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“Escribir es ir contra todo y contra todos”

La elección de Pérez Andújar como pregonero de la Mercè aviva los ataques contra él y contra Ada Colau por escoger a un crítico con el proceso soberanista

Javier Pérez Andujar durante una entrevista.
Javier Pérez Andujar durante una entrevista.

“La cámara catalana es un parlamento exhausto y en estado precadavérico porque no hay mucho que decir; se va consumiendo y pudriendo; allí no pasa nada: por no hacer, ni ha aprobado los Presupuestos”, opina Javier Pérez Andújar (Sant Adrià del Besòs, 1965). Espoleado por la inquietud universal de todo escritor de raza, cambió la crónica callejera que llevaba practicando durante 10 años en la edición catalana de este diario por la parlamentaria. Ha coincidido, pues, con los tan convulsos como estimulantes años del proceso independentista, contra el que ha sido especialmente crítico, lo que le ha pasado una agria factura tanto en Internet como en el articulismo de los abanderados de la causa soberanista. El pasado martes, el Consistorio le eligió pregonero de las fiestas de la Mercè, en septiembre, lo que ha avivado tanto los ataques a él como a la alcaldesa Ada Colau por escoger a un crítico con el soberanismo.

“No se dan cuenta de que escribir es el máximo acto de libertad y que vas contra todos y contra todo; si en Cataluña quieren tener escritores tienen que apechugar con ello; y si no quieren tenerlos, que se vayan porque yo me voy a quedar aquí escribiendo”, fija su posición el autor de Paseos con mi madre o Diccionario enciclopédico de la vieja escuela, que admite que “es más difícil ser cronista parlamentario que de la calle”.

Tampoco ayuda, dice, la última hornada de diputados. “Dan menos juego que los anteriores, que eran más profesionales… Un político no tiene que ser profesional de la política, pero sí tomársela como eso, vivirla, creer en ella, lucharla y que su vida dependa de ella”.

Ni tan siquiera la maniobra de aprobación de las conclusiones sobre el proceso constituyente del pasado jueves le parece gran cosa. “Son las moscas del cadáver; coros y danzas; tocar la zambomba en Navidad. Pasar algo es legislar, aprobar leyes que necesite la gente; lo único que se hace es gesticular; y todo el rato”. Y compara con Twitter: “Lo que pasa en la Red no pasa en la calle y lo que pasa en el aparato legislativo tampoco pasa en la calle: hubo una transgresión virtual de una alegalidad, pero en la calle no pasó nada porque desobedecer es muy bestia, desobedecer es no hacer...”.

La mayoría de las críticas a Pérez Andújar se han centrado en un artículo sobre la Diada multitudinaria de 2014, que calificó de “parque temático”. “Yo venía de un entorno de manis de 15-M donde se respiraba una libertad brutal, donde cada uno vestía y llevaba la pancarta que le daba la gana y, de repente, va y se convoca a la gente para que les digan: ‘Poneos la misma camiseta y a la voz de ya, todos al suelo’; parecía que los ponían en modo de gimnasia sueca... Cuando lo llamé parque temático, y no pienso retirarlo, lo dije porque esas reglas de juego no las considero válidas. No tengo nada que objetar si dos millones de personas, cifra que no me creo, quisieran aceptarlas y participar, pero tengo derecho a decir que esas reglas son de parque temático: no falto a la gente sino a sus reglas”. Y abre el foco de la discusión. “Estamos hablando de escritores: no puedes pretender crear un país como Francia, pero sin nada que ofenda: sin un Charlie Hebdo. Tienen que aguantar que si montan unas reglas de juego haya gente suficientemente rebotada para que les digan que esas reglas de juego no sirven”.

¿Ha sido víctima de una caza de brujas? “No quiero acusar a las ideas de lo que hacen las personas. Quienes lo está haciendo son los tontainas de siempre. En mi vida he leído un artículo de Pilar Rahola: en mi foro interno es cutre; Rahola, en los 80, escribía en este diario críticas bestiales a Manuel de Pedrolo, llamándole mal autor. Ahora Pedrolo es lectura obligatoria; ella es lectura evitable”.

No cree que Colau lo haya puesto en el disparadero al elegirlo: “A mí Colau no me ha puesto, me he puesto yo; era un desafío: un escritor de verdad no se raja, va a por todas. Un pregón lo puede dar cualquiera; mi ideal de pregonero es Nazario, Jimmy Hendrix, Rosa Luxemburgo..., gente con carácter que va a la contra y que no le debe nada a nadie”. Porque la mera insinuación de que es de la cuerda de Colau le ha molestado especialmente. “No soy de la cuerda de nadie; me he metido con todo el mundo; ahora, que me cae mejor una mujer que ha estado parando desahucios que alguien que ha estado mangoneando con los bancos, pues claro”. ¿Tiene preparado el pregón? “No, pero será subversivo e incendiario”.

Una batalla por la hegemonía cultural

Tras la polémica por la elección de Javier Pérez Andújar como pregonero de Barcelona quizá rezume también una pérdida de hegemonía cultural de unos y el ascenso de otros. “Posiblemente la cultura burguesa pierde peso. Pasa desde hace unos 15 años. Tiene que ver con el mundo. Es un momento casi medieval en que alta y baja cultura se vuelven a dar la mano. La burguesía, siempre muy cobarde, está cagada de miedo porque no entiende qué pasa y hace excentricidades, como comprarse teleseries pensando que es no se sabe qué. Como ha caído todo, la cultura del sistema también. La cultura burguesa está descolocada, replanteándose lo que es, y por eso da tantos palos de ciego”. En clave similar lee que el independentismo vaya calando en el área metropolitana barcelonesa, a priori tan sociológicamente opuesta. “Se ha roto todo y los chavales ven más moderno el independentismo: no quieren ser como sus abuelos, gente de maleta de cartón, ni como sus padres, que se quedaron en el paro a los 50; por ello muchos depositan su necesidad de ser clase media en lo que les ofrece el independentismo”.