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Núñez Feijóo reivindica la “estabilidad” de su Gobierno

El líder del PP gallego pone de ejemplo la Xunta frente a la "fragmentación" en España, y Beiras califica de "hecho histórico" el resultado de En Marea

Xosé Manuel Beiras elige una papeleta para votar en el colegio electoral de Brión (A Coruña).
Xosé Manuel Beiras elige una papeleta para votar en el colegio electoral de Brión (A Coruña).

Necesitaba 12 diputados para no anotarse el fracaso y afianzarse como candidato a la reelección en las autonómicas del próximo año, pero Alberto Núñez Feijóo, el delfín gallego del PP, fue zarandeado este 20-D en las urnas. Perdió cinco diputados (pasó de 15 a 10) no obstante, cuando compareció, pasadas las 23,30 de la noche, pasó prácticamente por encima de ello y se aferró a los “8,5 puntos a favor del PP de Galicia con respecto al PP estatal”.

“Lo peor que le puede ocurrir a España es levantarse el lunes sin gobierno, con incertidumbres, con problemas; espero que no sea así”, había señalado Feijóo ante las cámaras cuando depositó este domingo su voto en la urna de un colegio electoral de Vigo. El presidente de la Xunta de Galicia y del PP autonómico apelaba así a la necesidad de que los ciudadanos concedieran una mayoría absoluta -“sea cual sea”, precisó- que permitiera la formación de un Ejecutivo “estable”.

Los gallegos no le escucharon: pulverizaron sus 15 diputados hasta dejarlos reducidos a 10 con casi el 100% escrutado, frente a seis de la alternativa de unidad popular En Marea (Podemos, Anova e Izquierda Unida), otros seis del PSOE y uno de Ciudadanos.

Los 10 diputados conseguidos por el PP en Galicia eran uno de los peores escenarios a los que se enfrentaba Feijóo; un resultado vinculado a un varapalo en Pontevedra (en donde pierde uno de los tres escaños obtenidos en 2011), la provincia en la que se crió y a la que está estrechamente vinculado el presidente en funciones del Gobierno, Mariano Rajoy y en donde situó en la lista a dos amigas personales (la ministra en funciones Ana Pastor, en el número uno, y la presidenta del Parlamento gallego, Pilar Rojo, en el tercero). Y un varapalo vinculado también a la pérdida de escaños en la Galicia del interior. En Ourense, el granero de votos de los populares, Feijóo no pudo tampoco frenar la sangría. José Manuel Baltar cedió a la marea ciudadana uno de los tres diputados que tenía. El PSOE mantuvo el suyo.

En su más aciaga noche electoral desde que en 2009 alcanzase la presidencia de la Xunta, Feijóo se parapetó en la sede autonómica del PP, a donde llegó a las 21 horas y de la que no salió hasta pasadas las 23,30. Sus primeras palabras fueron para destacar su posición de liderazgo en porcentaje de votos y en escaño y detallar las diferencias porcentuales que separan sus resultados con respecto a la segunda y tercera formaciones, En Marea, y PSdeG , respectivamente. Tras la retahíla de logros, concluyó: “Pese a la victoria no debemos caer en ningún tipo de triunfalismos”.

Avanzado ya el discurso, Feijóo reconoció la pérdida de los cinco escaños aunque la amortiguó con el reconocimiento de que “realmente esperábamos estar entre los 10 y los 12” diputados en la que definió como la “legislatura más difícil” para los gobiernos del PP como consecuencia de las “medidas que nos vimos obligados a adoptar” por la crisis. El presidente de la Xunta destacó la "estabilidad" de su Gobierno como "una rara avis" en España, y dio por hecho que los gallegos la "pondrán en valor conforme pasen los meses" frente a la "fragmentación" en España.

El BNG, que concurrió en la coalición Nós. Candidatura galega, asumió su rotundo fracaso, la pérdida de sus dos escaños en el Congreso, tildando los resultados de “malos sin paliativos” y “alejados de las expectativas”.

En el extremo opuesto, un exultante Xosé Manuel Beiras proclamaba el “éxito ejemplar” de la candidatura de unidad popular; “un hecho histórico”, dijo, para anunciar de inmediato que Galicia “formará grupo parlamentario propio” en el Congreso de los diputados.

Ciudadanos, que coloca a un diputado por la provincia de A Coruña y ha concurrido sin propuestas concretas para Galicia, manifestó su alegría y declinó hacer declaraciones a la espera de que hablara el líder nacional de esta formación, Albert Rivera.