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¿Y si Triboulet no fuera Ubú?

Víctor Álvaro convierte a Albert Boadella, ese hombre que tantos esfuerzos ha hecho para erigirse en “enemigo público uno” del nacionalismo, en un personaje de teatro

Los personajes de Ubúadella, en un momento de la obra.
Los personajes de Ubúadella, en un momento de la obra.

A Albert Boadella no le hacía falta el proyecto de Gataro para convertirse en personaje. Desde su minúsculo piad-à-terre madrileño —su casa y terruño está, como siempre, en el Baix Empordà— se ha construido una ficción celebrada por sus fuegos fatuos verbales. Un opinador que sabe cómo usar a su favor los exabruptos del síndrome de Tourette. Como maestro del teatro sabe activar los mecanismos psico-dramáticos para soliviantar el aplauso de trinchera. Es el Boadella que habla y se exhibe. Casi siempre desde la capital. Hay otro que calla y desaparece. Casi siempre en Cataluña. Un autoexiliado de ida y vuelta. AVE migratoria.

Pero Víctor Álvaro pensó que había que llevar al escenario ese hombre que tantos esfuerzos ha hecho desde el estrado para erigirse en “enemigo público uno” del nacionalismo. Nada más lógico —consideró— que hacerle probar su propia medicina y convertirlo en protagonista del Ubu roi de Alfred Jarry, el texto con el que Els Joglars cosechó dos de sus antepenúltimos grandes éxitos con su visión premonitoria de la decadencia moral de la familia Pujol. Con el tiempo, el “honorable” se reconoce cada vez más en el Tartufo de Molière.

Tampoco Boadella encaja exactamente en el perfil de padre Ubú, sobre todo porque Jarry hizo que su atolondrada ambición se alimentara del veneno bruto de madre Ubú. ¿Y quién cumple ese papel en la biografía de Boadella? ¿Y nos importa quién es? ¿Tiene alguna relevancia en la ficcionaliza- ción del personaje público? Creo que no.

UBÚADELLA

Dirección y dramaturgia: Víctor Álvaro. Intérpretes: Víctor Álvaro, Frank Capdet, Gemma Deusedas, Savina Figueras y Tono Salo. Almeria Teatre, Barcelona. 23 de diciembre.

Boadella no es Ubú, aunque hubiera sido ideal que fuera así. Hubiera sido casi mejor rescatar de los cajones del XIX Le roi s’amuse de Víctor Hugo. Aún mejor, reversionar el Rigoletto de Verdi y mostrar la inquina del bufón que siente burlado y alejado del favor del rey. Y para Boadella su rey siempre ha sido el público. Es el Triboulet catalán alejado de la corte por Francisco I. Donde pone corte léase “teatro”. Donde pone Francisco léase “espectadores”. El síndrome de Tourette que Aristófanes lanza desde las tribunas se ha exacerbado en la medida que han disminuido sus triunfos artísticos en el escenario. Es sólo otra plataforma para conseguir lo mismo: el reconocimiento del aplauso.

Invalida esto el trabajo de Gataro. En absoluto. Álvaro —implicado en el proyecto como director, dramaturgo y protagonista— ha realizado un importante trabajo de recuperación de las esencias escatológicas de Jarry, y de la estética y técnicas de los primeros montajes de Els Joglars, incluido el primer Ubú de la compañía. Quizá adolece de ciertas irregularidades en el ritmo y de exigirle al público un conocimiento previo no siempre asegurado de las particularidades del personaje retratado y sus compañías. Es fácil que se quede fuera del discurso y de las pretensiones que están detrás del proyecto Ubúadella.