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El grafitero ambidiestro

La obra del madrileño Suso33, uno de los grandes del arte urbano madrileño se plasma en el libro ‘ONe line’

El artista madrileño Suso33, delante de una de sus obras. Ampliar foto
El artista madrileño Suso33, delante de una de sus obras.

Empezó a los 11 años escribiendo grafitis por las paredes pero ahora, después de más de 30 años, ya es un artista total: Suso33, al que suele considerarse máximo referente del arte urbano en España, ha trascendido los géneros pero siempre manteniendo un pie en sus orígenes. Él prefiere llamarlo arte humano.

Una exposición en el Centro de Arte Tomás y Valiente (Ceart) recorrió este año la trayectoria del artista que ahora se plasma en el libro ONe line (La Fábrica). La comisaria de aquella muestra, Susana Blas, es también autora del texto con colaboraciones de los expertos Tonia Raquejo y Henry Chalfant. “La obra de Suso33 puede leerse desde múltiples perspectivas, entronca con el arte de acción, la tradición pictórica o el arte conceptual español. Es, sobre todo, un artista de experiencias”, dice Blas. Sus temas: la angustia existencial, la recuperación del espacio público para los ciudadanos o la exclusión social.

Uno de los primeros saltos del artista fue romper las normas del grafiti al sustituir la firma escrita (el tag) por la ya icónica mancha de pintura a la que bautizó como plasta. Otras iconografías vinieron después, como las ausencias (rastros olvidados de los cuerpos muy ligados a contextos arquitectónicos como casas abandonadas o en ruinas) o las angustias (gritos de tormento interior).
Algunas de ellas se pueden ver en un gran mural en la plaza del Poeta Leopoldo de Luis, fruto de su participación en el programa municipal Paisaje Tetuán. Y, aunque ha llegado a exponer en grandes museos como el Reina Sofía, el Thyssen, CaixaForum o Artium (o intervenido en la feria Arco), nunca ha abandonado la calle. “De hecho, 30 años después, sigue siendo muy respetado por los escritores de grafiti”, apunta la comisaria.

Suso33 es ambidiestro, don que le otorga una gran presencia escénica cuando pinta que ha sabido aprovechar en intervenciones que se aproximan a lo teatral, lo performático o lo danzístico, hasta participar en vídeos de artistas variopintos como Nach o Alejandro Sanz. Su poderío escénico se hizo evidente en el documental Aerosol, dirigido por Miguel Ángel Rolland en 2004, que se centraba en su figura. Una de sus líneas de trabajo es la que llama Pintura Escénica en Acción. “El aerosol es para mí una proyección de mi cuerpo”, ha llegado a declarar.

En Wildlife, una de sus últimas apuestas, se hace patente su interés por los procesos creativos y lo efímero. Lo realizó durante una estancia en Dufftown (Escocia), donde el artista se enfrentó a la naturaleza por primera vez. Allí acometió acciones efímeras como pintar con agua reciclada.

Gracias a esta trayectoria, Suso33 también ha contribuido a visibilizar y popularizar el arte urbano y sus alrededores, una disciplina cada vez más aceptada por el público aunque todavía no reciba toda la atención que merece por parte del mundo del Arte-con-mayúsculas. “Hay artistas de este ámbito que están al nivel de los que hacen el llamado arte contemporáneo o visual, pero son invisibles para los especialistas”, afirma Blas, “no puede ser que se hagan revisiones de la pintura española de los últimos años y falten estos nombres”.

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