Madrid instalará 200 medidores para frenar el “ozono malo”

El proyecto se completa con dos globos aerostáticos que se ubicarán en Majadahonda, a un kilómetro de altura

La Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid iniciarán en julio un proyecto pionero que estudiará la formación y dispersión del ozono troposférico (O3), un gas que afecta a la salud y produce 17.000 muertes prematuras al año en Europa. En los próximos días se distribuirán por diversas zonas de la capital y de la región 100 medidores de dióxido de nitrógeno (NO2) y otros 100 de ozono, además de dos globos aerostáticos. El proyecto, liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), se extenderá por otros puntos negros del ozono en España.

Llega el verano y, con él, el tan temido ozono troposférico, conocido como “ozono malo”: un contaminante secundario que se forma en las calles de la capital a partir de un cóctel en el que se mezclan dióxido de nitrógeno (NO2), producido por el tráfico, compuestos volátiles y radiación solar. Desde su origen urbano, el gas se desplaza hacia la periferia y aparece en lugares situados a muchos kilómetros de distancia de las fuentes de contaminación. Desde hace tres años, los índices del contaminante también crecen en la capital.

El proyecto, que se inicia en Madrid en julio, no pretende resolver el problema del ozono, “porque es muy complejo, al depender de múltiples reacciones, pero lo estudiaremos en profundidad”, indica Xavier Querol, científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y coordinador del trabajo junto al Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua. También intervienen el Ministerio de Medio Ambiente, la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid.

Se instalarán 200 medidores en diferentes puntos de la región, con especial incidencia en el norte, zona donde más a menudo se repiten los picos del contaminante. El proyecto se completa con dos globos aerostáticos que se ubicarán en Majadahonda, a un kilómetro de altura. Los artefactos están equipados con tecnología de última generación, que medirá el O3, compuestos orgánicos volátiles (gases) y partículas ultrafinas (sustancias sólidas 1.000 veces más delgadas que un cabello).

En las alturas se medirán también los compuestos orgánicos volátiles, lo que implica la utilización de un equipo muy complejo por la cantidad de sustancias que hay que detectar: unas 170.

 Equipos coreanos

Aquí entran en juego los equipos miniaturizados por los científicos de la Universidad de Hanyang (UH) de Corea del Sur. Los globos elevarán el material coreano, de entre tres y cinco kilos de peso, a más de 1.000 metros.

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La elección de Majadahonda se debe al comportamiento errante del ozono. Lo habitual es que el O3 abandone las calles de la capital, se desplace al suroeste y, a medida que se calienta la sierra, gire en el sentido de las agujas del reloj para continuar por la tarde hacia el noroeste, donde la cercanía del aeropuerto impide utilizar los globos. A grandes rasgos, la ruta se podría resumir como de Madrid a Algete pasando por Majadahonda.

La complejidad en la formación del ozono es tal que no existe una relación lineal entre la disminución de alguno de los componentes que necesita para formarse. “Si baja el número de coches, seguro que disminuye el NO2, pero en el caso del ozono no es así, porque intervienen más compuestos”, explica Querol.

Los equipos se empezarán a colocar el 29 de junio y se retirarán un mes después. Los globos se elevarán entre el 11 y el 15 de julio y en seis meses se tendrán los resultados, explica Mariano González, director general de Medio Ambiente, que recuerda que una de las medidas del Plan Azul de la Comunidad es avanzar en el conocimiento del ozono. Desde el Ayuntamiento, la subdirectora general de Sostenibilidad, Ángeles Cristóbal, espera que los resultados ayuden a entender por qué se producen picos en sábado o en domingo, “precisamente cuando el tráfico se reduce”.

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Sobre la firma

Esther Sánchez

Forma parte del equipo de Clima y Medio Ambiente y con anterioridad del suplemento Tierra. Está especializada en biodiversidad con especial preocupación por los conflictos que afectan a la naturaleza y al desarrollo sostenible. Es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense y ha ejercido gran parte de su carrera profesional en EL PAÍS.

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