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Pasolini, poeta y mártir

El último montaje de Àlex Rigola aborda en Temporada Alta una entrevista imaginada entre el intelectual y un crítico de cine

Heartbreak Hotel. Los corazones rotos de Elvis Presley. Tan solos que podrían morir. Letras negras sobre madera basta en una gran caja ensimismada en medio de un salón del Teatre Municipal de Girona que rezuma esplendor burgués. En otro lateral, más tinta: Who is me. Pasolini. Así se identifica el contenido de este cofre, como los que protegen frágiles obras de arte. El título del último montaje de Àlex Rigola y el original que Pier Paolo Pasolini había adjudicado a una rapsodia que dejó embastada entre dos viajes a Estados Unidos en 1965: una entrevista imaginaria con un crítico de cine. La muerte le sobrevino en 1975. Un cuerpo destrozado por manos extrañas en una playa invernal de Ostia. El manuscrito —material en bruto— quedó inédito y póstumo en un cajón hasta que se recuperó con el título Poeta de las cenizas.

Del interior rebota un golpeteo seco. Una pelota lanzada con controlada furia. Entra el público en el primitivo recinto y topa con un hombre (Gonzalo Cunill impregnado de un aire de semejanza) vestido con calzón corto y la camiseta de la selección nacional de fútbol de Italia. Sigue su juego mientras los asistentes se reparten por el banco corrido de un inesperado conciliábulo. Un foco reposa en el suelo. Después se sumará un marco proyectado para las enseñanzas venideras. Una producción ascética. Pasolini-Cunill comienza a hablar y se impone la sensación de congregación laica; asamblea reunida para escuchar la palabra del maestro, un mártir del inconformismo en su catacumba.

Who is me. Pasolini

De Pier Paolo Pasolini. Dirección y dramaturgia: Àlex Rigola. Intérprete: Gonzalo Cunill. Teatre Municipal de Girona, Temporada Alta, 4 de diciembre.

Poeta de las cenizas (Who is me) no es todo el Pasolini posible. Sólo es la respuesta biográfica a la curiosidad específica de un interlocutor invisible. Es el poeta que renuncia a la palabra patria para abrazar el nuevo lenguaje apátrida del cine; es el cineasta que teoriza sobre dos proyectos futuros: Teorema y Affabulazione; es el adulto que recuerda su infancia e indaga los rastros edípicos en su conflicto con el padre; el adolescente que se descubre como un profeta del proletariado en los extrarradios de Roma; el intelectual díscolo que es perseguido por la (in)justicia. Quedan muchos Pasolini fuera de cuadro y campo, pero no están en este texto inacabado, pendiente de revisión por un autor que lo abandonó.

Rigola, en un proyecto con un meticuloso sentido de la confesión —intenso, pero severo— no ha querido ir mucho más allá de los episodios reunidos en esta declaración, aunque con Carlota Subirós hayan pactado abrir el foco para que entre la pasión de Pasolini por el fútbol, Ginsberg (Footnote to Howl, un poema sobre poetas sacrificados) y la mirada frontal de su cámara para adentrarse en sus personajes. Una situación que Cunill —en una no-interpretación realmente magnífica— reproduce en este encuentro teatral sin distancias.