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Filósofo, místico y precursor de los sistemas digitales

El CCCB explora la influencia a través de los siglos de la visionaria obra de Ramon Llull

“Todo filósofo puede ser un buen mecánico”. La afirmación no debe sorprender viniendo de un espíritu poliédrico como Ramon Llull (1232 - 1316) que supo integrar en un mecanismo perfecto, acción y contemplación, misticismo y realismo, religión y política. Según Llull, el conocimiento no admite jerarquías, de ahí la necesidad de concebir un método capaz de explicar la complejidad de la realidad, el Ars Magna, compendio de todas las disciplinas de su tiempo (astronomía, filosofía, teología, lógica, medicina, derecho, navegación…), interrelacionadas mediante el ars combinatoria,un clarividente sistema de vocación universal, inspirador de las nuevas tecnologías de la información.

Todo esto se explica en la exposición La máquina de pensar: Ramon Llull y el ars combinatoria, que despliega en el CCCB, hasta el 11 de diciembre, la vertiente científica del pensador mallorquín y su influencia en la creación artística, plástica, literaria y musical. “Llull tuvo la intuición simple pero revolucionaria, de que todo está relacionado y en movimiento. La muestra pretende transmitir estas dos sensaciones”, indicó el catedrático de la universidad Pompeu Fabra Amador Vega, comisario junto con Peter Weibel, director del prestigioso ZKM (Zentrum für Kunst und Medientechnologie) de Karlsruhe (Alemania), que el año próximo acogerá una segunda entrega del proyecto. “Llull fue el primero en intuir que con los dos símbolos del código binario 0 y 1 se puede escribirlo todo, por lo que en el ZKM exploraremos más la influencia de Llull en el arte digital”, explicó Weibel, que en su faceta de artista está trabajando en la realización de una máquina de amar, inspirada en la de pensar.

Por lo pronto en el CCCB se pueden ver algunos manuscritos extraordinarios, de los que viajan en raras ocasiones y una serie de obras que demuestran la vigencia y contemporaneidad de Llull a lo largo de los siglos. Entre estas destacan la réplica de la máquina de calcular de Leibniz (1720), cuyo sistema se mantuvo vigente durante dos siglos; la traducción del Llibre d'amic i amat por Max Jacob que le dio a conocer en el círculo surrealista; la instalación basada en el poema Inger, Permutaciones de Cirlot, considerado un caso extremo de poesía combinatoria; las esculturas de Oteiza y un tratado del arquitecto de El Escorial Juan de Herrera, apasionado lulista que inspiró diversas pinturas de Dalí, presente también con un curioso documento audiovisual de 1954.

“Según Llull la perfección reside en la relación entre diferencia y armonía”, aseguró Vega, si bien la selección de artistas resulta más bien eurocéntrica (no hay ningún representante del mundo islámico tan importante en la vida de Llull) y hay tan sólo tres mujeres. Una de ellas, la coreana Jeongmoon Choi, introduce al visitante en el universo luliano, a través de una instalación que pretende plasmar la experiencia visionaria, que causó el cambio de su rumbo vital llevándole a buscar un sistema que pudiera facilitar el diálogo entre personas de diversas creencias.

El recorrido, que incluye una obra de Tàpies y la aplicación por John Cage del I Ching como ars combinatoria para componer música, se cierra con una pieza creada por Perejaume, basada en el árbol, que con la escalera resume la unión entre mundos distintos que Llull persiguió durante toda su vida.