital, bien equipado y con magníficas vistas al mar. Albert Pineda y Manuel Brullet, los arquitectos responsables del proyecto, habían tenido especial interés en combinar la funcionalidad de un hospital moderno con el disfrute de un entorno privilegiado.

El Mar se convirtió en uno de los grandes hospitales universitarios de Barcelona, el centro de referencia para los 350.000 habitantes de Ciutat Vella y Sant Martí, y con el valor añadido del Instituto Municipal de Investigaciones Médicas, que se ha convertido en un centro de referencia en la investigación epidemiológica y ambiental. Miles de usuarios disfrutan todavía de unas salas de espera que tienen por horizonte el ancho mar, pero lo importante es que en sus dependencias se practica la medicina más avanzada.

Interior del nuevo edificio del centro sanitario que albergará los servicios de urgencias, ginecología y oncología. ampliar foto
Interior del nuevo edificio del centro sanitario que albergará los servicios de urgencias, ginecología y oncología.

El mismo día en que se decidió la candidatura de Barcelona, en octubre de 1986, un grupo de médicos del hospital depositó una carta en el buzón del domicilio particular del alcalde Pasqual Maragall. Le pedían que designara al Mar como hospital olímpico. La verdad es que tenían muchas posibilidades de que eso estuviera ya en los planes del alcalde. El del Mar era uno de los dos hospitales municipales, había sido uno de los centros en lo que se había ensayado con éxito la muy necesaria reforma organizativa de los servicios municipales y era el que quedaba más cerca del lugar donde se proyectaba la Villa Olímpica. El único problema era que para cumplir la misión necesitaba una inversión considerable.

El hospital fue remodelado con el compromiso de reservar 50 camas y el personal necesario para atender a los 24.655 miembros de la familia olímpica. El Mar cumplió con creces su cometido. Durante los Juegos atendió a 954 pacientes, el primero de los cuales fue un ciclista norteamericano que se fracturó el fémur durante uno de los entrenamientos.

Pruebas antidopaje

Pero el lugar más vigilado, protegido y el que vivió mayores cotas de tensión fue sin duda el laboratorio antidopaje. Fue dirigido con mano de hierro por Jordi Segura, era el encargado de realizar las pruebas antidopaje de todos los atletas que participaban en las competiciones. Estaba dotado con las más modernas técnicas de detección y el grado de excelencia alcanzado permitió que su influencia se extendiera a los Juegos Olímpicos celebrados con posterioridad.

Página de EL PAÍS del 27 de julio de 1992. ampliar foto
Página de EL PAÍS del 27 de julio de 1992.

Veinticinco años después, el Hospital del Mar acaba de vivir una nueva y necesaria ampliación. Las costuras del centro habían comenzado a ceder ante la enorme presión asistencial que soporta: 100.000 visitas anuales de la población de Ciutat Vella y Sant Martí, a las que hay que añadir miles de turistas que sufren algún percance durante su estancia en Barcelona. Hace unas semanas se inauguró un edificio anexo de 15.000 metros cuadrados que alberga el nuevo servicio de urgencias, el servicio de obstetricia y ginecología —que atiende 1.600 partos anuales, muchos de ellos de riesgo— y las nuevas instalaciones de radioterapia, con dos aceleradores lineales de última generación.

La ampliación se inició en 2007, pero la crisis obligó a interrumpir las obras. Se reiniciaron en 2015 gracias a que el Ayuntamiento de Barcelona aportó 34 de los 76 millones necesarios para continuarlas. Por unos días, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, no pudo estrenar las nuevas instalaciones en el nacimiento de su hijo Gael. Pero quiso estar en la inauguración. El del Mar es el gran legado sanitario que los Juegos han dejado a Barcelona.