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Vivir en Barcelona, trabajar en todo el mundo

Crece el número de profesionales extranjeros que se establece en la ciudad aunque trabajen en Zurich o Londres

El británico Stephen Cahill vive en Barcelona y trabaja en el mundo.
El británico Stephen Cahill vive en Barcelona y trabaja en el mundo. EL PAÍS

El arquitecto suizo Gus Wüstemann ha vivido y trabajado en Zúrich, Bombay, Londres, Sidney, Nueva York... y Barcelona. “El trabajo es importante, pero también lo es la vertiente privada y Barcelona tiene la calidad de vida más alta de todo el mundo”. Lo afirma rotundo y con suficiente mochila como para comparar con criterio. Hace 14 años, Wüstemann se trasladó con su familia a la capital catalana. De lunes a jueves trabaja en el despacho que tiene en Zúrich y el resto de días está en Barcelona, donde también tiene despacho.

Su caso ilustra como cada vez más profesionales eligen Barcelona para establecerse independientemente de donde trabajen. Para atenderles, la ciudad pondrá en marcha un Welcome Center para profesionales internacionales que quieren fijar residencia en la ciudad, explica Jaume Collboni, responsable de la promoción económica del Ayuntamiento. Personas que pasan unos días de la semana aquí, donde está la familia si la tienen, y otros viajando por todo el mundo. Barcelona Activa incluso programa sesiones de formación para que las parejas de estos extranjeros tengan nociones básicas de cómo son aquí las entrevistas de trabajo, explica Alicia Egea, responsable de proyectos de la agencia municipal de empleo.

Steve Cahill, de Londres, también responde al perfil de profesional internacional afincado en Barcelona. Durante siete años fue directivo de Colt, la multinacional británica que tiene en el World Trade Center de Cornellà el centro que atiende las consultas de sus más de 35.000 clientes en Europa. Cahill vivía entre Barcelona y Sitges, se encargaba del centro y viajaba allí donde le requería la compañía. Su relación profesional con la firma finalizó y sigue viviendo aquí, enfrascado en varios proyectos internacionales como emprendedor.

“Combinación perfecta”

“La calidad de vida que ofrece Barcelona es inmejorable. Es una ciudad segura, hay talento, muy buenas infraestructuras y comunicaciones, la oferta cultural es riquísima, la comida fantástica, tienes el mar y la montaña cerca y siempre brilla el sol, es la combinación perfecta”, celebra. Solo apunta un problema. “Nunca encuentras la hora de irte a dormir”, dice entre risas este profesional de origen irlandés que subraya también la facilidad “para integrarse en la vida de la ciudad y hacer amigos”. Otra baza de la ciudad es que por caro que esté el mercado inmobiliario en Barcelona, para los extranjeros sigue siendo asequible.

Tener la base: To be based, en inglés. Es la expresión que Cahill y otros profesionales emplean para referirse a elegir Barcelona para vivir, aunque trabajen también en otros puntos de Europa. Quien ha seguido de cerca el fenómeno es Barcelona Global, la asociación de profesionales creada hace cinco años en la ciudad. Su director general, Mateu Hernández, explica que en origen los extranjeros podían contarse con una mano y ahora son el 20% de los 700 socios. El cóctel de bienvenida anual que organizan comenzó con 300 personas y en la última edición congregó a 1.200.

Ser una ciudad global sin hablar mucho inglés

Hernández relata cómo se ha llegado a este perfil de “profesionales que viven en una ciudad y se mueven, una tendencia global”. Los primeros en llegar fueron los expatriados de grandes multinacionales; luego aterrizó la comunidad científica; les siguieron emprendedores internacionales que ofrecen servicios a todo el mundo, que a su vez atraen más talento extranjero.

“Los últimos son profesionales independientes que quieren vivir como consultores o miembros de consejos de multinacionales que pueden estar en Suiza, Reino Unido o Francia, viven en Barcelona y viajan unos días a la semana o una semana al mes. Este perfil crecerá y es una oportunidad estupenda para Barcelona”, apunta. Y alerta de un nuevo fenómeno: los directivos de multinacionales que llevan un área de negocio “global”, sin área geográfica concreta. Es el caso, explica, de Rose Chong, empleada de Deutsche Bank, encargada de programas globales del banco, afincada en Barcelona. Viaja tanto que ha resultado imposible entrevistarla, más allá de intercambiar correos electrónicos intentándolo.

¿Y datos sobre este fenómeno? “No hay, porque hasta ahora no ha estado en la agenda”. Datos no, pero sí conocimiento sobre pros y contras de la ciudad para estos profesionales: “Hemos identificado que en trámites, fiscalidad, educación para familias internacionales, Barcelona no está a la altura de las expectativas, y tenemos el riesgo de perder la oportunidad de ser una ciudad global… Barcelona es atractiva para ellos, pero la Administración no está preparada y los barceloneses a veces no somos lo suficientemente acogedores”.

Uno de los problemas que siempre apunta la comunidad internacional es el poco conocimiento del inglés. “Está presente en los centros de investigación, en las escuelas de negocios, en las multinacionales, pero poco presente en la vida cotidiana. También hay pocas escuelas internacionales: hay oferta de élite asequible para directivos, pero no para profesionales, emprendedores e investigadores”. Hernández cree que se debería seguir el ejemplo de Ámsterdam en clave de creación de escuelas también en inglés para la comunidad internacional.

Ciudad abierta

El teniente de alcalde Jaume Collboni asegura que el Consistorio “es consciente de que en el mundo hay una dura batalla para atraer talento entre las principales ciudades globales. Ante un mundo que se cierra, Barcelona quiere ser una ciudad abierta”. Collboni admite que entre los retos de la ciudad está mejorar el proceso de acogida, la integración con la comunidad local y su cultura, y también la mayor presencia del inglés. El Ayuntamiento organiza el International Community Day, una feria que informa de trámites y servicios para este colectivo.