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OPINIÓN

El legado de Miquel Caminal

Defendió un federalismo pluralista desde parámetros socialistas radicales y la necesidad de que la política intervenga en la economía para garantizar al mismo tiempo la libertad y la igualdad

Miquel Caminal (izq.) junto a Carod Rovira en un cara a cara organizado en junio de 2010.
Miquel Caminal (izq.) junto a Carod Rovira en un cara a cara organizado en junio de 2010.

La memoria, afortunadamente, es selectiva, nos acordamos de todo aquello que vale la pena recordar, de ahí que al cumplirse dos años del fallecimiento del profesor Miquel Caminal (1952-2014), conviene rememorar sus ideas políticas como añorado homenaje y aportación a la vez a la cultura democrática, siempre frágil y acechada por numerosos enemigos. Miquel Caminal fue una voz al respecto autorizada porque en él se dio la rarísima combinación de una persona con una gran vocación política sin una malsana ambición de poder. Esta, creo, fue la clave de su gran lucidez política y académica y de su magisterio en todos aquellos que tuvimos el honor de compartir su trayectoria política, personal y académica. No le interesó, en lo más mínimo, ni el poder por el poder ni el dinero. Por ello pudo reflexionar desde la plena libertad y sin servidumbres de ningún tipo.

¿Cuáles fueron las dos concepciones nucleares de su pensamiento político? En mi opinión, su concepción del federalismo como federalismo pluralista desde parámetros socialistas radicales y, en segundo lugar, su visión de la democracia como un proceso histórico en el que la gradual eliminación de los privilegios es el factor decisivo y su corolario: es éticamente inadmisible y políticamente rechazable que el desarrollo / bienestar de unos sea a costa del subdesarrollo / malestar de otros. Estas dos ideas clave: federalismo pluralista y democracia avanzada están intrínsecamente unidas por un hilo conductor: solo conseguiremos la paz con nosotros mismos y con la naturaleza (de la cual formamos parte) cuando seamos capaces de construir una sociedad libre de alienaciones y de la explotación entre seres humanos. Una sociedad de hombres tan iguales como libres en el que el pleno desarrollo de sus potencialidades reinvierta directamente en el bienestar colectivo.

Estas son ideas-fuerza de la izquierda a las que se opone el pensamiento genérico de derechas: los seres humanos son desiguales por naturaleza, opinan, y esas desigualdades son socialmente útiles; las desigualdades son el precio que hay que pagar por la libertad, pretender la igualdad es un quimera inalcanzable. A este tema nodal de cómo compaginar libertad e igualdad, Miquel Caminal dedicó muchas horas de análisis desde su formación de economista, en lo que él denominó la “democracia económica”, siguiendo los estudios del eminente politólogo Robert A. Dahl.

Ambos autores coinciden en que la democracia adquiere una dimensión avanzada en la medida en que el pluralismo alcanza el terreno de la economía y de la política, y en el que existe una relación directa entre profundización de la democracia y transparencia y pluralismo. De lo que se deriva la consiguiente pregunta: ¿podemos continuar hablando de libertad en una sociedad dónde las cuotas de desigualdad aumentan exponencialmente en coyunturas económicas depresivas? Siendo obvio que a mayor desigualdad de la distribución de los recursos económicos se corresponde una desigual distribución del poder.

Por todo ello, Miquel Caminal propugnaba que la política debía intervenir, decisivamente, en materia económica para que pudiera compaginarse, según criterios democráticos, igualdad y libertad. Y afirmaba que la democracia económica debe fundamentarse según el principio de igualdad de oportunidades en relación con la propiedad y el trabajo, ya que la igualdad deriva, sustancialmente, de las propias condiciones económicas, las oportunidades sociales y el acceso al conocimiento.

Democracia económica y federalismo pluralista, ambos conceptos se complementan. Una república justa y benéfica es aquella en la que todos los ciudadanos han recuperado, plenamente, su soberanía: política, social, económica y cultural, puesto que —en esto tienen razón los liberales— una gran concentración del poder siempre tiene efectos perversos. El federalismo pluralista propugna un libre pacto de ciudadanos participativos que reflexionan colectivamente sobre todo aquello que les afecta colectivamente y toman decisiones que ejecutan sus representantes. Un libre pacto entre iguales que admita las plurinacionalidades y las pluriidentidades como factores enriquecedores de una convivencia democrática que rechaza los privilegios y las desigualdades extremas.

Como colofón a todo lo expuesto recordemos que Caminal inició su última conferencia el 30 de octubre de 2012 en Sevilla citando a Blas Infante : “Sólo la mutua libertad es base del respeto mutuo: y solo este respeto puede ser base de un recíproco amor. Únicamente puede existir ese amor y comprensión mutua, que vendrían a traducirse en la conciencia supernacional de Iberia federada, cuando la libertad de todas las regiones provea a cada una de ellas de un Poder privativo, que sobre su propio interés venga a pactar libremente con los demás Poderes regionales”.

Joan Antón Mellón es catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Barcelona.