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Esperanza y el genio

Aguirre acompañó al catedrático Francisco Alonso en la presentación de su nuevo libro

El genio, forma suprema del talento, tiene que ver más con la influencia del entorno medioambiental que con factores hereditarios. Una mutación genética acostumbra acompañar el surgimiento del genio, que suele registrar asimismo un rasgo social reiterado: la orfandad del padre, real o fingida, y la presencia de una madre idealizada y musa en la vida de la persona genial. Así lo establece Francisco Alonso Fernández, médico y catedrático emérito de Psicología y Psiquiatría de la Universidad Complutense, que acaba de presentar este jueves en el Centro Asturiano de Madrid su último libro, “Genios y creativos. Cómo reconocerlos”, que hace el número 54 de los textos sobre Psicología, Psiquiatría y Psicohistoria por él publicados.

Esperanza Aguirre, portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento de Madrid, presentó junto al autor la obra, en la que intervinieron asimismo el presidente del Centro Asturiano y anfitrión, Valentín Martínez-Otero, y Mercedes Pescador, editora de la obra recién publicada por el sello Lo que no existe de la editorial Media Luna. La expresidenta del Gobierno regional y ex responsable del PP de Madrid glosó la personalidad del nonagenario autor del libro y calificó de “genio político” al ex rey Juan Carlos, “por su papel en el pilotaje de la nave del Estado durante la Transición”.

Para el doctor Alonso Fernández (Oviedo, 1924), hijo de un exiliado político que se definió como asturiano de tres cepas y republicano, existen tres modos de talento: el de los sabios, caracterizados por su riqueza en conocimientos; los superdotados, que considera triunfadores académicos, signados por la precocidad; y los genios, singularizados por su capacidad creativa. Entre los superdotados, subrayó, buena parte de ellos “puede acabar en la irrelevancia de la nada, mientras algunos otros acceden a formas distintas de liderazgo”. En cuanto a los genios, “comoquiera que se trata de personas señaladamente innovadoras, acostumbran navegar a contracorriente, por lo cual hallan enfrente grandes resistencias que hacen que sus innovaciones creativas sean frecuentemente mal recibidas”.

Hay en el genio, explicó el autor, “algunos factores inespecíficos, aplicables a otras personalidades, que son la rebeldía, la independencia y la resiliencia, es decir, la capacidad para remontar situaciones de adversidad traumática, así como la constancia de una gran pasión por la libertad”. A su juicio, “los factores específicamente geniales se encuentran en el pensamiento, no en la inteligencia. En la era pre-científica”, afirmó, “se consideraba el genio a caballo entre lo hereditario y lo adquirido, mientras que para el pensamiento mágico, se estimaba procedente de un fogonazo fantástico, al modo de un destello surgido de una suerte de lámpara de Aladino”. Hoy, no obstante, cabe establecer tres rasgos: el primero, el referido a que “el genio suele coincidir con un cambio en la estructura de los nucleidos que componen el ADN (el código cromosómico humano)”, si bien, precisó el doctor Alonso Fernández, “no puede considerarse hereditaria tal mutación”. El segundo componente coincide con “la crianza del genio por parte de una madre culta y amantísima”. Y en tercer lugar, “se puede afirmar la vivencia de orfandad, real o imaginaria, de un padre imperceptible”. Factores asociados como la “comicidad humorística–los escritos quijotescos de Cervantes y los de Franz Kafka serían paradigmáticos- acompaña a los genios, muchos de los cuales han sufrido sin embargo trastornos bipolares, hipertímicos –alternancia de estados de euforia y de irritabilidad- e hipomaniacos”. Ello lleva generalmente a vincular el genio con ciertas formas de infelicidad.

Por último el doctor Alonso Fernández se refirió a la “penuria del genio femenino”, a consecuencia del “sometimiento histórico y cultural sufrido por las mujeres”. No obstante resaltó que tal adversidad “comenzó a remitir mediados los años 60 del siglo XX, gracias al control de la natalidad”. Hizo hincapié, empero, en el talento político de las reinas Cristina de Suecia, Isabel de Inglaterra y Catalina de Rusia.

En cuanto a Esperanza Aguirre, Alonso Fernández se refirió a ella como “maestra indiscutible en manejar la chispa y el ingenio políticos, enriquecidos por la gracia y la simpatía”.

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