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Los museos salen del armario

Museos, salas de exposiciones y artistas se suman a la celebración del World Pride abordando con sus colecciones temas de identidad y orientación sexual

'San Sebastián' (1999). Ver fotogalería
'San Sebastián' (1999).

San Sebastián: joven soldado semidesnudo. Atado a un árbol o a un poste, lo que hace que su cuerpo, bien torneado como corresponde a su profesión, dibuje una curva sinuosa. Rostro con la mirada perdida y el gesto justo que precede al gemido de placer o al de dolor, es muy fina esa frontera... hay quien ni siquiera la pone. ¿Mártir romano o icono gay?, ¿cuerpo que se ofrece o que se retuerce?, ¿protector de la peste o del sida, que no deja de ser una de las pestes actuales?

¿Cuántas lecturas tiene una obra de arte? En 2017 debería estar claro que no hay una visión única de casi nada y la que se ha impuesto a lo largo de los siglos se va desmontando. Así, la historia del arte deja de ser un camino fijo, guiado por las flechas y catenarias de los museos que no dejan al espectador salirse del recorrido. Muchos de los contenedores, protectores y constructores de las artes plásticas, ya sean museos, fundaciones, salas de exposiciones o galerías, quieren ir más allá de una simple apertura de puertas, de hacerse más sociales. Quieren vivir la calle, volverse reversibles, mostrar todas sus facetas, decir lo indecible (lema del Día Internacional de los Museos, celebrado el 18 de mayo) y se unen a la celebración del World Pride de este año. Usando la frase popular: salen del armario. Dejan abiertas las puertas del ropero, como abierta y colorida está la Puerta de Alcalá en el logotipo oficial de esta celebración mundial.

“Es obligación de las instituciones pensar en la diversidad de públicos y de las colecciones, normalizar lo que hasta ahora, por el peso de la tradición, no se ha podido contar”, argumenta Ana Moreno, jefa del área de Educación del Museo Thyssen. Esta pinacoteca ha organizado un itinerario titulado Amor diverso, un recorrido que aborda conceptos como identidad y orientación sexual a través de 15 obras de la colección, desde San Sebastián de Bronzino, de 1533, hasta obras contemporáneas de Hockney o Bacon. En la acera de enfrente, su vecino, el Museo del Prado, también alumbra con una nueva luz 30 de sus piezas en La mirada del otro, un programa que invita al visitante a contemplar la realidad histórica e incontestable que es que siempre han existido identidades de género que se salen de la división binaria normativa (mujer y hombre) y relaciones sentimentales entre personas del mismo sexo. La semana pasada, durante la presentación de este recorrido, Carlos G. Navarro -uno de los comisarios del itinerario- dijo que esta idea era aún impensable en algunos de los que considera “museos hermanos” como el Hermitage de San Petersburgo, o los Museos Vaticanos.

Sin embargo, en otros más pequeños de la capital se ha trabajado en programas muy elaborados. Es el caso del Museo de América y de su programa Trans, que va más allá de una exposición. Son cinco muestras, encuentros, mesas redondas y un catálogo que supera el modelo convencional de análisis y compendio de obras. Es una suerte de ensayo con una amplia visión artística, histórica, antropológica y legal sobre la transexualidad como una de las características comunes a todos los grupos humanos, en todas las culturas y en cualquier época. En las crónicas de los primeros que llegaron a América ya hay constancia de este hecho, como se puede ver en la cartelería de Trans. Diversidad de Identidades y Roles de Género. Por ejemplo, en el Vocabulario castellano zapoteco, texto anónimo del siglo XVI, existen múltiples términos para nombrar la diversidad sexual: hombre no austero ni vano, mujer, hombre amujerado, mujer varonil, puto sodomita, puto que se hace mujer. Las obras expuestas muestran como la culpabilización y la invisibilidad de estas condiciones llega con la occidentalización (entre 2008 y 2016, al menos 2.343 personas han sido asesinadas en todo el mundo por ser transexuales, según la organización Transgender Europe). Las piezas van desde las fotografías contemporáneas de Mar Sáez, en las que retrata el universo íntimo de la pareja formada por Vera, una transexual, y su novia Victoria; pasando por las instantáneas de Nuria López, que abordan la identidad de género en el istmo de Tehuantepec (México) inmortalizando con su cámara a las muxes, mujeres trans consideradas como un tercer género; hasta las cerámicas de entre los siglos IV y IX, que representan a sacerdotes vestidos con piel de mujer.

