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Ca n’Anglada intenta recuperar la dignidad a golpe de piqueta

El proyecto de esponjament de este barrio de Terrassa prevé sustituir nuevo bloques de pisos por plazas y equipamientos

Un escombro a Can  Anglada, en Terrassa.
Un escombro a Can Anglada, en Terrassa.

El barrio de Ca n’Anglada de Terrassa busca dejar a un lado su imagen estigmatizada con una profunda remodelación. El proyecto de esponjamiento contempla desbrozar la alta densidad de edificios con la demolición de nueve grandes bloques para colocar en su lugar plazas y equipamientos. El Ayuntamiento se muestra convencido que ello va a “dignificar el barrio”.

Ca n’Anglada, castigado por la pobreza y la degradación, está formado en su parte norte por una línea de grandes bloques cosidos por un laberinto de callejuelas peatonales. Estos gigantes de ladrillo proliferaron rápidamente con la oleada migratoria de la segunda mitad del siglo pasado y por la urgente necesidad de reubicar muchas familias después de las riadas de 1962. “Es un barrio muy denso y masificado, que se construyó de una determinada manera por las necesidades del momento”, apunta Marc Armengol, teniente de alcalde de Territorio.

Hace dos décadas llegó una nueva oleada de inmigración, procedente de África. En 1999 se registraron graves incidentes con manifestaciones contra los inmigrantes magrebíes. En 2003, un nuevo brote xenófobo surgió con varias peleas provocadas por cabezas rapadas. Según las estadísticas municipales, el barrio tiene un 12% de población nacida en el extranjero, un porcentaje que parece muy inferior al que muestran sus calles. “En su globalidad el barrio no tiene más inmigración que otros de la ciudad, lo que pasa es que hay una determinada inmigración, de origen magrebí, que está concentrada en la parte norte de Ca n’Anglada”, subraya Armengol.

Esta semana ha empezado la ejecución de la segunda fase del proyecto con el derribo de dos de los nueve edificios que van a desaparecer hasta 2019, lo que se traduce en 184 viviendas. El proyecto, iniciado en 2012 y que supone una inversión de 17 millones (financiados a partes iguales por Ayuntamiento y Generalitat), consta de tres fases y de momento ya se ha finalizado la primera con la demolición de tres edificios. El proyecto supone el realojamiento de 90 familias.

Raquel Pérez, presidenta de la Asociación de Comerciantes de Ca n’Anglada, celebra el esponjamiento porque se está actuando en uno de los “puntos negros de delincuencia”. “Allí se concentra mucha droga y venta de productos robados. Los derribos irán bien para limpiar la zona porque quedará una plaza abierta y los delincuentes ya no se verán tan protegidos por los edificios, así que se verán obligados a irse a otro lugar”. El Ayuntamiento niega que Ca n’Anglada sea especialmente conflictivo.

Muchos vecinos no conocen el proyecto, pero aplauden cualquier arreglo que se haga. “Si van a hacer plazas está bien”, comenta Nordin, que charla con otros vecinos a escasos metros de los edificios derribados esta semana. “Si va a haber más vida por las calles ya está bien, hay que hacer espacios para que la gente pasee”, añade Joan Torres, que regenta una farmacia en esa misma manzana.