Sacerdote de Xipe-Totec vestido con la piel de una mujer (400-700 después de Cristo). Ver fotogalería
Sacerdote de Xipe-Totec vestido con la piel de una mujer (400-700 después de Cristo).

Que los dioses no se ajusten ni al género ni a las relaciones heteronormativas es un común denominador en muchas culturas, ya sean deidades de la Grecia clásica o de la América prehispánica. No ocurre lo mismo en la Iglesia católica, en la que Cristo, salvo contadas excepciones, no aparece desnudo, lleva un paño de pureza para tapar sus atributos (nadie duda que masculinos). El escultor florentino del siglo XVI Benvenuto Cellini –juzgado por sodomía- lo representó desnudo en la cruz, una imagen que se conserva en el Monasterio de El Escorial y a la que se le añadió posteriormente el paño de pureza. El artista madrileño Mateo Maté, en su exposición Canon, en la sala Alcalá 31 rompe la norma para abrir hueco a la diversidad y muestra una copia de este crucificado totalmente desnudo. También cuestiona la belleza clásica, añadiendo edad, peso o genitales masculinos a las Venus más famosas de la historia del arte.

Con el concepto del paño de pureza juega también David Trullo, el artista que ha metido sus obras en las vitrinas del Museo de Artes Decorativas para que dialoguen con la colección o para que se enfrenten a ella, para revisitar las piezas en clave homoerótica. “La intención no es provocar, quiero que al visitante se le despierte algo, que se dé cuenta de algo en lo que no haya caído”, dice Trullo, que equipara la reliquia al fetiche. ¿No hay quien venera un trozo de tela que supuestamente perteneció a Cristo como otro puede alabar una prenda íntima de un amante? También trabaja con el concepto del beso como acto íntimo pero también político, reivindicativo: enfrenta una xilografía modernista de Peter Behrens en la que dos seres (no se distingue su género) se besan con su fotografía de dos luchadores mexicanos en la misma actitud. En esta línea actuará la artista Yolanda Domínguez, que el próximo 27 de junio instalará en la plaza de Pedro Zerolo El muro de los besos prohibidos para denunciar a todos eso países en los que está prohibido besar a quien se ama si no se está dentro de la norma.

¿Qué, dónde y cuándo?

Programa Trans. Museo de América. Hasta el 24 de septiembre.

Queer Cabinet. Museo Nacional de Artes Decorativas. Hasta el 2 de julio.

Mateo Maté. Canon. Sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid. Hasta el 23 de julio.

La mirada del otro. Escenarios para la diferencia. Museo del Prado. Hasta el 10 de septiembre.

Amor Diverso. Museo Thyssen. Itinerario.

Subversivas. CentroCentro. Hasta el 1 de octubre.

San Sebastián, el Apolo cristiano. Museo de Historia de Madrid. Hasta el 30 de julio.

El muro de los besos prohibidos. Plaza de Pedro Zerolo. 27 de julio, 18,30.

El fin de esas prohibiciones es una de los motivos por los que se celebra el World Pride en Madrid. Se cumplen 40 años desde que el 26 de junio de 1977 se celebró en España la primera manifestación en la que lesbianas, gais, bisexuales y transexuales salieron a la calle, momento en el que todavía estaban vigentes algunas leyes franquistas, poco a poco el cariz de las reivindicaciones fue tomando más color hasta llegar a la celebración de este año, en el que según la organización se esperan unos tres millones de personas por las calles de Madrid. Estas cuatro décadas de lucha se ilustran a través de Subversivas, una exposición en CentroCentro en la que se muestran documentos, fotografías, vídeos, campañas publicitarias, recortes de prensa y algunos objetos como un aparato de electroshock de mediados del siglo XX con el que se pretendía curar a los homosexuales. Ponerle puertas y una lógica al amor a la que este no responde. ¿Cómo se representa Eros? Como un ser asexuado, un infante que todavía no tiene definidos sus rasgos ni masculinos, ni femeninos.

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